El milagro de Sofía que hará beata a la Madre Catalina

Ocurrió en Tucumán, hace 20 años. Sofía Acosta de Valdez había sufrido muerte súbita en su casa del barrio Modelo. Eugenia, su hija, no se resignaba a perder a su madre y pidió la intercesión de la Madre Catalina de María Rodríguez. Sin vida la llevaron a un sanatorio donde le practicaron técnicas de resucitamiento durante 35 minutos. Para sorpresa de los médicos. Sofía recuperó los signos vitales. Se compuso rápidamente y no quedó con ninguna secuela. Gracias a este milagro la Madre Catalina será proclamada beata el sábado 25, en una gran celebración en la ciudad de Córdoba

15 Nov 2017

¿QUIEN ES LA NUEVA BEATA?

1 - Josefa Saturnina Rodríguez. Madre Catalina de María nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823. Soñaba con ser religiosa pero no pudo entrar al convento. 

2 - Se casó y enviudó al poco tiempo. Promovió los Ejercicios Espirituales y trabajó junto al Cura Brochero.

3 - En 1872 fundó en Córdoba el Instituto de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús (Esclavas Argentinas).


Milagros ocurren todos los días, hechos inexplicables para la ciencia que en general no trascienden y terminan en una plegaria de agradecimiento. Eugenia Valdez, maestra de Inglés del colegio de las Hermanas Esclavas, pensó que su historia correría la misma suerte. Por eso la guardó durante 20 años en su corazón, sin contarle a nadie lo que había vivido. Hasta que un día se enteró de que las hermanas buscaban un milagro intercedido por su fundadora, la Madre Catalina de María Rodríguez para poder beatificarla. Eugenia seguía en silencio. Pero una testigo de aquel episodio habló. Así se conoció el milagro que permitirá proclamar a la religiosa como la próxima beata argentina.

El escenario del milagro, una sencilla casa del barrio Modelo, es el mismo donde Eugenia y su madre, Sofía Acosta, reciben a LA GACETA. Allí, en ese pequeño lugar, donde ahora se ve una cómoda, había una vieja máquina de coser Singer. Era la noche del 22 de abril de 1997.

“Yo estaba ahí, cosiendo una pollera. Caminé unos pasos y me desvanecí”, cuenta Sofía. Eugenia, que vivía en la casa contigua -conectada a la de sus padres por un patio-, escuchó un alarido y acudió corriendo. “Me encontré con mi mamá tirada en el piso y mi papá sosteniéndole la cabeza. ‘Vení, quedate con tu mamá yo voy a buscar al doctor Venturini’ (que vivía al frente), me dice mi papá. Ella estaba helada, blanca y desvanecida. De pronto inspira profundo y suelta un brazo hacia un costado. Había muerto”, relata su hija.

Un vecino ayudó con su auto y la llevaron a la guardia del sanatorio Galeno. “Estaba pesadísima y rígida”, acota Eugenia. Los médicos trataban de volverla a la vida con técnicas de reanimación, pero ella ya no respiraba. Al cabo de unos 20 minutos, siempre según el relato de Eugenia, salió al pasillo del sanatorio el doctor Osvaldo Malmoria, jefe del servicio de Emergentología, y habló con la familia que esperaba afuera. “No hay esperanzas”, les informó.

Conmocionado y con lágrimas en los ojos, el esposo de Sofía, Leonardo Valdez, propuso: “opéreme a mí doctor, sáqueme el corazón y póngaselo a ella”. Eugenia, casi de rodillas, le suplicó: “siga reanimándola doctor. Nosotros estamos orando a la Madre Catalina”. En efecto, había un grupo de amigos que rezaba sin parar.

A los pocos minutos, el médico volvió a salir, pero con la paciente. ¡Urgente a la Unidad Coronaria! “Ha vuelto, ha vuelto!”, fue el escueto mensaje. Esa noche el grupo de amigos y vecinos repitió sin parar la oración a la Madre Catalina hasta el amanecer. Por la mañana, en el colegio de las Hermanas Esclavas, alumnas, docentes y hasta el personal auxiliar oraba sin cesar. En la primaria y en jardín de infantes las nenas cantaban “Mandarina, mandarina, mandarina, Señor haz el milagro por la Madre Catalina”.

¿Cuánto tiempo permaneció Sofía sin pulso, ni latidos ni respiración? Casi una hora cree Eugenia. Con voz ronca pero suave, Sofía, hoy de 79 años (tenía 59 cuando sucedió todo esto), narra su experiencia: “yo estaba en medio del campo. A ambos lados del camino había flores amarillas bellísimas, con un color brillante que nunca había visto. Sentía una paz inmensa, me sentía feliz. En mis oídos sonaba una música suave. Caminaba como guiada por una luz. Al final la veo a mi mamá, que había muerto el año anterior. Venía apurada, junto con un sobrino mío que había fallecido hacía dos años. Me mamá me toma del brazo, a la altura del codo, y mi sobrino del otro. ‘Vos no tenés que estar aquí, no es tu hora. Andate, andate...’, me apuraban”.

Sofía no sólo había vuelto a la vida, sino que además no quedó con ninguna secuela. En el sanatorio le pusieron un cardiodesfibrilador que va renovando cada tanto, pero su vida sigue siendo la misma. Si no fuera por los médicos que atestiguaron que fue un hecho extraordinario, ella pensaría que sólo se trató de un sueño. Y salvo por aquella sensación que la estremece, como si volviera a sentir los dedos suaves de su madre sobre la piel de sus codos: “andate, Sofía, todavía no es tu hora”.

La celebración 
CONCURRIRÁN DELEGACIONES DE TODA LA ARGENTINA 
La ceremonia de beatificación de la Madre Catalina de María Rodríguez se realizará el sábado 25, a las 10, en el predio del Bicentenario, frente a la Casa de Gobierno de Córdoba. El acto será presidido por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato. Participarán delegaciones de todo el país.
 
En la guardia 
Después de 35 minutos de reanimación volvió a la vida
“Recuerdo haber recibido a una paciente que evidentemente estaba muerta. Había sufrido un paro cardíaco unos 25 minutos antes de que yo la viese por primera vez” recuerda el doctor Osvaldo Malmoria, 20 años después de haber atendido a Sofía Acosta de Valdez en la guardia del sanatorio Galeno, en avenida Belgrano al 2.900. “Ante semejante diagnóstico no se justificaba la reanimación, pero por algún motivo que hasta hoy desconozco, inicié las maniobras. Lo hice durante un tiempo bastante prolongado, hasta que en un momento, mientras el equipo seguía trabajando, salí a informar a la familia que la paciente no estaba respondiendo”, relata el médico, que entonces tenía 40 años.
 “Alguien de la familia me pidió que la siguiera reanimando porque se había puesto en manos de la Madre Catalina, que en ese momento yo no sabía quién era. Levanté la vista y vi que había un grupo de personas rezando. Cuando volví observé que había comenzado la actividad cardíaca. Habían pasado 35 minutos desde que iniciamos la reanimación hasta que ella evidenció signos vitales -relata Malmoria-. Lo que más me asombra es el hecho de que la señora no haya quedado con ninguna secuela neurológica. Habitualmente, después de los seis minutos sin oxigenación un organismo queda con un daño cerebral irreversible”.
Producido el retorno de la actividad cardíaca, Sofía estuvo internada varios días con asistencia especializada. “Cuando comenzó a despertar, empezamos a notar que sus funciones cerebrales estaban conservadas. Estaba lúcida y absolutamente normal”, añade el médico.
Malmoria confiesa que esa experiencia le ha demandado varios años de reflexión. Le sorprende sentirse un instrumento. “Mis manos fueron las manos de Dios”, dice sin ocultar su emoción. Él es el actual jefe de Cirugía del hospital Avellaneda. 
 
El perito médico
el caso de Sofía Acosta es inexplicable para la ciencia
El neurólogo Raúl Federico Pelli Noble fue uno de los peritos médicos convocados por la Iglesia para certificar la veracidad del testimonio brindado por la familia y por los profesionales que atendieron a Sofía. “Me llamó el vicario judicial del Arzobispado de Córdoba, el padre Dante Simón, pidiéndome que intervenga en el caso. Llamé a la paciente, le hice un examen clínico neurológico y resultó normal, lo mismo que los estudios complementarios como tomografía y tomografía computada de cerebro. Sorprendentemente, a pesar de que estuvo un tiempo prolongado sin actividad respiratoria a causa de una muerte súbita, los estudios no mostraron alteraciones. No hay secuelas”, explica el médico.
“El oxígeno es básico para el cerebro. En condiciones normales, si una persona está cuatro o cinco minutos sin respirar el tejido nervioso entra en necrosis. En este caso la paciente estuvo más de media hora sin actividad cardíaca, es imposible que no tenga secuelas. Para la ciencia no hay explicación”, certificó.

> La celebración 
Concurrirán delegaciones de toda la argentina

La ceremonia de beatificación de la Madre Catalina de María Rodríguez se realizará el sábado 25, a las 10, en el predio del Bicentenario, frente a la Casa de Gobierno de Córdoba. El acto será presidido por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato. Participarán delegaciones de todo el país. En la guardia 
Después de 35 minutos de reanimación volvió a la vida
“Recuerdo haber recibido a una paciente que evidentemente estaba muerta. Había sufrido un paro cardíaco unos 25 minutos antes de que yo la viese por primera vez” recuerda el doctor Osvaldo Malmoria, 20 años después de haber atendido a Sofía Acosta de Valdez en la guardia del sanatorio Galeno, en avenida Belgrano al 2.900. “Ante semejante diagnóstico no se justificaba la reanimación, pero por algún motivo que hasta hoy desconozco, inicié las maniobras. Lo hice durante un tiempo bastante prolongado, hasta que en un momento, mientras el equipo seguía trabajando, salí a informar a la familia que la paciente no estaba respondiendo”, relata el médico, que entonces tenía 40 años.
 “Alguien de la familia me pidió que la siguiera reanimando porque se había puesto en manos de la Madre Catalina, que en ese momento yo no sabía quién era. Levanté la vista y vi que había un grupo de personas rezando. Cuando volví observé que había comenzado la actividad cardíaca. Habían pasado 35 minutos desde que iniciamos la reanimación hasta que ella evidenció signos vitales -relata Malmoria-. Lo que más me asombra es el hecho de que la señora no haya quedado con ninguna secuela neurológica. Habitualmente, después de los seis minutos sin oxigenación un organismo queda con un daño cerebral irreversible”.
Producido el retorno de la actividad cardíaca, Sofía estuvo internada varios días con asistencia especializada. “Cuando comenzó a despertar, empezamos a notar que sus funciones cerebrales estaban conservadas. Estaba lúcida y absolutamente normal”, añade el médico.
Malmoria confiesa que esa experiencia le ha demandado varios años de reflexión. Le sorprende sentirse un instrumento. “Mis manos fueron las manos de Dios”, dice sin ocultar su emoción. Él es el actual jefe de Cirugía del hospital Avellaneda. 

> El perito médico
El caso de Sofía Acosta es inexplicable para la ciencia

El neurólogo Raúl Federico Pelli Noble fue uno de los peritos médicos convocados por la Iglesia para certificar la veracidad del testimonio brindado por la familia y por los profesionales que atendieron a Sofía. “Me llamó el vicario judicial del Arzobispado de Córdoba, el padre Dante Simón, pidiéndome que intervenga en el caso. Llamé a la paciente, le hice un examen clínico neurológico y resultó normal, lo mismo que los estudios complementarios como tomografía y tomografía computada de cerebro. Sorprendentemente, a pesar de que estuvo un tiempo prolongado sin actividad respiratoria a causa de una muerte súbita, los estudios no mostraron alteraciones. No hay secuelas”, explica el médico.
“El oxígeno es básico para el cerebro. En condiciones normales, si una persona está cuatro o cinco minutos sin respirar el tejido nervioso entra en necrosis. En este caso la paciente estuvo más de media hora sin actividad cardíaca, es imposible que no tenga secuelas. Para la ciencia no hay explicación”, certificó.

> PUNTO DE VISTA

El buen Dios ve lo que será mejor para nosotros 

Silvia Somare | Religiosa

 A veces nos acostumbramos demasiado al delivery, a las respuestas inmediatas, a las soluciones concretas. Estas situaciones atentan contra la paciencia, la confianza, y atontan nuestro corazón. El milagro que permitirá a la madre Catalina ser beata presenta a simple vista la fuerza intercesora de esta mujer y pude llegar a hacernos creer que es todopoderosa y que no falla. Por eso quizás, ante pedidos válidos y buenos que no han sido cumplidos surgen la culpa, la duda, el enojo, la decepción. Y es natural que pase.

Cuando presentamos a Madre Catalina como la  intercesora que es, no debe fallar la convicción de que el Buen Dios, en su infinita misericordia, ve lo que es mejor para todos, aunque para nosotros sea lo opuesto al deseo. Debemos pedir con todo nuestro corazón confiando en que será lo mejor y si no se da, no es por errores en el rezo o en la intención, ni por fallas de Catalina o maldad de Dios. Estas situaciones límite que buscan un resultado deseado también tienen otros resultados que no son buscados; nos hacen crecer en fraternidad, en experiencias profundas de conocimiento propio y de los demás.



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