El abandono de la Primera Confitería de San Javier

13 Nov 2017

Indiferencia, incompetencia, desamor por lo propio, intereses desencontrados, falta de visión de futuro, sean quizás algunas de las causas por las que descuidamos el patrimonio arquitectónico y en muchos casos, se lo condena a la extinción. Inmuebles con valor histórico o arquitectónico (algunos diseñados por el destacado arquitecto Eduardo Sacriste) o construcciones emblemáticas como la Confitería del Lago, cuyo techo paraboloide hiperbólico se distinguía en el parque 9 de Julio, fueron víctimas de la piqueta tiempo atrás. Otras yacen en un estado de abandono penoso como sucede con la Primera Confitería de San Javier, que desde hace varios lustros se debate en la agonía.

En nuestra edición de ayer le dedicamos un importante espacio a este lugar que tuvo sus momentos de esplendor. Para los tucumanos era la posibilidad de pasar un grato momento rodeado de la salvaje vegetación. Era el paseo acostumbrado de muchas familias durante el fin de semana.

Desde la década de 1990, su destino es la muerte lenta, pese a que a que hubo algunos proyectos de restaurarla y devolverla activamente a la vida, incluso con un destino turístico. El titular del Ente Tucumán Turismo desea que el inmueble sea desafectado de la ley de patrimonio N° 7.535. “Cada vez que aparece un inversor, acaba desistiendo porque se le prohíbe que voltee las paredes. Pero lo que queda en pie no sirve”, dijo. Sin embargo, la responsable de la Dirección de Patrimonios sostiene que para ponerlo en valor, sea necesario desafectarlo de la norma. Afirma que confitería es representativa de la arquitectura que se desarrolló en Tucumán entre las décadas del 30 y 40; se trata de una versión del estilo arquitectónico californiano, que se refleja en las tejas, los muros blancos, carpinterías de maderas y los porches formaban parte de esa corriente. El chalet original debería ser restaurado se restaure el chalet original; el techo de tejas está derribado y los pisos de cerámico colorado requieren un reemplazo total, según se indica en un documento, para cuya elaboración participaron representantes de tres universidades y de la Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos.

En 1936, durante la gobernación de Miguel Campero, por la ley 1672, se expropiaron 2.000 hectáreas del cerro San Javier para erigir una villa. El 19 de agosto de 1937 se abrió la licitación para hacer el camino. Un año después se inauguró el primer tramo asfaltado hasta la Primera Confitería que fue inaugurada el 22 de mayo de 1938, con el nombre de Parque Aconquija; luego de un período de declinación, fue clausurada en 1990.

Parece increíble que en 27 años no haya habido un interés verdadero en reflotar este lugar de encuentro, enclavado en un vergel y que se lo haya abandonado a la lenta destrucción del tiempo. ¿Se debe destruir el patrimonio para interesar a los inversores? ¿De otro modo no es posible? Una conocida estrategia con fines inmobiliarios es abandonar a su suerte un inmueble histórico que pertenezca al Estado y cuando su deterioro llegue a su máxima expresión, no habrá otro camino que voltearlo. Posiblemente, los rosarinos, los cordobeses, le habrían devuelto a esta pequeña joya su valor. Mientras en otros lugares el patrimonio arquitectónico es orgullo de sus habitantes -si lo sabrán los europeos-, en el Tucumán de los últimos lustros, en nombre del progreso, se han demolido casas valiosas, minando así la identidad.

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