La discriminación en los lugares bailables

11 Nov 2017

Separar, diferenciar una cosa de otra. Es el comportamiento social que separa y considera inferiores a las personas por su raza, clase social, sexo, religión u otros motivos ideológicos. Se la puede encontrar en todos los ámbitos con menor o mayor intensidad. La discriminación se experimenta a diario bajo distintos ropajes. Los jóvenes suelen quejarse con cierta frecuencia de la exclusión que padecen, por ejemplo, en los locales bailables. Por esa razón, el Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi) y la Cámara de Discotecas de Tucumán han puesto en marcha un ciclo de capacitaciones a boliches en materia de derechos humanos.

El objetivo de curso es trabajar en la prevención de hechos violentos en los locales nocturnos, haciendo particularmente hincapié en las medidas de admisión para evitar los casos de discriminación que suceden en los boliches. El delegado local del Inadi dijo que este año se incrementaron en un modo llamativo las denuncias y las consultas sobre discriminación y situaciones de este tipo en boliches y locales de entretenimiento nocturno. El funcionario señaló que este aumento se debe a que hay hechos que efectivamente ocurren y a que ese organismo está más visible y la gente se anima más a denunciar. El derecho de admisión y permanencia está expresado en la Ley N° 26.370. “Es una regulación clara y es un derecho que tiene sus límites. Si bien el propietario tiene el derecho de regular ciertas pautas para que las personas entren y permanezcan en el boliche, estas no pueden ir en contra de las leyes de no discriminación ni mucho menos de la Constitución. Vos en tu casa sos dueño de no dejar pasar a una persona transexual o a una persona de cierto origen étnico, por ejemplo; pero eso en un boliche no puede pasar, porque es considerada una actividad de naturaleza pública. Entonces no se puede discriminar por motivos tales como ‘raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos”, sostuvo el delegado el Inadi.

Los jóvenes suelen quejarse porque deben esperar a veces hasta dos horas para ingresar a un local bailable; a veces son asaltados por motoarrebatadores, mientras aguardan el ingreso. En algunos, los requisan, especialmente a los morochos, o se fijan en la pinta o si llegan en auto; en otros lugares muy selectivos tampoco los dejan ingresar estén o no presentables. No siempre hay vigilancia policial, lo cual acentúa la desprotección que en muchos casos experimentan los chicos.

Ciertamente, existe el derecho de admisión por el cual el titular de un establecimiento se reserva la atribución de admitir o excluir a terceros de dichos lugares, siempre que la exclusión se fundamente en condiciones objetivas de admisión y permanencia, que no deben ser contrarias a los derechos reconocidos en la Constitución Nacional ni suponer un trato discriminatorio o arbitrario para las personas, así como tampoco colocarlas en situaciones de inferioridad o indefensión con respecto a otros concurrentes o espectadores o agraviarlos, según establece la ley nacional 26.370.

Es positiva la realización de este curso que busca concientizar a los propietarios de los locales bailables sobre la legislación. El Inadi debería ampliar esta iniciativa a los organismos del Estado, especialmente a las secciones que atienden al público. “Investigaciones recientes muestran que dar causa más placer que recibir y que la exclusión social puede dañar tanto a la salud como lo provocado por estímulos físicos”, dijo en una ocasión el filósofo argentino Mario Bunge.

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