Lleva tequila en la sangre

Pepe Nacho es un hincha mexicano que se lleva todos los flashes en Rusia: "ya me veo en octavos de final", aseguró.

14 Jun 2018
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PERSONAJE. En Rusia, todos quieren sacarse una foto con el mítico Pepe Nacho. la gaceta / foto de leo noli (enviado especial)

No puedo. Por mi papá, mi mamá. Pepe Nacho, el que nos cuenta que no vive en México pero que flamea la bandera de su país por donde vaya, se pasea por las calles de Moscú cual guerrero azteca. El hombre es una de las atracciones que el Mundial ha sabido acercar hacia una ciudad en estado mutante: nada es lo que parece y todo es lo que parece.

Es imposible jugar por estos días en slow motion. Acá todos vuelan; los visitantes vuelan y lo aprovechan a su modo. Pepe Nacho nos cuenta que ha estado en nueve Mundiales, uno en casa, el de 1986 y el resto en diferentes puntos del planeta, Italia (1990), Estados Unidos (1994), Francia (1998), Corea y Japón (2002), Alemania (2006), Sudáfrica (2010), Brasil (2014) y ahora Rusia. En todos ha ido con el mismo traje de fajina. Es su forma de ser, de vender su país, el único que tiene el elixir de la juventud, según él.

Hace frío en Moscú, pero el hombre anda prácticamente en tanga. Lo único que desentona en su vestuario son unas sandalias franciscanas modernas, pero sería mucho pedirle al amigo que ande descalzado o bien con algo más acorde al disfraz. Lo cierto es que Pepe Nacho destila buena onda, es el tipo ideal para conversar, pero a mil, porque no habla Pepe, corre. Y si le das un metro de ventaja, ya te cantó el himno de México, te vendió la réplica de su Copa del Mundo (aunque en broma), y te robó dos abrazos, además de que ya le habías sacado entre cinco y 10 fotos.

Pepe Nacho es el Mundial también. La gente lo disfruta, no lo deja caminar; él no deja caminar al público. Es la figurita de moda, como los amigos egipcios que son casi como una tormenta de arena. Donde van hacen barullo, del copado, del que pega y del que dan ganas de participar.

Pepe Nacho no tiene frío, está inmunizado. “Llevo tequila en la sangre, el elixir de la juventud en México”. Pepe no probó el vodka aún. “Lo vamos a probar, claro que sí”, le dice a LG Deportiva después de apagar las cámaras que inmortalizaron su imagen para siempre. Pepe sonríe en la pausa. Toma aire y se larga nuevamente como un galgo. No tiene fin. Vuelva a cantar, vuelve a unir a los curiosos. Arranca un nuevo set de fotografías, de sonrisas de escuchar un discurso trillado pero de efecto demoledor.

El hombre sabe de fútbol. Ve a México en los octavos de final de la Copa.

El Grupo F donde está el “Tri” tiene al campeón Alemania como cabeza de serie, justo el primer rival del equipo de Pepe, este domingo. “Empatamos con Alemania y ganamos los otros dos partidos”, asegura, dando por hecho de que Corea del Sur y Suecia no serán resistencia para el buen equipo azteca, signado por una despedida manchada por una fiesta loca que arruinó el nombre de sus comensales. Pero a Pepe Nacho, el cotillón del conventillo no le interesa. “Nos veo lejos”, promete.

Messi es su ídolo. “Fenomenal, definitivamente. Messi es mi ídolo, la veo entre los mejores”, reconoce tras la segunda pausa fuera de su set al aire libre de actuación. Entonces Pepe Nacho vuelve al ruedo. Han pasado 15 minutos desde el primer encuentro entre él y LG Deportiva. Han pasado decenas de fans pidiendo una foto, un pequeño relato de su historia, de su vida, del porqué está vestido así; de por qué no tiene frío en un país helado pero de corazón caliente.

Pepe retoma el personaje y habla de lo mismo, de sus nueve mundiales, de que el tequila es lo máximo y de que su país va a llegar lejos en la Copa. “México lindo y querido, si muero lejos de tí que digan que estoy dormido y que me lleven allá…”, todo sea por Pepe Nacho.

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