Jornada de Ernibike: sonrisas sobre ruedas

La alegría fue la ganadora en la jornada deportiva que ayer vivieron 10 chicos con discapacidad motora severa. El encuentro nacional se realizó en el complejo Belgrano, donde las familias de los niños y jóvenes disfrutaron de una hamburgueseada. Todos compitieron con bicicletas terapéruticas.

13 Nov 2017

Aunque lo amaba con toda su alma, Dora Roldán jamás le preguntaba a su nieto qué quería que le regalase para su cumpleaños. Desde que aprendió a hablar, Elías pedía que le compren una bici. Cada vez que lo escuchaba, Dora sentía un puñal en el corazón. El niño hacía nacido con mielomeningocele, una anomalía en la columna vertebral, e hidrocefalia. Hasta que un día, en Facebook, Dora encontró una luz de esperanza. En Tucumán alguien había creado una bicicleta muy especial, que permitía llevar a una persona cuadripléjica en una silla de ruedas. De inmediato, ella y su marido se pusieron en contacto y se largaron desde Buenos Aires a Tucumán. Cuando Elías, de siete años, se sentó por primera vez en esa “bici” no lo podía creer. Miró a su abuela y le dijo: “abu, este es el día más feliz de mi vida”.

Ayer toda la familia de Elías vino a acompañar a su “campeón” a participar del Encuentro Nacional de Ernibike, que se realizó en el complejo Belgrano. El objetivo de la jornada era fomentar la inclusión social y deportiva de personas con discapacidad motora y cerebral. Ernibike es una bicicleta terapéutica que posee dos cajas pedaleras, una silla postural que va adelante, con el paciente, y otra atrás con un adulto que hace toda la fuerza de movilidad. El paciente también pedalea y eso lo ayuda a estimular la musculatura y la circulación sanguínea, a la vez que se divierte y pasea.

ERNESTITO, EL INSPIRADOR DE LA ERNIBIKE (de allí el nombre de la bici terapéutica). Conducido por su hermana Mili, Ernestito Aráoz disfruta de la jornada deportiva.

La jornada fue organizada por las fundaciones Saber Ver y Vencer y por Diego Blas, creador de la Ernibike. La bicicleta se llama así en honor a Ernestito Aráoz, un niño con parálisis cerebral, que conquistó el corazón del joven ingeniero.

Ernestito tiene 15 años y una familia que lo alienta a superarse cada día. “Nació prematuro y un coágulo se le fue a la cabeza. Sufre una combinación de hipotonía en el tronco e hipertonía en miembros superiores e inferiores”, explica Claudia, su mamá. “Ernestito siempre tuvo muchas actividades, hidroterapia, equinoterapia... pero nunca puede compartir con otros, con amigos, porque siempre está con el terapista o el estimulador. La bici, en cambio, le permite disfrutar con su familia, con sus hermanos - las melli y Evaristo - su papá o yo. Uno lo mira por el espejito de la bici y se le nota la alegría que siente”, dice emocionada. Ernestito, con picardía, va midiendo la fuerza con la que lo lleva cada uno. “El papá me lleva mejor que vos”, le dice a Mili. Cuando se cansa de pedalear se queda muy feliz, disfrutando del paseo.

Fueron 10 chicos con distintas dificultades motrices los que participaron de la “competencia” donde cada uno trataba de superarse a sí mismo, no había contrincantes. Comenzaron con una vuelta olímpica alrededor de la pista y luego cada uno trató de vencer distintos obstáculos. Al encuentro deportivo asistieron familias completas con abuelos, novios, tíos y madrinas, además de los padres y los hermanos de cada competidor. Muchos se ubicaban a la orilla de la pista y los alentaban desde allí. A Ernestito le habían dicho que no era una competencia. Quizás por eso, le decía a Mili, su hermana, que no avancen tan rápido, que lo esperen a otro chico que venía por detrás. No quería dejarlo solo.

Atrás venía Francisco, de siete años, con su tío Javier. Su papá, José Fernando Sánchez, recién operado de la vesícula, no podía pedalear, pero lo alentaba desde el costado de la pista junto a su esposa y a otros familiares. Francisco era pura risa. “No puedo expresar con palabras la alegría que siente mi hijo cuando sabe que va a salir en su bici”, cuenta José, que vive en la ciudad de La Banda, Santiago del Estero. En su pueblo ya todos lo conocen y lo saludan cuando sale a pasear a diario.

“A la segunda semana ya comenzamos a ver los resultados. Se tonificaron sus músculos, aumentó su grado de conexión con los demás (Francisco tiene autismo). Ahora ya logra permanecer parado por más tiempo y está comenzando a hacer sus primeros pasos solo”, cuenta José.

Al mediodía todas las familias comieron hamburguesas y compartieron una convivencia familiar inédita. Después todos recibieron diplomas y medallas. Un señor muy emocionado que miraba cómo se divertían los chicos anunció que compraría una Ernibike para obsequiarla a una familia de escasos recursos.

LA DAMA DE ROSA. La joven Andrea González Romero mostró toda su simpatía junto a sus amigos. 

Para José, el de ayer fue uno de los días más felices de su vida. “Antes de que Francisco naciera yo soñaba con tener un hijo varón, me imaginaba jugando a la pelota y paseando en bici con él. Pero Dios eligió otra cosa para mí, me dio un hijo especial. La vida nos cambia los sueños. Así que después ya soñaba con encontrar una bici que me permitiera llevarlo a todas partes, hasta que la encontré”, relata. Ayer José pudo disfrutar con su hijo de un día de sol, al aire libre, como tantas veces lo había soñado.

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