Entre pañuelos verdes y celestes y muñecas de trapo

Los vendedores ambulantes se instalaron desde temprano en los alrededores del Congreso; la avenida Rivadavia se convirtió en una feria

14 Jun 2018

BUENOS AIRES.- Remeras, pañuelos, muñecas de trapo, frascos de miel, empanadas veganas y los clásicos “chori, paty y bondiola” son algunas de las cosas que se podían conseguir ayer en los alrededores de la Plaza del Congreso, mientras los diputados debatían la legalización del aborto.

Durante toda la semana, Juan Carlos Alarcón y su mujer trabajaron cosiendo pañuelos. Ayer, bien temprano tomaron el colectivo desde Barracas, y al llegar a la Plaza del Congreso se dividieron. Él enfiló para el lado de Belgrano con los pañuelos celestes. Ella avanzó hacia Corrientes, con los verdes.

A media tarde, Juan Carlos, miembro fundador del sindicato de vendedores ambulantes, reconocía: “Y, la verdad es que a ella le fue bastante mejor, vendió un montón”. Las banderas argentinas se vendían a $150.

Vanesa y su hijo Cristian llegaron temprano desde Florencio Varela. En una esquina sobre Hipólito Yrigoyen, del lado “celeste” de la plaza, vendieron pañuelos de los dos colores. “Y si, los verdes se venden más”, reconoció ella. “Pero los tenemos que vender acá, porque si pasás del otro lado con los celestes, te matan”. Luis Ochoa fue desde Merlo a vender pañuelos para los dos bandos. Cuenta que se los compró a $ 30 cada uno: “El sábado me vengo con las banderas para el mundial, porque no estoy vendiendo nada”, se quejó.


Para los compradores compulsivos, el lado verde fue una panacea: desde tarros de miel orgánica hasta cáctus y suculentas se vendían en los puestos de las organizaciones y vendedores de ocasión. La avenida Rivadavia parecía una feria. Lila llegó para ofrecer sus muñecas de trapo. A $ 220 cada una, se mezclaron los rostros de las Madres de Plaza de Mayo Nora Cortiñas y Taty Almeida, o la dirigente de Ctera Sonia Alesso, con los de Frida Kahlo o Nairobi, personaje de la serie española La casa de papel. A un costado, las remeras feministas se vendían como pan caliente. “Al patriarcado lo hacemos concha”, “Ni una menos”, “Mi cuerpo, mi decisión”, decían las más buscadas, todas a $100. (Télam)


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