Panorama tucumano: Las mujeres transforman la dinámica familiar

La estabilidad económica y laboral son claves en los cambios sociales.

09 Nov 2017
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¿Para toda la vida o lo que dure? Esa parece ser la pregunta que determina la configuración de nuevos lazos afectivos en una sociedad en la que la mujer ocupa un rol clave.  Además de madre y esposa, ellas también eligen prosperar en su desarrollo profesional y personal. Las relaciones amorosas encuentran nuevos matices  y hasta la maternidad se acomoda a esta tendencia que propone hogares más reducidos y menos hijos.
Las chicas del nuevo siglo son muy distintas a las mujeres de hace 20 o 30 años, de eso no hay dudas. “Hoy las mujeres tienen proyectos vitales propios, que están dados por su independencia económica, profesional y hasta sus propios espacios de ocio. Subordinada a eso está la conformación de una familia”, explica la psicóloga Silvia López de Martín, magister en Psicología Social y docente de la UNT. La especialista, aclaró que igualmente la familia continúa siendo el modelo elegido por los argentinos en sus distintos formatos y versiones.
La familia de Susana Perea es de las de antes. Se casó hace 63 años con Julio Salas, cuando apenas tenían veintitantos. No existía la convivencia, ni las uniones de hecho; el noviazgo era la única instancia previa antes del gran paso. Y así lo hicieron.
“Nos casamos y ahí nomás empezaron a llegar los hijos. Uno por uno. Llegamos a tener seis seguidos y después de varios años nació el séptimo”, recuerda Susana. “Nunca pensamos cuántos hijos íbamos a tener. Eso no era planeado. Llegaban y los recibíamos con alegría”, cuenta.
Los “Belos”, como los llaman cariñosamente sus 32 nietos y ocho bisnietos (más uno en camino), formaron una familia como pocas, de esas que en las fotos se salen de cuadro. Ellos la muestran orgullosos, y afirman que no se arrepienten de nada. “Hoy todo está calculado. Primero la casa, después el auto, después el viaje y al final los hijos. Cuando nosotros llegamos no teníamos ni heladera”, dice Julio, entre risas. Eran pocas las mujeres que trabajaban en esa época, sin embargo Susana se animó. Su temor era que algo le ocurriera a Julio. “A él no le gustaba la idea, pero igual resolví hacerlo. Y la verdad es que me encantó trabajar. Conocí otro mundo, otra gente”, reflexionó Susana.
Otra cara de la moneda
Lo que para ella fue una audacia, para Valentina Abella es una prioridad. “No me imagino cómo hacían antes para no trabajar. Me parece fantástico poder valernos por nosotras mismas. Te da más seguridad a nivel de pareja, en la vida en general y con uno mismo en particular”, dice sorprendida. Ella tiene 30 años, se casó hace dos, después de siete de convivencia con su novio, Enrique García Kalat. Es profesora de Educación Física y licenciada en Alto Rendimiento Deportivo.
“Decidimos casarnos porque pretendíamos darle una continuidad a nuestro proyecto. Las cosas se dieron naturalmente, la convivencia y el matrimonio. Creo que es importante primero probar para después formalizar”, explica. Sus horarios y los de su marido no permiten distracciones. Sus días son intensos y apenas tienen tiempo para verse a la mañana y a la noche, para cenar juntos. “Hoy por hoy somos un matrimonio. Nuestro proyecto es de pareja y realización personal que podamos compartir, nos gusta acompañarnos en desafíos profesionales. No está en vista tener hijos, estamos de acuerdo los dos y lo hablamos antes”, afirma contundente Valentina.
“Tengo 30 años y mis amigas están en ese rango de edad. Hoy entre nosotras no se cruza en conversaciones el tema hijos. Voy por otra cosa”, cierra.
Datos objetivos
Para esta nueva generación pensar en el divorcio no resulta dramático. Y así lo demuestran los registros que aportó la Sala I de la Cámara de Familia y Sucesiones, donde se observa que durante los últimos 10 años las sentencias se han triplicado. De hecho, López de Martín cita a Joan Garriga, psicólogo humanista y terapeuta Gestalt, para aseverar que en la actualidad existe lo que se denomina “monogamia secuencial”, es decir,  tres o más parejas consecutivamente a lo largo de una vida. “El autor se arriesga a pensar en que estamos asistiendo al funeral del matrimonio para toda la vida”, afirma la psicóloga.  
El concepto coincide con los datos que aporta un informe proporcionado por el Registro Civil de la provincia. Revela que un matrimonio dura en promedio entre siete y 10 años. Además, en los últimos 20 años la cantidad de casamientos ha disminuido de 2.477 en 1996 a 1.488 el año pasado. 
Otro dato significativo es que las parejas eligen casarse o formalizar esas uniones recién a partir de los 30 años. Y existen algunos que estiran la soltería hasta los 40. Hace 20 años las parejas se casaban en promedio a los 23 años. Los tiempos han cambiado.

¿Para toda la vida o lo que dure? Esa parece ser la pregunta que determina la configuración de nuevos lazos afectivos en una sociedad en la que la mujer ocupa un rol clave.  Además de madre y esposa, ellas también eligen prosperar en su desarrollo profesional y personal. Las relaciones amorosas encuentran nuevos matices  y hasta la maternidad se acomoda a esta tendencia que propone hogares más reducidos y menos hijos.
Las chicas del nuevo siglo son muy distintas a las mujeres de hace 20 o 30 años, de eso no hay dudas. “Hoy las mujeres tienen proyectos vitales propios, que están dados por su independencia económica, profesional y hasta sus propios espacios de ocio. Subordinada a eso está la conformación de una familia”, explica la psicóloga Silvia López de Martín, magister en Psicología Social y docente de la UNT. La especialista, aclaró que igualmente la familia continúa siendo el modelo elegido por los argentinos en sus distintos formatos y versiones.
La familia de Susana Perea es de las de antes. Se casó hace 63 años con Julio Salas, cuando apenas tenían veintitantos. No existía la convivencia, ni las uniones de hecho; el noviazgo era la única instancia previa antes del gran paso. Y así lo hicieron.
“Nos casamos y ahí nomás empezaron a llegar los hijos. Uno por uno. Llegamos a tener seis seguidos y después de varios años nació el séptimo”, recuerda Susana. “Nunca pensamos cuántos hijos íbamos a tener. Eso no era planeado. Llegaban y los recibíamos con alegría”, cuenta.
Los “Belos”, como los llaman cariñosamente sus 32 nietos y ocho bisnietos (más uno en camino), formaron una familia como pocas, de esas que en las fotos se salen de cuadro. Ellos la muestran orgullosos, y afirman que no se arrepienten de nada. “Hoy todo está calculado. Primero la casa, después el auto, después el viaje y al final los hijos. Cuando nosotros llegamos no teníamos ni heladera”, dice Julio, entre risas. Eran pocas las mujeres que trabajaban en esa época, sin embargo Susana se animó. Su temor era que algo le ocurriera a Julio. “A él no le gustaba la idea, pero igual resolví hacerlo. Y la verdad es que me encantó trabajar. Conocí otro mundo, otra gente”, reflexionó Susana.

Otra cara de la moneda

Lo que para ella fue una audacia, para Valentina Abella es una prioridad. “No me imagino cómo hacían antes para no trabajar. Me parece fantástico poder valernos por nosotras mismas. Te da más seguridad a nivel de pareja, en la vida en general y con uno mismo en particular”, dice sorprendida. Ella tiene 30 años, se casó hace dos, después de siete de convivencia con su novio, Enrique García Kalat. Es profesora de Educación Física y licenciada en Alto Rendimiento Deportivo.
“Decidimos casarnos porque pretendíamos darle una continuidad a nuestro proyecto. Las cosas se dieron naturalmente, la convivencia y el matrimonio. Creo que es importante primero probar para después formalizar”, explica. Sus horarios y los de su marido no permiten distracciones. Sus días son intensos y apenas tienen tiempo para verse a la mañana y a la noche, para cenar juntos. “Hoy por hoy somos un matrimonio. Nuestro proyecto es de pareja y realización personal que podamos compartir, nos gusta acompañarnos en desafíos profesionales. No está en vista tener hijos, estamos de acuerdo los dos y lo hablamos antes”, afirma contundente Valentina.
“Tengo 30 años y mis amigas están en ese rango de edad. Hoy entre nosotras no se cruza en conversaciones el tema hijos. Voy por otra cosa”, cierra.

Datos objetivos

Para esta nueva generación pensar en el divorcio no resulta dramático. Y así lo demuestran los registros que aportó la Sala I de la Cámara de Familia y Sucesiones, donde se observa que durante los últimos 10 años las sentencias se han triplicado. De hecho, López de Martín cita a Joan Garriga, psicólogo humanista y terapeuta Gestalt, para aseverar que en la actualidad existe lo que se denomina “monogamia secuencial”, es decir,  tres o más parejas consecutivamente a lo largo de una vida. “El autor se arriesga a pensar en que estamos asistiendo al funeral del matrimonio para toda la vida”, afirma la psicóloga.  
El concepto coincide con los datos que aporta un informe proporcionado por el Registro Civil de la provincia. Revela que un matrimonio dura en promedio entre siete y 10 años. Además, en los últimos 20 años la cantidad de casamientos ha disminuido de 2.477 en 1996 a 1.488 el año pasado. 
Otro dato significativo es que las parejas eligen casarse o formalizar esas uniones recién a partir de los 30 años. Y existen algunos que estiran la soltería hasta los 40. Hace 20 años las parejas se casaban en promedio a los 23 años. Los tiempos han cambiado.

> “La generación del divorcio”

Según Silvia López de Martín, los jóvenes buscan no repetir la historia de sus padres y realizan ensayos de convivencia antes de formalizar una relación. A la hora de elegir, los tucumanos de entre 17 y 23 años prefieren la convivencia antes que el matrimonio, según una encuesta callejera. Además, sostienen que las relaciones para toda la vida son cosa del pasado.

Sin embargo, todos señalaron a la familia como un lugar de privilegio, un espacio para el refugio y la afectividad en momentos de crisis. La especialista afirma que los chicos siguen deseando la familia pero con algunos cambios. Y agrega: “en un mundo hostil, la familia es ese núcleo donde retemplar el ánimo”. 


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