Las leyes rusas se flexibilizaron pero no así la reventa

13 Jun 2018

MOSCÚ (Leo Noli, enviado especial)- El flaco vestido con el camperón de la Selección no terminó de bajarse del avión en Londres que empezó a hacer de las suyas. Había que salvar el viaje, recuperar la moneda invertida en las entradas de los partidos de Argentina. Y como quien camina sin prisa gracias a una charla amena, el empresario dispara ofreciendo una ganga: “pido U$S 750 por cada entrada. Podés elegir para los partidos contra Croacia o Nigeria”. El que recibe la información no se espanta. Sólo contiene la respiración. Esos números de reventa superan ampliamente su tope. Decidió llegar a la tierra del Mundial. La cotización fue a contramano de lo que habitualmente sucede con el dólar en Argentina, bajó: “650”, pidió el del camperón. El interesado agradeció, pero pasó. “Moscú es una tierra de oportunidades”, pudo haber pensado quien se encontró con una capital rusa pasada por agua, justo en el día de la declaración de soberanía respecto de la Unión Soviética, el 12 de junio de 1990.

Hubo muchas sorpresas y mitos caídos en los dominios de Vladimir Putin. Se hablaba de una prohibición total para los fumadores. Mentira. En la calle, como en cualquier lugar apto para el vicio del tabaco, se puede fumar. También se dijo que tomar alcohol en la vía pública era motivo de castigo y hasta de prisión. Negativo. Con el Mundial al caer, las leyes rusas se volcieron elásticas, permeables. Los tumultos con barullo y buena onda también fueron posibles. Como aquel grupo de egipcios que armó un fiestón en las cercanías de la Plaza Roja vallada hasta la médula.

Eso sí, mucho policía en los alrededores de una Moscú tan occidentalizada como el capitalismo de un Mundial lo requiere en la letra chiquita de su contrato. Los moscovitas, de hecho, eran turistas en su propia casa. No todos estuvieron contentos con ver tan diferente a su ciudad. El orden es ley acá, pero con tanta sangre latina, a veces adepta a cruzar la línea de lo correcto, el orden se torna un desorden.

Mexicanos con peruanos, peruanos con brasileños, argentinos con rusos, con cubanos, con australianos. La diversidad de camisetas es tan maravillosa que los idiomas se mezclan. La comunicación ideal es con el canto, que salga lo que salga. Total, en un Mundial vale todo, si se lo hace con el debido respeto.

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