Las llamas del cine

Luna en llamas (2013-2018) -documental estrenado en Tucumán este jueves y próximo a estrenarse en Buenos Aires- va a la búsqueda de un personaje mítico, una poeta huidiza, la tucumana Inés Aráoz.

12 Ago 2018
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Por Fabián Soberón

PARA LA GACETA - TUCUMÁN

Poesía y cine

La primera escena sucedió en un salón atiborrado de libros, ese amplio salón de la calle Heller en la que nos reunimos un equipo a planificar la realización de Luna en llamas, dedicado a la poeta Inés Aráoz. Entre los meses de marzo y junio de 2013, rodamos el documental Puny Beltrán, Lucas García, Máximo Mena, Carlos Isas, Yanina Mena y yo, Fabián Soberón. El último día incluyó la grabación de dos escenas en la casa de la calle España y una jornada larga en el campo de Macomita.

En un mediodía frio y soleado, grabamos el viaje del auto de Nicolás Aráoz (uno de los participantes del documental). La idea plasmada en el guión proponía que la cara de Inés Aráoz no se viera. Lo que se debía ver era la cabeza, como una mujer que solo tiene nuca. A su vez, grabamos el auto en el que va el investigador “Fabián Soberón”, como si fuera una persecución policial. Esta idea, tomada del cine negro, por supuesto, procuraba dar dinamismo y ritmo a la trama de la película. En Macomita teníamos pautado varias escenas: en el interior y en el exterior de la casa. Había la propuesta clara de mostrar el entorno y el desplazamiento de la poeta en su apreciada casa de campo, con el interés de develar la relación entre paisaje campestre y poesía.

La complejidad de la poesía de Inés Aráoz, con sus sucesivas etapas, no puede ser desplegada en las imágenes cinematográficas. Por eso mismo, el cine, en este caso nuestro documental, no aspira a mostrar la poesía de Inés Aráoz. Poesía y cine implican dos modos de concebir el tiempo. Podríamos decir que hacer un documental sobre poesía significa pensar en una tensión entre dos formas del tiempo. Por un lado, la poesía trabaja con la intensidad del instante, la fulguración de los versos en la explosión del instante. Por otra parte, un documental se propone narrar una historia. Es decir, el documental trabaja con el despliegue de los sucesos en un tiempo sucesivo, a veces lineal, otras veces paralelo. Por eso, hacer un documental que solo quisiera mostrar la intensidad del instante sería un error. Luna en llamas procura resolver la tensión entre instante y despliegue narrativo a través de una historia que estructura la pieza audiovisual. Se trata de la búsqueda de un personaje mítico, la poeta huidiza Inés Araoz. En todo caso, la intensidad del instante aparece en un plano o en un conjunto de planos que conforman una escena. En un documental, la poesía no está en el verso sino que puede estar en un plano, en una imagen lograda.

Por lo dicho, nuestro objetivo en el documental era indagar en las facetas de la poesía de Inés a través de las intervenciones de Isabel Aráoz, Nicolás Aráoz e Indiana Jorrat. Queríamos, también, mostrar la figura de Inés, con el claro propósito de hacer un perfil de la poeta. Por esa razón es que Inés aparece en la segunda parte del documental no solo como el objeto de la pesquisa sino también para que en esta segunda parte se viera el desplazamiento de la poeta, su forma de relacionarse con las cosas.

Tiempo y montaje

El crítico y cineasta Raúl Beceyro dice que el documental dura lo que tiene que durar, que no tiene ninguna obligación con la duración. Incluso sostiene que la imposición de una duración viene del mercado. ¿Con qué criterios podemos pensar la duración? Esta idea simple de Beceyro me hizo repensar en la duración de Luna en llamas y en la cuestión del tiempo cinematográfico. ¿Con qué criterio pensamos el tiempo? Las preguntas se contestan solas cuando vemos una película. ¿Pero cuándo la hacemos? De ese modo, pensé en la necesidad de volver a editar la película que habíamos rodado en el 2013. En marzo de 2018, hablé con el editor Leandro Herrera y le pedí que encaráramos una nueva edición de la película. El nuevo corte estuvo listo y creo que, justamente, no se atiene a una medida estándar sino que apunta a rescatar lo mejor del rodaje, ese tiempo difuso que es difícil de precisar pero que se siente en el cuerpo.

La duración de una película documental es un problema que se parece a la duración de un poema. ¿Cuánto debe durar el verso? En este sentido, son problemas similares. Las respuestas abren diversidad de estéticas. Y este documental aspira no a dar una respuesta sino a brindar una aproximación a la poesía y a la figura de Inés Aráoz. El tiempo abierto y complejo del poema aparece en el tiempo sucesivo y complejo del cine.

Luna en llamas

Luna en llamas es un hecho colectivo y una forma de la amistad. Durante los meses que duró el trabajo fuimos un grupo de realizadores que encontramos una forma de la amistad bajo el amparo del cine. La pasión por el registro –ese modo elíptico de escapar al olvido, aunque sea por unos instantes de video—nos hizo obrar juntos en una misma dirección, con un mismo objetivo. Todos fuimos lectores de Inés Aráoz –algunos ya la habíamos leído—y todos queríamos que hubiera una grabación de esos instantes que, como todo, se pierden para siempre.

El cine es la máquina que quiere vencer a la muerte. La poesía es otra máquina que aspira a vencer a la muerte. Los que estuvimos detrás de la cámara y los que estuvieron delante aspiramos a que una parte de nuestro yo se quede un instante en la retina –en los ojos y en el cuerpo—de los que ven esa parte del pasado que retiene la película. Allí, en los ojos y en el cuerpo somos, por un instante, menos mortales. Amistad y victoria fugaz frente a lo inevitable se unen en el cine y en la amistad. Cine, poesía y amistad son formas de lo mismo: por unos meses todos amamos la poesía, deseamos perseverar en nuestro ser y nos juntamos bajo el fuego del bien común. Por eso, esos meses guardan algo inolvidable. Al menos por esa razón, este documental vale la pena. Espero que una tibia llama de esos resplandores se quede en los ojos y en los cuerpos.

© LA GACETA

Fabián Soberón - Profesor de Teoría y Estética del Cine.

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