POLÉMICA I - Respuesta a Pedro León Cornet

Acerca de la novela Perder la cabeza, el respeto por los próceres y las licencias de la ficción.

12 Ago 2018
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ACERCA DE LA HISTORIA ORAL. “Hay diez versiones distintas del degüello a Marco Avellaneda, como también hay muchas versiones de la relación entre Marco y Fortunata”, puntualiza el escritor tucumano.

Una novela no es ni pretende ser la historiografía de una persona. El encuentro entre la literatura y la historia contribuyó a hacer de nuestros ilustres no figuras marmóreas sino hombres y mujeres reales, con sus oscuridades y sus luces, que transpiran ambigüedades y padecen la carga de deseos prohibidos.

El amor de Fortunata no es el único de la novela, también se muestra la pasión del cura Ladislao por Camila: ¿A quién juzga usted? ¿A ella o la sociedad de entonces? Y además, ¿por qué juzgar? Le puedo decir que hay diez versiones distintas del degüello a Marco Avellaneda, como también hay muchas versiones de la relación entre Marco y Fortunata. De todas las ofrecidas por la historia oral, yo elijo la que me conviene como novelista. El pintor Juan Manuel Blanes jamás pintó a Mariano Maza, el asesino de Marco, pero podría haberlo hecho. Son de la misma época y él solía retratar militares y campos de batallas. Sepa usted que de esa manera se construye la novela.

A través de la carta que usted escribe, se deja ver un hombre culto. Desconozco si es escritor, pero al menos hace de la pluma una fiesta vehemente que aprecio. Sin embargo, el tenor de la carta me hace suponer que usted no leyó la novela. Si la hubiese leído habría advertido que esos dos personajes, Marco y Fortunata, están contados de manera heroica y hasta casi sublime. ¿Cuántas mujeres sufrieron el derrotero de casamientos arreglados o fueron víctimas de amores tan desdichados como imposibles, prohibidos por la iglesia, por los apellidos, por el honor hipócrita de una moralina que fue despedazándose con el paso del tiempo?

La primera versión de esta novela tenía un subtítulo: Los amores que la historia no perdonó. Y yo creo que después de los padecimientos que ha vivido la mujer en estos siglos, es usted quien no perdona a Fortunata, quien pone la fidelidad por delante de la entrega apasionada de una mujer hacia un hombre. Hay algo llamado “Historia oral” y se construye de boca en boca, generación tras generación. Puede que Fortunata no lo haya amado a Marco o puede que sí. Soy novelista.

Toda polémica es bien recibida, sobre todo cuando viene de un hombre que, estoy seguro, ha leído lo suficiente, pero no la novela en cuestión.

Quedo a su absoluta disposición para que tomemos un café y dialoguemos acerca de Perder la cabeza, una ficción que, estoy seguro, lo emocionará.

© LA GACETA

MARCOS ROSENZVAIG

AUTOR DE PERDER LA CABEZA

BUENOS AIRES 

Una obra de ficción

Marcos Rosenzvaig ha logrado producir en su reciente libro Perder la cabeza, la conjunción de un acontecimiento trágico del siglo XIX, con otra tragedia argentina más cercana producto de la dictadura de 1976. Con el recurso del hallazgo de una carta -inexistente por otra parte- el autor alcanza a exaltar la figura de Fortunata García de García, aunque las supuestas (y ficticias) motivaciones de su piadosa acción exceden y no se adecuan a la verdad histórica. Como descendiente directo de aquellos personajes de ese período: Alejandro Heredia y Fortunata, no puedo dejar de manifestar que se trata de una obra totalmente ficcional, con recursos adecuados a tal fin. Cometeríamos un error si quisiéramos leer más allá de los nombres, un ensayo de historia que iluminara la visión sobre la tragedia que protagonizaron federales y unitarios en el siglo XIX.
© LA GACETA                                                                      

ALEJANDRO HEREDIA
Licenciado en psicología y en antropología social
tucumán

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