La cláusula que inquieta

14 Jun 2018

Hay dos cuestiones que desvelan a la actual gestión provincial. Una tiene que ver con los posicionamientos políticos e institucionales de los principales referentes del oficialismo local. El otro está relacionado con la manera de administrar las cuentas públicas en un marco de restricciones y de reducción paulatina de impuestos provinciales. Y la discusión de ambas situaciones se ha desatado con anticipación.

Lo primero: la irrupción del alperovichismo pidiendo pista en el armado de lo que se viene no le ha caído en gracia al gobernador Juan Manzur. No porque a José Alperovich le pique el bichito del retorno al principal despacho de la Casa de Gobierno, sino que una prematura definición de candidaturas puede restarle espacio de poder y margen de maniobra institucional a 16 meses de cumplirse su mandato. De allí la estrategia de pintar las paredes para “marcar la cancha” y reafirmar de qué lado está la conducción del partido y, naturalmente, de la provincia. Manzur es tiempista y había establecido como plazo no hablar de reelección o de su futuro político antes de marzo del año que viene. Sin embargo, gestiona como si se quisiera quedar por cuatro años más.

Lo segundo: la cuestión financiera. El primer semestre cierra con un superávit financiero de unos $ 700 millones. ¿Qué significa esto? Que al Gobierno le ha quedado esa suma después de cubrir los gastos de la primera mitad del año y de haber saldado los compromisos con sus acreedores. Sin embargo, el segundo semestre asoma con nubarrones. Particularmente, porque el propio Manzur tendrá que sentarse a negociar con el Gobierno nacional cerca de cuál será la pauta de ingresos coparticipables que marcará el ritmo del Presupuesto 2019: sí, el del año electoral.

Las obras públicas no tendrán la misma velocidad que suele tomar en los años impares, de convocatoria a las urnas. La gestión provincial lo sabe, pero tampoco asoma un escenario razonable para salir a tomar deuda en el mercado de capitales. Todo es caro para una argentina que ha dejado atrás las metas de inflación y que ha recurrido al FMI para poder enderezar el rumbo económico del país.

El Presupuesto Provincial 2019 tiene un techo: un nivel de gastos que no podrá superar los $ 72.000 millones, es decir, $ 4.500 millones más que el ejercicio vigente. Claro que al cerrar el año, la Provincia puede llegar a tener más excedentes, producto del reajuste de las alícuotas del impuesto a los Ingresos Brutos que, a partir de 2019, tendrán que bajar progresivamente para algunas actividades. El otro efecto favorable para las cuentas provinciales en los ingresos es la mejora del giro por coparticipación federal.

Sin embargo, Manzur ha decidido sentarse en la caja porque en septiembre tendrá que abrir para cumplir aquello que pactó con los gremios estatales. “Vamos a cumplir la cláusula gatillo en el tiempo establecido”, afirmó el mandatario al momento de acordar el incremento salarial del 17% para este año. Los funcionarios del área económica ya hicieron cálculos sobre cuánto le significará al erario abonar ese compromiso: $ 40 millones por cada punto porcentual de reajuste. La proyección oficial es que, dentro de tres meses, se acuerde el pago de tres puntos porcentuales, por lo que la erogación será de $ 120 millones de una planilla salarial mensual y total de unos $ 4.000 millones. Anualizado ese compromiso, el gasto extra en salarios para 2019 será de aproximadamente $ 1.560 millones. Si se observa lo que se estimó oficialmente de expansión del nivel de gastos corrientes, quedará poco margen para destinar fondos a otros rubros que no sean el de Personal. La inflación es un estigma que, por un lado, licúa el endeudamiento público (que hasta abril pasado alcanzó los $ 10.800 millones), pero por otro lado incrementa el nivel de compromisos a pagar por parte del Estado. No es un juego de suma cero. La paz social tiene su costo financiero y también político. Y, por esa razón, el gobernador invierte en tranquilidad. ¿Cómo? Abonando regularmente los salarios del sector público. De aquí en más al gobernador que dice que no será del ajuste se le presenta un horizonte con dos premisas: evitar dispuestas políticas en el oficialismo y seguir sentado en la caja para evitar cualquier cirugía en las cuentas públicas.

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