“La convivencia es parte del patrimonio y hay que mejorarla”

El arquitecto Torres Zuccardi propone una mirada integral de la vida urbana. También aborda con conceptos críticos el presente de la UNT.

05 Sep 2018
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DEFINICIONES. Torres Zuccardi (izquierda) ejerció durante décadas la docencia en la Facultad de Arquitectura. LA GACETA PLAY

“Soy Raúl Torres Zuccardi, de profesión arquitecto y de actividad docente”. La presentación es breve y contundente, una invitación a explorar los recuerdos y el análisis de un protagonista de la vida académica y profesional del último medio siglo tucumano. Torres Zuccardi recorre el pasado sin dejar de ser un hombre de su tiempo. Va y viene entre épocas, propone ideas y deja definiciones filosas, referidas -por ejemplo- al rol de la UNT y a la actualidad de la vida urbana.

- La ciudad que yo transitaba de niño queda muy atrás. Es la de 1940; una ciudad de una vida sencilla, con poca congestión. Resultaba muy grata para el que paseaba o la visitaba: grata, tranquila, amable. La calle era el lugar de los vecinos, de los niños, de los ancianos. El centro era un vestíbulo donde se encontraban los conocidos, por eso salir al centro era darse un baño de sociabilidad. Hoy no es así.

- Fue una infancia feliz...

- Tucumán es un lugar al que uno se adhesiona. Mi generación encuentra que Tucumán encanta, atrapa, más allá de lo que pueda criticarse. Por eso con Tucumán tengo un arraigo imposible de evitar. Mi padre nació en España y mis abuelos maternos son de origen italiano, y más allá de esos orígenes mis antecesores se tucumanizaron. ¿Qué es tucumanizarse? Aceptar lo que el lugar ofrece, aprovecharlo y construir. Ellos se incorporaron a la vida tucumana en plenitud.

- ¿Por qué se hizo arquitecto?

- A los 18 años muchas veces no se tiene muy clara la elección de una carrera. Mi padre era contador público, en mi familia materna eran cañeros. ¿Qué tenía que ver eso con la arquitectura? Yo diría que bastante poco. La carrera se presentaba como una línea de estudio y de trabajo ligada a la modernización, al cambio, a un mundo nuevo.

- ¿Cómo debe ser el ojo de un arquitecto?

- Curioso. Hubo una época en la que se valoraba en los estudiantes una cantidad de conductas y prácticas personales. Una era la observación del mundo visible. Esa capacidad permitía calificar a un estudiante con el rótulo de la sensibilidad. Un estudiante que tenía esa sensibilidad podía ser arquitecto, porque era capaz de distinguir con claridad y con emoción situaciones que podía incorporar en su hacer estudiantil.

- Le tocó vivir una época clave en la historia de la UNT.

- A fines del 40 y principios del 50 se produjo una especie de eclosión. La UNT se puso en la tesitura de dejar de ser una universidad de provincia, pequeña, orientada a pocas carreras, para abrirse a un horizonte de gran tamaño, de gran repercusión. La entonces Escuela de Arquitectura rompía los esquemas estéticos, impulsada por un grupo de profesores foráneos, algunos insoslayables, como Sacriste, Vivanco, Lepera... Se conformó un grupo de pensadores que impactó en la sociedad tucumana. Ellos constituían lo que hoy se llama un think tank. Los había en otras Facultades.

- ¿Qué pasó en el camino para que vivamos un presente como el actual?

- Hoy no hay un think tank que se pueda señalar, pero sí creo que la UNT y algo la UTN tienen capacidad, recursos, gente y carreras para generarlo. Pero esos recursos estan diseminados en una estructura burocrática. Creo que el problema no radica en las personas, es de conducción. La dirección estratégica de la UNT no se ha orientado a emprender este tipo de acción. Asistimos a un desarrollo de los últimos 12 años en los que la mirada estuvo puesta en otra cosa, digamos objetivos más personales.

- ¿Le gusta la ciudad que recorre a diario?

- Algunas cosas sí, otras no. Tucumán tiene una dimensión apreciable, la aglomeración está en el millón de personas, es un mundo de una cierta vastedad en el que hay una diversidad de factores, grupos, lugares e intereses. El problema es que los intereses individuales son capaces de imponer su propia conducta. No se trata de vivir en una sociedad dirigida dictatorialmente, sino organizada a partir de la ley y de las normas municipales, que yo diría que son muy flojas. Entonces en Tucumán se puede hacer cualquier cosa. Todo vale.

- Se habla mucho del cuidado del patrimonio. ¿Cuáles son las acciones de fondo que deberíamos tomar?

- La palabra patrimonio tiene un sentido general, hay una parte que es contemporánea y que hay que tener en cuenta. La convivencia es parte del patrimonio, para que haya convivencia es necesario un ambiente físico donde esa convivencia sea posible. Si a esa convivencia la afectan los niveles de ruido, de tránsito, de contaminación ambiental, de falta de seguridad, estamos destruyendo una cosa que es propia de una sociedad humana. Patrimonio no es sólo un edificio. La ciudad entera es nuestro patrimonio y hay que mejorarla para que la calidad de vida aumente.

- ¿Y en cuanto a soluciones globales para la capital?

- Necesitamos ordenar el sistema de transporte y llevarlo al concepto de movilidad sustentable. Ordenar la edificación. Debió haber en Tucumán sectores donde se contruya intensivamenye y otros en los que no. Eso lo tienen muy en claro las normas europeas.

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