Los decretos de Papá Noel

07 Dic 2017

Una santiagueña le metió presión a un tucumano. Claudia Ledesma Abdala de Zamora, la gobernadora de la vecina provincia, anunció que pagará a los estatales un bono navideño de $ 8.000, que se abonará en dos partes: una el 22 y otra el 4 de enero de 2018. Su par Juan Manzur insiste en que no puede hacer frente a ese compromiso. Pero siempre hay una puerta abierta. Como esos tres decretos que se publicaron en el Boletín Oficial y que, en cierta medida, implican una ayuda social que se pagará junto con el aguinaldo a los empleados públicos en general (establece uno) y sumas por capacitación para docentes y para policías.

Los gremios estatales tucumanos han reclamado no menos de $ 5.000 para paliar la situación financiera que han implicado los reajustes de la economía del año del sinceramiento y de las reformas. Por ahora, silencio de radio. El ministro de Economía, Eduardo Garvich, ha dicho que no es posible atender el planteo sindical, para no poner en riesgo el equilibrio en las cuentas públicas locales. En el terreno de las comparaciones, los funcionarios hacen números para mostrar por qué no pueden comprometerse a erogar casi $ 500 millones para un eventual adicional a poco más de 100.000 estatales (incluyendo los municipales que están en el Pacto Social). En el caso santiagueño, el gasto es casi similar, si se toma en cuenta los $ 8.000 para cerca de 60.000 empleados públicos que declara esa provincia.

En los últimos dos períodos fiscales, Tucumán no ha podido generar excedentes financieros como sí lo hizo durante la década kirchnerista. El cambio de signo político a nivel nacional ha puesto a Manzur en un escenario más realista, de vivir con lo justo, sin depender de la cercanía política hacia la Casa Rosada. Pocas obras y reclamos de falta de envío de fondos para ejecutar programas han sido una constante en la etapa preelectoral. Ahora, el escenario es distinto. Los consensos básicos implican cierta compensación que no favorece tanto a la provincia. Algunos funcionarios tucumanos plantean, por caso, que, de un escenario perdidoso, de unos $ 3.500 millones menos de coparticipación por los cambios fiscales propuestos por el presidente Mauricio Macri, Tucumán pasó ahora a registrar una resignación cercana a los $ 400 millones. No es el mejor de los arreglos, pero a Manzur le queda la promesa federal de recibir un bono a cuenta en los próximos años para cubrir cualquier eventualidad financiera. Curiosa manera de negociar, como cuando se hizo la retracción del 15% de la coparticipación, con préstamos en vez de devoluciones reales de recursos federales.

Sin embargo, los gremios tienen otra percepción a partir de la revelación de que a la Legislatura le han sobrado $ 190 millones de viejos ejercicios presupuestarios, y a la Justicia otros $ 124 millones. Trasladado al Poder Ejecutivo, los dirigentes sostienen que al mandatario le ha quedado dinero para poder solventar el pago de un bono navideño, más aún con un presupuesto que supera los $ 57.500 millones.

Manzur trata de hacer equilibrio entre los planteos de los gremios estatales y las restricciones que le impone la política nacional. Pero no pierde de vista su posicionamiento político.

El proceso de reconstrucción de la liga de gobernadores del PJ es más lento de lo previsto. En ese escenario, Manzur encontró la casilla del medio. Habla directamente con Macri como también reúne a algunos de sus pares -con afinidad al macrismo- para diseñar estrategias regionales. Como sucedió en Córdoba con el local Juan Schiaretti, con el sanjuanino Sergio Uñac y con el salteño Juan Manuel Urtubey. Ninguno de ellos asuma todavía como conductor natural de un partido por la mitad, que trata de despojarse de cualquier vestigio kirchnerista y reformularse como primera minoría en el Congreso.

Papá Noel no prevé regalos para este año. Sin embargo, los gremialistas dicen que pondrán los zapatos para que alumbre otro decreto sorpresa disponiendo el pago de un bono. En el pasado reciente, ese bono fue acordado en Navidad; se empezó a pagar en Carnaval y casi termina por saldarse en Semana Santa. Son los tiempos de la política.

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