Señales sin codificar

13 Nov 2017

Juan Manzur esperaba cerrar la semana de otra manera. El gobernador había iniciado su periplo porteño con muchas expectativas, muchas de las cuales se fueron diluyendo con el correr de los días. Al punto que de las reuniones que mantuvo con funcionarios nacionales apenas se llevó la certeza de que está lejos de recibir un trato amable, o de pretender alguna deferencia del macrismo. Por el contrario, el Gobierno nacional no tiene ningún interés en reencauzar la relación con el tucumano, más allá de sostener un contacto institucional.

Es probable que en las próximas horas surjan novedades de la Casa Rosada respecto de una marcha atrás o de una modificación de la baja en el precio del bioetanol. Pero ese anuncio lejos está de responder a los planteos mediáticos del tucumano. En todo caso, obedecerá a la movida de industriales del azúcar ante los funcionarios y a las consultas que los propios ministros del Poder Ejecutivo Nacional realizaron en los últimos días. Varias de esas llamadas, por ejemplo, tuvieron como protagonista directo al jefe de Gabinete, Marcos Peña. El hombre más cercano al presidente Mauricio Macri se encargó en persona de sondear cuál era el ánimo en la región ante las dos medidas previstas (al bioetanol se suma el aumento tributario a las bebidas azucaradas). Y la respuesta mayoritaria que recibió fue que la gran preocupación se centraba en el precio del bioetanol y al cambio en las reglas de juego pautadas. A Manzur, por caso, Peña no le preguntó absolutamente nada. Sí lo hizo, en cambio, con el jujeño Gerardo Morales, provincia a la que también afectan estas disposiciones. La única ventaja para el tucumano es que, a su lado, presiona un gigante como Coca Cola.

El malestar de la Quinta de Olivos con Manzur no es nuevo, pero tiende a profundizarse a medida que avanza la gestión. Entre los funcionarios del PEN no cayó para nada bien que el ex ministro de Salud de Cristina Fernández de Kirchner haya palanqueado el rechazo a las reformas laborales junto a la CGT. En particular, por esa cena a la que asistió el miércoles junto al senador Miguel Pichetto y en la que se habló muy mal de los proyectos de la Rosada.

Pero la tensión alcanzó su pico el viernes, luego de que el gobernador le arrebatara la conducción del Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán al intendente Germán Alfaro. Esta vez no fue Peña el que levantó el teléfono, pero sí lo hicieron el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; y el secretario del área, Sebastián García de Luca. El viceministro se comunicó directamente con el peronista para expresarle su respaldo político, y lo hizo público en una entrevista que concedió a LA GACETA. Detalle, por cierto, no menor e inédito: desde hace meses otros intendentes “puros” de Cambiemos, como Roberto Sánchez -en Concepción- y Mariano Campero -en Yerba Buena- padecen conflictos institucionales en sus ciudades; sin embargo, nunca hubo un pronunciamiento de la Nación. De Luca, que trasmite el pensamiento de Frigerio, afirmó que Manzur rompió uno de los códigos de la política al imponer a Armando Cortalezzi como presidente del Concejo, y dejó en claro que esa situación les preocupaba. Más allá de las cuidadas palabras del viceministro, es evidente que esa movida de Manzur no será pasada por alto en la Rosada y que, en consecuencia, repercutirá aún más en la ya deteriorada relación entre la Nación y la Provincia.

No sólo en Buenos Aires siguieron con atención los pasos del gobernador. Dentro del oficialismo también se mostraron sorprendidos por la avanzada del hombre que siempre ríe. Principalmente, porque neutralizó las arremetidas de José Alperovich pero también las de su compañero de fórmula, Osvaldo Jaldo. Y ese sí que es un dato sorpresivo. El vicegobernador venía disputándose el manejo del Concejo con el senador, aunque Manzur se mostraba prescindente. De sopetón, les puso un nombre propio para frenarlos.

En Casa de Gobierno coinciden en que el titular del Poder Ejecutivo venía algo dolido porque el tranqueño no le había siquiera comentado que iba a modificar la estructura de poder -y de sucesión provincial- en la Legislatura. Manzur y Jaldo tienen una relación particular: dan señales de solidez, pero están lejos de decirse de antemano las cosas importantes. Por caso, con Jaldo toda la semana afuera, Manzur avanzó en el rearmado de su gabinete y dispuso que a la Caja Popular, en lugar de Cortalezzi, fuera Julio Dip. Se trata de un hombre que compartió la conducción del organismo con Francisco Sassi Colombres, en pleno apogeo del alperovichismo. Otra señal que contradice los indicios de emancipación que de a ratos ventila el manzurismo.

La semana que pasó también dejó algunos movimientos dentro de Cambiemos. En especial, porque de las reuniones en Buenos Aires surgió ya una suerte de ultimátum a los díscolos de la coalición. Aunque no hubo tirón de orejas, sí hubo menciones puntuales para Domingo Amaya y para Silvia Elías de Pérez, dos de los referentes que más reticencia mostraron en este 2017: el secretario de Vivienda de la Nación, por sus apetencias de disputarle el liderazgo a José Cano; y la senadora radical, porque se rehúsa a compartir cualquier evento con el peronista Alfaro. Por lo que se ve, el año político bajó sus persianas al público luego de los comicios de octubre, pero puertas adentro comenzarán a intensificarse las rencillas internas de cada espacio.

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