Los fortalecidos y los debilitados por el sismo

18 May 2018
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El sismo cambiario de las últimas semanas ha agrietado profundamente la edificación política del macrismo. Después de muchas lecturas nacionales de lo que el terremoto ha dejado, desde las provincias puede observarse que las rajaduras han forzado un fenómeno de inversión en los flujos de poder. Ahora es el Presidente el que necesita tomarse fotos con los gobernadores, cuando hasta abril eran los mandatarios provinciales los que valoraban un retrato con Mauricio Macri como si cada pixel cotizara en oro.

El fortalecimiento de la figura de los gobernadores en la escena federal es un fenómeno de doble vía. Por un lado están las razones políticas. La crisis que mandó hasta el fondo al macrismo (Fondo Monetario Internacional incluido) tiene, como ya se ha dicho, factores heredados y factores autogestados, pero en todo caso los gobernadores no aparecen en la primera línea de responsabilidades. A la vez, la reedición de la “Liga de Gobernadores” es una fantasía postmenemista tan recurrente como el retorno del “1 a 1”. Especialmente en el peronismo: la “Liga” sacó al PJ de la diáspora tras la derrota presidencial de 1999.

Por otro lado, las razones financieras: el macrismo se encargó de que a las gobernaciones las cuentas les cerraran mejor que al Estado nacional. Tucumán tuvo disimuladas “turbulencias” para afrontar a principios de año el pago del aguinaldo y la activación de la cláusula gatillo de las paritarias. Lo resolvió, pero con el reclamo gremial de que la compensación salarial por la diferencia (casi un 2%) entre el aumento de sueldos y la inflación oficial no se había aplicado al Sueldo Anual Complementario. Cuatro meses después, la Provincia tiene plazo fijo...

Entre gobernadores

La fortaleza coyuntural de los gobernadores frente al Ejecutivo Nacional se vio plenamente el miércoles aquí, con una excusa impecable: la reunión de la Zicosur, que Juan Manzur preside, entre otras razones, en nombre de su lema: “En política se puede hacer mucho con poco”.

El tucumano (a cargo del distrito más importante donde el peronismo ganó los comicios de octubre) ya había dicho, al día siguiente de la reunión en la Casa Rosada, que él no era ni iba a ser “el gobernador del ajuste”. Anteayer, sus pares opositores a Cambiemos que se sentaron a la mesa frente al parque 9 de Julio dieron el mismo mensaje. El cordobés Juan Schiaretti (un presidenciable que aún no muestra las cartas) advirtió que deficitaria es la Nación y no las provincias. El salteño Juan Manuel Urtubey (públicamente lanzado hacia el sillón de Rivadavia), pautó que no comparte la decisión de Cambiemos de haber acudido al FMI.

La Nación lo preveía. Por eso, Rogelio Frigerio no asistió a esa reunión. En cambio, es probable que este fin de semana visite la ciudad de La Rioja, que el domingo celebra 427 años. Y que el ministro del Interior de la Nación decida participar de los festejos de una municipalidad que ni siquiera tiene un aniversario redondo, en lugar de venir a un encuentro de gobernadores de seis países, que incluyó al secretario general de la OEA, Luis Almagro, es todo un mensaje político. Para más datos, por Jujuy no vino el gobernador, el radical Gerardo Morales, sino el vicegobernador, el peronista Carlos Haquim.

De los invitados ausentes (el sanjuanino Sergio Uñac, el formoseño Gildo Insfrán, la catamarqueña Lucía Corpacci, el entrerriano Gustavo Bordet y el santiagueño Gerardo Zamora, que cenó el martes en la casa de Manzur con Almagro y otros mandatarios, pero faltó a la cumbre del miércoles) ninguno es mencionado por estas horas como “presidenciable”. Tampoco lo son el chaqueño Domingo Peppo y el riojano Sergio Casas, quienes dijeron “presente”, pero sí lo es el santafesino Miguel Lifschitz, el socialista que viene de reunir para la foto a Ricardo Alfonsín, Margarita Stolbizer y Daniel Filmus, para perfilar una propuesta de centro izquierda hacia 2019.

Muchas figuritas del álbum del poder federal como para sólo discutir políticas de integración y medio ambiente. “A los gobernadores peronistas nos bautizan Juan o Domingo”, bromeó desde el atril Urtubey durante el almuerzo, dirigiéndose a los invitados de los países hermanos, en referencia a sí mismo, a Manzur, a Schiaretti y a Peppo, y para dejar en claro que había una cumbre peronista dentro de la cumbre regional.

Manzur tomó una decisión política determinante y fijó una posición que lo ubica en una oposición dialoguista respecto del macrismo. Esta semana estuvo en la mesa, no en el menú.

Entre paréntesis

A modo de paréntesis, esta semana Manzur sí recibió la visita de un miembro del Gabinete nacional, que no deja de ser inquietante para la coyuntura social. Patricia Bulrrich, la ministra de Seguridad, inauguró un escuadrón de Gendarmería en la monteriza Capitán Cáceres.

Los reflejos de Manzur le permitieron recibir a la funcionaria nacional, que quiere coparticipar a las provincias el combate contra la droga (sin mayores novedades respecto de la transferencia de los cuantiosos recursos indispensables para hacerlo), con una Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico ya creada.

Así que, públicamente, ella se pronunció en favor de unir esfuerzos para esa pelea. Pero, en privado, se llevó una carpeta con dos informes periodísticos de LA GACETA publicados la semana pasada: el del mapa que identifica los clanes de narcomenudeo y los territorios donde operan en la provincia; y el de los directivos de una escuela que denuncian que los alumnos están “piel y huesos”, estragados por el “paco”, en una investigación del programa “Panorama Tucumano”.

Ambos reportajes le fueron entregados a la funcionaria con estupor: ¿cómo es posible que información con semejante detalle se publique y que Tucumán no sea hoy la capital nacional de los allanamientos? Ella se marchó dejando en el aire un rumor estremecedor: aseguran que confió a un interlocutor que desde Buenos Aires siguen, con idéntica atención y preocupación, tanto lo que hace la Provincia como lo que hace la Justicia Federal. Fin del paréntesis.

Entre intendentes

Frente a las muestras de poder de los gobernadores, durante este mes la Casa Rosada se acordó de los intendentes. Frigerio los convocó en Buenos Aires y el tucumano Germán Alfaro fue de la partida. En términos electorales, administra un distrito que vale lo que una provincia chica: San Miguel de Tucumán tiene tantos habitantes -más de 600.000 según el último censo- como San Juan, Jujuy y Río Negro; y más que Neuquén, Formosa, Chubut, San Luis, Catamarca, La Rioja, La Pampa, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

El convite resultó esclarecedor. Lo fue en el plano de lo anecdótico, porque el catamarqueño Raúl Jalil había dicho en la previa que prefería que no hubiera fotos del encuentro, pero cuando se abrió la puerta fue fusilado a flashes. Y lo fue en el plano de los reclamos. El riojano Alberto Paredes Urquiza, quien desde hace rato viene reclamando un incremento en el porcentaje de los recursos que las provincias coparticipan a los municipios, le transmitió al ministro su consternación por el hecho de que a los gobernadores la Nación les ha entregado todo cuanto pidieron. El costo de la Casa Rosada para conseguir la reforma previsional, y el de Frigerio para no perder predicamento como ministro político, no son menores.

Alfaro, en tanto, manifestó su preocupación porque todo lo concedido a los gobernadores ha ido en desmedro directo de los intendentes. Léase, los gobernadores justicialistas están ofreciendo gobernabilidad hipotecada: a cambio de respaldos en el Congreso, sacan ventajas estructurales y electorales sobre los socios del macrismo. La ecuación a la que hoy se ve sometida la Casa Rosada es pan para hoy, peronismo en las provincias (cuanto menos) para mañana.

Que los intendentes pudieran transmitir sus quejas también muestra que, frente a la crisis, los jefes municipales se encuentran mejor parados que el propio gobierno nacional. Por caso, Frigerio garantizó la continuidad de las obras públicas que ya han sido encaradas, pero les extendió certificado de defunción, por lo que queda de gestión, a los proyectos no iniciados. En simultáneo, las administraciones de las grandes ciudades le están financiando la obra pública urbana a la Nación: por ejemplo, los trabajos de la peatonal Muñecas no se detienen porque los solventa la Municipalidad, pese a la mora de las remesas federales.

Pero la reunión con Frigerio no fue sólo un intercambio de frustraciones. Conforme avance el año se sabrá si acaso no se estaba inaugurando una mesa de consulta con los intendentes. Un dato anima la suposición. Cuando se habló de las perspectivas del ajuste, Frigerio dejó entrever una disyuntiva: parálisis de la obra pública o parálisis del tránsito (léase, piquetes). Los jefes municipales, con pragmatismo, contestaron que con las obras se ganan votos, mientras que los piqueteros jamás sufragarán por Cambiemos.

Entre conocidos

“Hasta aquí se ha gobernando con la planilla del Excel”, fue la expresión que flotó en el encuentro entre el ministro del Interior y los intendentes del interior. Ante al terremoto de resultados, las cartas parecen comenzar a barajarse como si en adelante la política fuese a tener más lugar en las decisiones nacionales.

Las dinámicas, en Tucumán, se empecinan en mantener en veredas enfrentadas al manzurismo y al alfarismo. Tanto es así que en ninguno de esos dos sectores deben acordarse ya que hace apenas dos años, en mayo de 2016, Manzur, el vicegobernador Osvaldo Jaldo y Alfaro compartían avión rumbo a la Casa Rosada (junto con el resto de los intendentes tucumanos), para reunirse todos con Frigerio, y que en el vuelo los tres conversaron largamente. Seguramente, todos habrán olvidado ya que el jefe municipal sugería una receta que terminó siendo común: hay que ahorrar por si a este Gobierno nacional, que no es peronista, también lo agarra una crisis con el dólar…

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