Dividiendo al peronismo, lejos del PJ y apostando a FR

09 Sep 2018

Su esposa no será más presidenta del PJ a partir de marzo, él le dirá adiós a la estructura política que lo encumbró a los primeros planos en 2003, saldrá con partido propio y tal vez con acoples y apostará a que el ciudadano tenga cuatro opciones electorales para poder jugar con mayores chances en los comicios de 2019. Son algunas de las consecuencias de la decisión que adoptó Alperovich de candidatearse por cuarta vez a la gobernación, aunque sólo que comunicada estratégica e intencionadamente por boca de terceros porque él se cuida de decirlo en forma pública.

El senador se reserva para sí la fecha de la comunicación oficial de la resolución; un naipe que cerraría definitivamente el juego. No es para negociar nada, según afirma a los fines de despejar cualquier duda sobre hacia adonde apunta. Desde el oficialismo observan que el ex gobernador está desorientado, que hace cosas a destiempo y desatinadamente para no seguir perdiendo espacio y dirigentes; mientras que desde su entorno sostienen que está más que bien encaminado.

Lo cierto es que desde hace un par de semanas el ex gobernador viene mostrándose más de la cuenta, cual si necesitase señalar que está con vida y que quiere volver a ocupar el sillón de Lucas Córdoba, disputándoselo a quien sea, amigo o enemigo. De hecho, la crisis económico-social le vino como anillo al dedo para fijar una posición crítica y, en ese marco, ratificar casi subterráneamente su intención. De mínima, mostrar que no ceja en lo hace decir.

A la sombra del tembladeral económico del Gobierno nacional, el ex mandatario trató de instalarse como la voz de los que menos tienen y de la clase media que cayó en desgracia a causa de la inflación. Ubicarse en la vereda de enfrente de Cambiemos reditúa, por lo menos hoy.

Haciendo terrorismo

Los que forman parte de su círculo intimo son lo que avisan: “te firmo ya un pagaré de que sale sí o sí”. “Lo viene diciendo, ¿por qué no le creen?”, plantean. ¿Por qué no lo anuncia él? Comunicarlo ocho meses antes de que se inicie el cronograma electoral, además de ser un error estratégico, le permitiría armarse mejor al adversario.

Sin embargo, como contrapartida, no salir a comunicarlo en primera persona, inevitablemente, abre las puertas a la especulación: ¿hace terrorismo porque quiere negociar, porque teme quedar afuera de todo? La pregunta madura por sí sola. Él sostiene que no. Es común arrojar la piedra y esconder la mano al solo fin de medir el nivel de las reacciones -favorables o en contra- para contar los porotos, propios y ajenos. Y ver dónde se está parado en medio de las indefiniciones políticas.

Manzur optó por la cautela frente a las apariciones de su antecesor y mentor; se limitó a una conducta “correcta” y sostener que no es tiempo de hablar de candidaturas, pero sólo para no apurar el enfrentamiento. Eso es para más adelante, por ahora, sólo Guerra de Zapa.

De por sí, la estrategia de Alperovich de asomar la cabeza y mostrarse más en las últimas dos semanas apuntó a ganar protagonismo haciendo un par de declaraciones radiales o dando a conocer su patrimonio personal a través de las redes sociales. Para descubrir cuándo apareció antes de eso generando algún revuelo público hay que remontarse al 8 de agosto, cuando comunicó por Twitter que no acompañaría la legalización del aborto. Últimamente se preocupa por exponer que no abandonó la intención de regresar al poder. En las apariciones radiales quedó en claro su postura crítica contra Macri y la vuelta al FMI aunque, entre las frases de que “la gente la está pasando muy mal”, filtró otras que dan cuenta de su propósito. Avisa sin comprometerse, para que otros se den por anoticiados.

En esa línea, y como al pasar, señaló que tiene un equipo de 60 personas trabajando en un plan de gobierno y adelantó que promoverá una reforma política que incorpore el voto electrónico y que termine con el clientelismo. En boca de un opositor sonaría más creíble, después de haber gobernador 12 años la provincia sin haber alentado estos cambios.

Incluso, el hecho de mostrar su declaración patrimonial también conlleva un mensaje y tiene un halo de efecto electoral, máxime si se lee en el texto: a pesar de la severa crisis por la que atraviesa nuestro país, he podido sostener los empleos en las empresas familiares y generar oportunidades para muchos tucumanos. La intención es clara: si la Nación ha causado miles de despidos él, el que puede volver, los cuida. Usó los medios a su alcance para instalarse en medio de la crisis y ratificar mensajes a sus eventuales contrincantes.

La acción política aconseja al de abajo criticar al de arriba y al de arriba no responderle al de abajo. Los alperovichistas sostienen, por una doble vía, que su jefe está por encima de Manzur en las preferencias; hablan de varias encuestas que dirían que el ex gobernador está mejor que su sucesor, brindan los nombres de las encuestadoras y los supuestos porcentajes. Lo curioso es una metodología a la que están apostando más para determinar el nivel de adhesión o de penetración que tiene Alperovich: el uso de las redes sociales, especialmente a través de Facebook, más que la de Twitter. (En la red del “pajarito”, Manzur tiene 13.400 seguidores y el senador 5.600). ¿Por qué? La creación de Mark Zuckerberg les da una mejor idea del nivel de fidelización ciudadana -a la manera de una encuesta alternativa, aunque no muy efectiva y científica-; y allí Alperovich saca una luz de ventaja sobre sus rivales que hace sonreír a sus colaboradores: 87.000 personas lo seguirían, contra los 66.000 de Manzur. Todos los días salimos, todas las tardes hay reuniones en su casa (en Martín Fierro e Ituzaingó, en Yerba Buena); dicen unos; tiene recursos suficientes, le gusta el Ejecutivo, está para volver; dicen otros. Quien quiera oír, que oiga. O que crea, o no.

En cierta manera, decir que su patrimonio asciende a un poco más de $ 460 millones -más allá de que la publicación implica ajustarse a la ley- puede sonar más que nada a una advertencia: tengo con qué dar pelea, frente a los recursos del Estado con los que podrían contar sus adversarios. Desde el manzurojaldismo entienden que “jamás pondrá la de él”. Encarar una elección provincial significa un desembolso millonario. Vaya un mínimo dato: tener fiscales leales en las 3.600 mesas de votación -o sea aquellos que no puedan ser tentados o seducidos por otros dirigentes-, a $ 1.000 por cada una, significa un desembolso de $ 3,6 millones.

El mensaje va atado íntimamente a otro; la de no someterse a las reglas del enemigo para dedicarse exclusivamente a la pelea final. O sea; no arriesgar la candidatura en una disputa interna del PJ. El peronismo integra sus cuerpos orgánicos con funcionarios, intendentes y comisionados rurales; por lo que sus decisiones están atadas a los intereses de los que manejan el Estado. Alperovich no quiere quedar prisionero del esquema que él mismo mantuvo y usufructuó.

En 2007 doblegó en la interna justicialista a su vicegobernador de entonces, Fernando Juri, aprovechando esta comunión de estructuras: estatal y política. De los aciertos también se aprende. Es lógico que vaya directamente a la final sin atravesar una disputa partidaria. Desgaste y riesgo innecesarios.

Esto lleva a otra conclusión, con nivel de certeza: su esposa, Beatriz Rojkés, abandonará la conducción del PJ. No aparecerá el apellido Alperovich secundándola en una interna en la que puede ser sometida en las urnas por el aparato político estatal. Una derrota resultaría un inconveniente político contra las aspiraciones del ex mandatario. El paso al costado sucederá antes de que Alperovich lance su eventual candidatura a gobernador, a más tardar allá por marzo.

Es que el mandato de las actuales autoridades vence ese mes y sus sucesores deben asumir el 11 de abril. Precisamente, en los próximos días, el consejo provincial del PJ convocará a elecciones internas; ya se está armando el borrador. Sería el primer hito hacia la posible fractura final de la dupla Alperovich-Rojkés con el binomio Manzur-Jaldo, los que, según la tradición verticalista del peronismo, deberían ser los próximos conductores del PJ tucumano.

Casualmente, hasta marzo tiene plazo el senador como para armar un partido provincial que lo secunde según los plazos establecidos por la ley 9.111, sin embargo su entorno asegura que hay cuatro partidos por los que podría salir, lo que implica que hasta tendrá acoples. Cuatro, además, es un número clave en el diseño alperovichista para intentar regresar a la Casa de Gobierno; es la cantidad de oposiciones partidarias a la que apostará para que el electorado opte: contempla, además del PJ, de Cambiemos y de su futura estructura, a Fuerza Republicana. El bussismo arrastrando la cifra de votos de 2017, que le privó a Frente para la Victoria del tercer diputado nacional, sería un jugador clave en la estrategia divisionista alperovichista.

Todo está por verse

El quiebre, que aún está por verse, es lo que más le conviene a la oposición tucumana. Es más, hasta casi están obligados a alentarla, ya que con que sólo Alperovich le reste unos 100.000 votos al justicialismo, Cambiemos -si es que llega unido, claro: algo difícil a partir de lo que sucede en su propio proceso electoral- podría acceder al poder. En la semana que pasó, cuando al diputado nacional José Cano le preguntaron en LG Play qué le parecía la candidatura de Alperovich, sorprendentemente no lanzó las duras diatribas de siempre contra el senador; se limitó a señalar que cualquier dirigente político tiene la libertad de presentarse como postulante a la gobernación, “es el derecho legítimo de cualquier ciudadano a ser candidato”. Sonó a: por favor que se presente.

Si Alperovich sale por fuera del peronismo -“al que le debo todo”, según confesó alguna vez-, tal vez termine sacándolo del poder. O podría ser una especie de devolución de gentilezas al radicalismo que le abrió las puertas a la política desde el Ateneo de la Libertad allá por 1995, cuando llegó a legislador.

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Partido Justicialista
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