Parque Nacional Aconquija, un nuevo pulmón para el mundo

Parque Nacional Aconquija, un nuevo pulmón para el mundo

La creación del Parque Nacional Aconquija abre una fuente de riqueza para los tucumanos. Pero, sobre todo, pone un límite a la depredación y a la exploración de las áreas verdes y recursos acuíferos. Con la apertura de caminos, todos lo podrán visitar.

Parque Nacional Aconquija, un nuevo pulmón para el mundo
08 Julio 2018

Si alguien pregunta qué obra concreta nos dejó el Bicentenario a los tucumanos la respuesta es: el Parque Nacional Aconquija (PNA). No se creó en 2016, pero se gestó ese año y la semana pasada se aprobó la ley que aún falta promulgar. Es el gran proyecto que puede cambiar el destino casi mendicante de los pueblos que lo rodean. El turismo - Salta lo sabe- puede hacer ese milagro.

Con 77.000 hectáreas sobre la ladera occidental del Aconquija, pero con la posibilidad de llegar a 180.000 si se siguen sumando tierras, el Parque Nacional Aconquija promete ser una perla del turismo nacional e internacional. Su oferta más valiosa es la variedad de climas, con bosques de ensueño, yunga húmeda y profunda, y nieves. Todo un paraíso de impenetrable hermosura, hasta ahora. Inaccesible porque el único puente de ingreso era por Alpachiri, y está destruido desde que marzo de 2015 cuando se lo llevó la creciente del río Jaya.

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En la Administración de Parques Nacionales ya hay un proyecto de construcción de un puente colgante, diseñado por Vialidad Provincial, cuenta el ex diputado nacional Miguel Nacul y creador del proyecto del Parque Nacional Aconquija. Nacul trabajó codo a codo con técnicos de la APN y del Ministerio de la Producción de la Provincia desde 2016. “El presupuesto para el puente es de $ 50 millones y ya fue elevado al jefe de Gabinete Marcos Peña”, dice. “Al pasar por distintas localidades, el parque necesitará varios ingresos. Uno de los portales debería estar en la Quebrada del Portugués, para que la proveduría se realice en El Mollar. Pero también debería haber otros portales en Los Sarmiento y Santa Ana”, opina Sebastián Giobellina, presidente del Ente de Turismo.

Entusiasmado, de inmediato se imagina circuitos por senderos, refugios en la montaña, para la práctica de todo tipo de deporte relacionado con el disfrute de la naturaleza.

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Al turismo deportivo se le suma el arqueológico con La Ciudacita, yacimiento incaico declarado Patrimonio de la Humanidad. “Ofrecí a Parques Nacionales mi aporte en los espacios turísticos con infraestructura de merenderos, sanitarios y todo lo necesario para un mejor recibimiento al turista”, apunta Giobellina.

Selva y nieve, flora y fauna con una diversidad increíble, y ríos cristalinos suben y bajan de 800 a 5.300 metros sobre el nivel del mar. Adentro quedan tres parques, uno nacional (Los Alisos) y dos provinciales (Santa Ana y La Florida) y lugares mágicos como La Laguna del Tesoro.

El proyecto fue firmado por los nueve diputados nacionales por Tucumán en un lugar neutral, fundación Miguel Lillo. A partir de allí comenzó la dura tarea. En primer lugar, el Estado nacional debía ser el dueño de las tierras del parque para poder aplicar la ley de parques. Por ello fue necesario que la provincia cediera su jurisdicción ambiental en las superficies territoriales destinadas a parque. Aparte había otras tierras privadas que debían ser compradas para donarlas al Estado nacional.

El dinero fue aportado por la fundación Wyss a través de la gestión de Nacul, integrante de la fundación Flora y Fauna Argentinas, por donde se canalizaron los fondos.

Otro escollo no menor fue el reclamo territorial de pueblos originarios. “La Quebrada del Portugués, de 11.000 hectáreas, era propiedad en un 90% de la comunidad diaguita calchaquí Ayllú El Rincón y en un 10% de las de El Mollar y La Angostura. Con la primera se logró acordar la entrega de los títulos de propiedad, que todavía no los tenían, a cambio de que las tierras queden bajo la categoría de reserva nacional. Las otras dos comunidades no accedieron y fueron excluídas del parque nacional.

Un dato importante: los pobladores, incluidos los pueblos originarios, no serán erradicados de sus tierras, según está previsto en la ley. Al contrario, podrán sumarse al cuidado del parque y vivir del turismo. Incluso también podrán realizar actividades económicas productivas amigables con la naturaleza. Pero eso sí, siempre en coordinación con los guardaparques.


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