Los apóstoles de Manzur

12 Nov 2017
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Macri les “devolvió” lo que les quitó de palabra y prometió aplacar los embates judiciales de Vidal para evitar una merma de recursos coparticipables que aún no está resuelta. Para algunos mandatarios provinciales eso fue más que suficiente; unos festejaron con vino, otros brindaron con cerveza. Aceptaron jugar en la mesa reformista que propone el Gobierno nacional; lo que el Presidente quería. Pero Tucumán no obtuvo lo suyo el jueves en la Casa Rosada. No hubo dulces. ¿Es para sospechar con un posible destrato político hacia una provincia de signo político distinto?

Si bien la mayoría de los gobernadores respiraron aliviados ante los compromisos asumidos por el poder central y pese a que no hubo respuestas positivas sobre la reducción del precio del bioetanol dispuesta por el poder central, Manzur regresó también esbozando una sonrisa. En las charlas que mantuvo con el Presidente, con Frigerio y con Dujovne le anticiparon que entre mañana y el martes le responderían respecto de la propuesta que les arrojó sobre la mesa: que con la zafra en curso no introduzcan ninguna modificación y que en los meses por venir se analicen los números y las consecuencias de la iniciativa nacional.

El gobernador planteó que no cambien el caballo a mitad del río. Confía en la buena predisposición que creyó ver en las autoridades nacionales para terminar celebrando de la misma forma que los vitivinícolas y que los cerveceros (cuyas producciones no tendrán aumentos de impuestos internos en la reforma tributaria), aunque sabe que todo el paquete de cambios que impulsa el macrismo provocará a arduas negociaciones. Porque en el fondo de lo que se está hablando es de alterar paradigmas de gestión económica. Manzur no ve presiones o malestar político de parte del Gobierno nacional contra él como para interpretar en esa línea de acción la ausencia de una respuesta favorable para Tucumán durante el plenario con los mandatarios. Optimismo le dicen.

Ninguna rareza

El titular del Poder Ejecutivo sólo observa “buenos gestos” desde Cambiemos cuando se le consulta sobre su relación con la Nación. En ese marco interpreta el compromiso político para que Buenos Aires desista de su planteo en la Corte Suprema de Justicia en contra del Fondo del Conurbano a cambio de una recomposición de fondos para engrosar las arcas de María Eugenia Vidal. La bonaerense, que va camino a opacar a otras mujeres dirigentes en el plano nacional, apostó lo que no tenía y está cerca de lograr lo que pretendía sin necesidad de esperar una decisión judicial, que podía ser adversa. Además, el acuerdo lleva tranquilidad a la Corte que mira cómo la política resuelve sus propios problemas, sacándole una pesada mochila.

Manzur no ve nada raro de parte de la Nación en contra de Tucumán. Confía. Ni siquiera cree que lo miren con desconfianza por su reunión con los popes de la CGT nacional, con los que mantiene muy buenas relaciones desde su paso por el Ministerio de Salud de la Nación. Menos cuando un día antes, los cegetistas habían conversado con su par sanjuanino, Sergio Uñac. “Son conversaciones normales y de intercambio de visiones”, dice. Sin embargo no puede confiarse en demasía; el macrismo le viene marcando a cancha cada vez que alude a una reforma electoral y a adhesiones a las leyes de transparencia de la gestión pública.

Si bien el mandatario espera que la Nación le regale una sonrisa por el lado del bioetanol, tiene otro motivo para celebrar, pero ya en el terreno local. Lentamente va armando su equipo de apóstoles en Tucumán. El último en incorporarse al plantel en formación fue Armando Cortalezzi quien, tras ser electo para presidir el Concejo Deliberante de la capital, contestó sin dudar que le responde a Manzur. Lo dijo ante la consulta sobre si era un hombre del gobernador o de Alperovich, que fue quien lo llevó a la presidencia de la Caja Popular de Ahorros. “Negó a Alperovich”, dijo un referente capitalino para valorar la respuesta política. Con Cortalezzi al frente del CD, el titular del Poder Ejecutivo no sólo se anota una victoria sobre el intendente de la ciudad sino que, además, avanza en un posible reordenamiento interno del peronismo tucumano que desde hace un par de años está enfrascado en la búsqueda de un líder definitivo.

“Efecto Jaldo”

La movida capitalina del PJ se cerró el martes a la noche en la casa del presidente electo del cuerpo legisferante. Por allí se apareció Manzur y tras más de tres horas de deliberaciones se jugó por Cortalezzi para cerrar varias grietas y abrir, imprevistamente, nuevas opciones de conducción en el justicialismo. Por un lado, puso fin al debate interno sobre los candidatos para reemplazar a Javier Aybar. “Todos querían ser”, confió un conocedor de los pormenores de la designación, precisando que la elección destrabó un conflicto puertas adentro. Es que Alperovich habría sostenido a Dante Loza y Guillermo Gassenbauer a Juan Luis Pérez. El mandatario finalmente señaló al ex presidente de la CPA y provocó un “efecto Jaldo” -unir a todos bajo una misma propuesta para consolidar la postulación-. La jugada les salió bien porque además de la “unidad en la acción” contaron con el apoyo de los dos ediles bussistas. Bussi le pasó facturas a Alfaro al justificar su voto. Entre ellos hay diferencias irreconciliables, que van más allá de lo ideológico.

Sonrió Manzur, pero también lo hizo Jaldo, al tanto de lo resuelto. El vicegobernador, además, logró darse un gusto personal. Cuando cambió la mesa de conducción de la Legislatura lo hizo en reacción a supuestas maniobras en el oficialismo que perjudicaron a la lista del Frente Justicialista por Tucumán. Envió mensajes a la espera de que unos se anoticiaran sobre sus intenciones y de que otros asumieran prontas definiciones para ver dónde estaba parado y en quiénes puede confiar. Manzur reaccionó y mostró sus primeras cartas. Dio a entender que pretendería terciar en lo que venga para alivio de su compañero de fórmula. Está convocando y sumando apóstoles para una posible causa propia. “Pocos, pero fieles”, se sinceró un colaborador del mandatario. Es posible que se produzcan cortocircuitos en la cúpula del poder oficialista. “Habrá chisporroteos”, es la frase que se empezó a escuchar en el peronismo por estos días. Significa que habrá cambios de piezas, o apuestas a nuevos apóstoles. Cuidado con los Judas, advertiría más de uno, más en serio que en broma.

Acomodándose

Los procesos de renovación de autoridades de ambos cuerpos legisferantes no fueron actos concatenados ni programados estratégicamente desde el oficialismo; fueron consecuencia de decisiones desconectadas entre sí pero con un común denominador: advertir y horadar a los poderes constituidos, tanto políticos como institucionales. Sin embargo, los efectos de ambos sucesos pueden reacomodar jugadores en el peronismo por diferentes caminos. En ese marco, los apóstoles que bendice Manzur tal vez se conviertan en las nuevas piezas para una trama de poder a futuro en el oficialismo. Cortalezzi no llegó al CD sólo para presidirlo, sino para jugar en una liga mayor.

Al margen de las secuelas en el peronismo, la movida de los ediles capitalinos del PJ le pegó directo al jefe municipal que, en adelante, está condenado a mirar con desconfianza la sociedad política armada entre peronistas y bussistas en el Concejo. Alfaro quedó en medio de la gestión provincial manzurista y un cuerpo legislativo de tendencia neomanzurista. Uno más uno igual a trabas en su gestión. Podrá sortear los obstáculos afianzando el vínculo directo con el Gobierno nacional para obtener alivios económicos que le permitan escapar a sobresaltos. Le sacaron los “superpoderes”. Sin embargo, Alfaro sigue siendo el adversario político más peligroso para el PJ tucumano. Por ahora decidieron incomodarlo.

Entre dos fuegos, al intendente le queda el auxilio del Gobierno nacional, que ya supo hacerle llegar dinero en concepto de Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Un oxígeno necesario para las arcas municipales y que podrá reclamar al amparo del esfuerzo electoral que hizo para conseguir un empate sobre la hora en cantidad de bancas de diputados nacionales con el oficialismo. A los fines políticos, los ATN blanquean las buenas y malas relaciones institucionales entre las administraciones nacionales -que los conceden- y las provinciales, municipales y comunales; que resultan beneficiadas.

Salvando a los propios

Entre 1991 y 2016, por ejemplo, Tucumán recibió 352 ATN, por un monto total de $ 368 millones. En la gestión provincial que más aportes se registraron desde la Nación -en cuanto a cantidad de ATN y no de recursos- fue en la de Antonio Bussi (1995-1999): 139 fueron las resoluciones dictadas por el Gobierno nacional, cuyo color político (PJ) era distinto al de la administración provincial (FR). La mayoría de esos dineros fueron aparar en municipios y en comunas rurales afines al peronismo, porque eran gestionadas directamente ante el poder central por dirigentes del PJ. O sea, se puenteaba a la gestión bussista.

El esquema puede repetirse con la intendencia capitalina y las de Yerba Buena y Concepción, manejadas por referentes de Cambiemos. Macri las puede salvar de eventuales ahogos con esta vía de ayuda discrecional. En 2016, hubo cinco ATN para Tucumán, dos para la Capital ($ 25 millones y $ 40 millones), dos para el Poder Ejecutivo (ambos de $ 12,5 millones) y uno para Concepción ($ 4 millones).

Vayan como detalles para aquellos a quienes les interesan los números para hacer lecturas políticas los siguientes datos: durante la gestión de Ortega (1991-1995) llegaron a la provincia 72 ATN, 139 en la de Bussi, 23 en la de Miranda (1999-2003), 114 en las tres gestiones de Alperovich (52 entre 2003 y 2007, 54 entre 2007 y 2011 y ocho entre 2011 y 2015) y las cinco mencionadas en la era de Manzur, pero hasta 2016. Todos los aportes suman los $ 368 millones que llegaron a la provincia en 25 años.

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