Los sermones y la Iglesia

12 Ago 2018

Por Jorge Estrella y Roberto Navarro

PARA LA GACETA - TUCUMÁN

Uno de nosotros (Jorge) no practica religión alguna. En una ocasión presenció en Cubillas de Santa Marta (Valladolid, 1971) el vehemente sermón de un cura cuyos espectadores eran en su mayoría adolescentes: “Aquí –decía- a sólo dos metros bajo tierra está el infierno en que os quemaréis para siempre por vuestros pecados”.

Para ver una cubilla en que se maceraba y degustaba el vino debió descender –recuerda- al menos tres metros de profundidad, pero eso no invalidaba la convicción del sacerdote ni el espanto de los adolescentes que miraban el suelo aterrados.

¿Eran otros tiempos? ¿Cambiaron el miedo al castigo y la promesa de premios después de la muerte como herramientas de dominación? (de paso, se pregunta siempre cómo de una cultura tan mínima surgió la mejor arquitectura de la historia humana en sus catedrales).

Actualidad

Otro de nosotros (Roberto) frecuenta las homilías de misa y advierte cierta inactualidad en ellas. Los medios se apropiaron de temas ausentes en la exposición al interior de la Iglesia: por ejemplo el aborto; la homosexualidad en el ámbito eclesiástico; la conveniencia de traer todos los hijos que lleguen al mundo cuando la Tierra incorpora 300.000 niños llegados cada día y agregan perjuicios sobre la biosfera; el celibato sacerdotal, o los matrimonios homosexuales.

¿Son éstos y otros asuntos tratados en los sermones? No al parecer. Roberto cree ver uno de los orígenes de esta falencia en un temario agendado por la Iglesia para cubrir los evangelios ordenadamente en períodos prolongados, cosa que cada asistente regular conozca finalmente a los textos sagrados.

¿Puede desde esas antiguas historias hacer surgir asuntos aparentemente nuevos como le enumerados? ¿La Iglesia atrasa y se vuelve extemporánea a fuerza de repetir más que repensar desde sus fundamentos?

A mí me gustaría hacer hincapié –dice Roberto- que en la misa se lee y se habla mucho de la religión pero se eluden temas importantes, por ejemplo hacer que la gente se informe y tome conciencia de los problemas actuales. El Papa escribió la encíclica “Laudato si” donde muestra su preocupación sobre la ecología, sin embargo en misa nunca escuché -continúa- que hablaran de ecología. No se habla o lo hacen de una manera muy general, sobre la crisis moral por la que atraviesa la sociedad que en su mayoría es católica. Sólo en estos días donde se discute la ley de despenalización del aborto, la iglesia sacó el tema que es tan importante; sin embargo -insiste- en la misa no escuché hablar del asunto. Se mencionan los castigos celestiales pero no se habla de los problemas y el comportamiento que debe tener un buen cristiano. Y como éstos, muchos otros temas de fundamental importancia como nuestros deberes ciudadanos. Se nos dice que somos pecadores, que debemos arrepentirnos si no queremos ir al infierno, Se habla del pecado siempre pensando en que perderemos el cielo y ganaremos el infierno, no se habla del pecado de no ser buen vecino, de no acatar las leyes, de no robar en el trabajo, de dar un castigo social a los políticos ladrones y mentirosos y mil cosas más que al ser terrenales parecieran no servir porque la vida en la Tierra solo es un pequeño paso para llegar a la vida eterna.

En la misma dirección, concluye, quizás la valoración más sorprendente es la del entonces Cardenal Joseph Ratzinger (más tarde Papa emérito Benedicto XVI) quien afirmaba que “es un milagro que la Iglesia sobreviva a los millones de pésimas homilías de cada domingo” (La Homilía, de Vittorio Peri, Ediciones Sígueme, 2013).

© LA GACETA

Jorge Estrella - Doctor en Filosofía.

Hugo Navarro - Director del Instituto de Biotecnología de la UNT.

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