La guía práctica de Unicef para los padres

12 Nov 2017

Se halla en los genes y está presente bajo distintos ropajes en las relaciones humanas. No siempre es empleo la fuerza y la intimidación para conseguir algo. Puede ser solapada o indirecta, basada en la manipulación, el acoso psicológico es bastante frecuente. “La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve”, sostenía el líder pacifista Martin Luther King. Existe una cultura de la violencia reflejada en la guerras, pero también en la humillación, la explotación... la miseria es una forma de violencia. Y una buena dosis de la agresión proviene del mismo hogar. Según un relevamiento, en nuestro país, los métodos de disciplina violenta, que incluyen castigos físicos y maltrato psicológico, afectan a siete de cada 10 chicos, de entre 2 y 4 años.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ha difundido en estos días el estudio global “Una situación habitual: violencia en las vidas de los niños y los adolescentes” y divulgó una “Guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos”, de 96 páginas. Uno de los capítulos del trabajo analiza el empleo de métodos de disciplina violentos. En la Argentina, más del 95% de los adultos cree que los chicos no deben ser castigados físicamente. Sin embargo, en el 70% de los hogares se aplica la violencia física o verbal, tales como el zamarreo, chirlos, cachetadas, golpes y gritos. En sólo tres de cada 10 hogares puede celebrar una infancia sin violencia. En el 63% de estos se utiliza la agresión verbal, en el 40% el castigo físico y en un 10% castigos físicos severos.

La guía aconseja a los adultos evitar agredirlos verbalmente: insultarlos, burlarse, despreciarlos, desvalorizarlos, avergonzarlos en público; amenazarlos con castigos que producen miedo; amenazar con abandonarlos; exponer situaciones adultas delante de ellos; amenazarlos con que no se lo va a querer más por lo que hicieron; no ser coherentes entre los adultos respecto de lo que se les dice; exigirles que cumplan funciones u obedezcan órdenes para las cuales aún no están preparados; culpabilizarlos por situaciones o acciones entre los adultos.

Seguramente, los consejos de esta guía bienintencionada suscitarán debates. Hace un par de años, el papa Francisco contó una historia personal. “Yo estaba en la preadolescencia, tenía unos 10 u 11 años, y la maestra no recuerdo qué dijo y yo largué un término que no correspondía. Y me escuchó. Cuando salimos al recreo me dijo: ‘eso no se dice, así que te voy a mandar una nota para que venga tu mamá mañana’. Mi mamá fue, la maestra salió del aula y me mandaron a llamar. Y mi mamá muy tranquila me comentó: ‘lo que le dijiste a la maestra no se dice, ella trabaja para enseñarte, para hacerte hombre, así que pedile perdón’. Así lo hice, me dio un beso y me dijo que volviera al aula. Y un poco dije, ‘ya está, la pasé’. Pero ese fue el primer capítulo, el segundo fue cuando llegué a casa. Ahí sí cobré lindo”, relató. El pontífice admitió que los métodos de castigo cambiaron y que hay otra sensibilidad; acotó que “en aquella época te daban dos cachetazos y listo”.

Pegar un chirlo, dar un mechonazo o un empujón son acciones de violencia. El golpe refleja una dificultad en la comunicación y se busca intimidar a través de la coerción. En cualquier contexto, golpear es humillar, aplastar al otro, ejercer el poder del más fuerte. El hecho de no acudir a la violencia física para educar, no significa que los padres no deban ponerles límites a los chicos. Hay diversas formas de hacerlo sin recurrir a la agresión corporal. Pueden hacerlo a través del diálogo, la paciencia y el ejemplo, pero también debe existir la sanción que no necesariamente debe pasar por el golpe o el insulto. La guía de la Unicef es un buen punto de partida para educar por la paz, no sólo en el hogar, sino también en las escuelas. A mayor educación, menos violencia, menos miedo, más tolerancia y amor.

Comentarios