Gatos y chacareras con el cello como gran protagonista

El dúo CheChelos se propone componer folclore desde un instrumento de lo clásico

13 Jul 2018
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REVELACIÓN. CheChelos populariza el instrumento para hacer música de la tierra y no de la ciudad. Prensa Ente Cultural

ACTÚA HOY

• A las 22 en el Centro Cultural Virla de la UNT (25 de Mayo 265).

Primero sorprendieron con sus interpretaciones con cellos, en las que buscaron que el instrumento sea el protagonista: “El gatito de Tchaikovsky”, una creación de los hermanos Ábalos, pasó por peñas, escenarios y la televisión, así como decenas de otras canciones. Ahora Mauro Sarachian -de Buenos Aires- y Ramiro Zárate Gigli -de Neuquén- se proponen tener su propia música componiendo desde la sonoridad que les brinda las cuerdas que eligieron como músico.

Ambos son chelistas de formación clásica y conforman CheChelos; toda una revelación, algo nuevo bajo el sol del folclore argentino, ya que abordan el repertorio popular con arreglos originales, la austeridad interpretativa y sus dos voces, todo teñido de un humor fino.

“Queremos traer al folclore como protagonista, como ya es el violín a través del llamado violín sachero de Sixto Palavecino, que es único”, afirma Sarachin durante una entrevista con LA GACETA. La dupla se conoció en la Orquesta Filarmónica de la Provincia de Río Negro; se transformaron en dúo en 2016 y participaron del festival PreChaya en La Rioja, que lo ganaron. El año pasado fueron elegidos Revelación de Cosquín.

Por el disco “Instinto”, que presentarán esta noche en el Centro Cultural Virla, desfilan chacareras, gatos, zambas, vidalas, cuecas, chayas y huaynos.

- Ya conocen Tucumán.

- Sí, recordamos nuestro show del año pasado en Casa Managua, y esto es como una contrapropuesta para el Julio Cultural al que venimos con el disco “Instinto”. Nosotros tenemos una formación clásica, porque al cello es más fácil aprenderlo a través del Conservatorio, por medio de la tradición. Pero, por otro lado, nosotros queremos hacer música de la tierra y no de la ciudad.

- ¿Y cómo es el cello?

- Es un instrumento muy burgués, al punto que viene de la ciudad de Burgos, es elitista y muy caro. Para empezar, no cuesta menos de $25.000. Las clases son de difícil acceso y onerosas... Es como la mayoría de los instrumentos que integran una orquesta.

- Es fundamental para ustedes, entonces.

- Queremos que sea un protagonista del folclore, el único, por eso hacemos criollazos del violonchelo, con una dinámica en la que, como dúo o como orquesta, apueste a la fiesta y al baile. En dúo ceamos una mayor intimidad con el público, así como también hay una mayor complicidad entre nosotros. A comienzos del siglo XX, en la música clásica algunos maestros descubrieron “cómo canta” ese instrumento, y pasó de tener un mero rol secundario. Nosotros inventamos una manera de rasgar con el arco, como un chasquido que viene de una técnica del folk de los Estados Unidos que se llama chop. Cuando estudiaba en Europa vi a un grupo de estadounidenses hacerlo. La manera de rasguear suena parecido a la percusión y es que estamos haciendo ritmos. El cello está lleno de sonidos, puede sonar como guitarra, bajo, violín o flauta. Nos gusta hacer música bailable con chacareras, gatos, zambas, vidalas, cuecas, chayas y huaynos.

- ¿Solo versiones?

- Queremos popularizar y recrear temas, y ahora estamos trabajando en componer. Realizamos temas propias pero desde el mismo instrumento, lo que en realidad es otro mundo. Siempre decimos cosas de la actualidad, postulando la libertad y la convivencia desde el arte. Rescatamos la música sureña, de la Patagonia, con letras sobre la causa mapuche. Ramiro es de Neuquen, y conoce mucho esa realidad. Ahora estamos grabando nuestro próximo trabajo que se llamará “Venteros de luz” y saldrá en los próximos meses.


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