El titiritero está vivo

Las discusiones por dirimir el poder interno de la provincia impiden a los políticos tucumanos encontrar interlocutores válidos para que a nivel nacional se encuentren consensos ante los problemas que vienen asomando

12 Nov 2017

Los próximos siete días serán para alquilar balcones.

Durante la semana, posiblemente el jueves, el intendente de esta Capital, Germán Alfaro, viaje a Buenos Aires para reunirse con autoridades nacionales. Eso significa que Armando Cortalezzi será el “Lord mayor” de Tucumán mientras dure la ausencia de Alfaro.

Lo que debería ser una simple y común sucesión se va a convertir en una cuestión de Estado. ¿Alfaro va a ceder su despacho? Ramón Ortega y Antonio Bussi cuando fueron gobernadores no podían viajar tranquilos por las iniquidades que les hacían Julio Díaz, Lozano, Raúl Topa, Enrique Pedicone y otros políticos que debían sucederlos en el poder ante sus ausencias. Los despachos quedaban cerrados y los ministros perdían las lapiceras de manera que nada se alterara. No se descarta que algo parecido pueda ocurrir en la intendencia capitalina.

Para ocupar el sillón más alto del Concejo Cortalezzi tuvo que acordar con Ricardo Bussi, quien cosechará su siembra en el tiempo venidero. El bussismo no sólo se sentó a conversar y acordar con los peronistas. También sorprendió al rechazar la posibilidad de que un hombre de su partido estuviera en la conducción del Concejo tal cual se mocionó en el recinto. El acuerdo había sido sellado con sólido pegamento.

La elección ratificó que el ex gobernador de la provincia, José Alperovich, no estaba muerto políticamente. Puso para incomodar a Alfaro a un jugador que siempre le respondió incondicionalmente. Lo curioso es que tanto Juan Manzur y Osvaldo Jaldo hayan avalado esta movida del titiritero radical devenido peronista kirchnerista, cuando las señales que venían dando eran las de tomar distancia de Alperovich.

Jaldo se tomó el buque y sigue a la distancia los movimientos de sus dos socios (o rivales) en el poder tucumano. Él había confiado a sus adláteres que quería que María Belén Cruzado Sánchez fuera presidenta del Concejo y quedó relegada a la vicepresidencia primera, detrás del joven José Franco, desertor de las huestes alfaristas.

Demasiadas preguntas lo esperan a su regreso de las vacaciones a Jaldo. Alperovich y Manzur querrían que les expliquen por qué la mesa legislativa tiene forma de armado electoral. Jaldo, apenas terminaron los comicios, cambió la conducción de la Legislatura y puso a Fernando Juri y a Antonio Ruiz Olivares al frente del cuerpo. No obstante, Juri es un referente del peronismo de Capital, Ruiz Olivares fue de los más votados en el oeste y Jaldo es indiscutido líder del Este.

A esta decisión le siguió la nueva composición de la Corte, que terminó siendo conducida por un hombre que creció políticamente de la mano de José como es Daniel Posse. Pero antes de la elección se curaron las sempiternas heridas entre Antonio Estofán, Claudia Sbdar y Posse. Los tres fueron designados por Alperovich oportunamente. Incluso dos fueron funcionarios de la gestión de ex gobernador. Si bien Sbdar no estuvo en el gabinete de Alperovich, si llegó a ese pedestal su hijo.

Apenas pise tierra tucumana, Jaldo deberá responder si asumirá como diputado nacional. Esa respuesta que ya hizo hacer papelones a algún profesor de derecho Constitucional, es decisiva para la distribución del poder. Si asume, tendrá que renunciar a la decisión popular de que sea el vicegobernador de la provincia. Hay quienes andan organizándole un acto para que el día de la militancia peronista (el próximo viernes) le pidan que se quede en Tucumán y que, por lo tanto, no sea diputado.

Mientras Pablo Yedlin anda eligiendo el saco para jurar en Diputados (ocuparía el cargo de Jaldo), el vicegobernador espera despejar una incógnita de su ecuación de poder. Es que Jaldo no logra salir del asombro y se pregunta por qué Manzur le ha dado tantas libertades a Alperovich. No sólo les dio juego libre a sus caprichos para la designación de autoridades en el Concejo de Capital sino que también le habría repartido cartas para que el senador decida quiénes ocuparán las vacantes en los sillones de juez de paz en más de una docena de comunas.

Manzur y Jaldo van a tener que mirarse a la cara para confirmar si es que siguen confiando el uno en el otro con vistas a la continuidad del poder en 2019. De lo contrario, Jaldo ya podría estar pensando en la fórmula JJ para esa oportunidad. Es decir recurrir a Juri si es que ve que Alperovich y Manzur han decidido dejarlo a un costado de la banquina electoral.

Veto

Esta semana también Alfaro va a tener que definir si veta el aumento presupuestario que se dieron los concejales. El intendente ya habría dado órdenes para que se fundamente un veto parcial. Eso implica aprobar el presupuesto y poner a revisar sólo aquellos números que competen al cuerpo legislativo. El intendente se apoyaría en diferentes argumentos, pero hay uno político que le resulta ineludible: que el Presidente de la Nación pide la reducción del gasto político, algo que no ocurre en la Provincia.

Atraso

En las próximas horas también, el gobernador tucumano deberá convencer a las autoridades nacionales de que a él se le fue la mano en la campaña electoral pero sigue respetando al gobierno nacional. Sus exabruptos (desaire al Presidente, abucheos a la vicepresidenta y tratar de ebrios a los que votan por Macri) lo están dejando como un gobernador con reflejos lentos. Mientras otros mandatarios van desanudando los problemas impositivos de los proyectos, el tucumano le sigue rezando a la virgen desatanudos para que los que viven de las principales industrias de la provincia (azúcar y citrus) no lo terminen abucheando.

¿Quién podrá defenderme?

Tucumán llega a fines de año sin interlocutores válidos para dirimir los problemas que le aparecen en el horizonte. Desde Cambiemos se ha buscado justificar las decisiones del gobierno nacional. Hay dirigentes que aseguran que los beneficios otorgados a la industria azucarera a través del bioetanol sirvieron para favorecer a unos cuantos y no para derramar beneficios o para realizar inversiones que ayuden en el futuro.

En la provincia las discusiones y los prejuicios ganan más espacios que los consensos y la búsqueda de encuentros. Hasta cuando se designan jueces se piensa en el buen o mal comportamiento que se tuvo con el poder antes que en la idoneidad de la persona que va a juzgar la conducta de una sociedad. Así ha quedado claro con las últimas designaciones (o con las que no se hacen) de los magistrados por parte del Poder Ejecutivo provincial.

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