Regurgitaciones, el trastorno que afecta a toda la familia

Uno de cada tres bebés sufre reflujo gastroesofágico. Cuidado con la sobrealimentación.

13 Oct 2017
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Puede pasar desapercibido, hasta que la mamá nota que repetidas veces los alimentos vuelven del estómago a la boca de su bebé sin esfuerzo, sin la necesidad de un acto físico impulsivo. Eso suele ser un cuadro de regurgitación. Aunque no representa gravedad, este trastorno digestivo funcional afecta a uno de cada tres bebés y preocupa a todo el entorno familiar, porque generalmente está asociado a cuadros de irritabilidad, trastornos del sueño y llanto persistente.

Junto con los cólicos estomacales y la constipación o estreñimiento, la regurgitación está considerada como uno de los trastornos digestivos funcionales más frecuentes, que son una manifestación producto de la inmadurez del tracto gastrointestinal. Y si bien generalmente se revierten solos con el tiempo, los trastornos digestivos se encuentran entre los principales motivos de consulta al médico.

Cristina Hoyos, pediatra y gastroenteróloga del Hospital del Niño Jesús, sostiene que este cuadro es normal hasta los seis meses de vida, pero que igual hay que prestar atención, y que la alerta debería encenderse si el bebé baja de peso, si el vómito es acompañado con ahogo cuando se alimenta, si hay vómito y diarrea a la vez, y si el vómito en vez de ser blanco es amarillento (“allí habría que analizar si hay otra patología, como la obstrucción del intestino”). Por esos motivos, la médica tucumana indica que es importante saber cómo se alimenta el bebé.

“Para empezar, no hay que sobrealimentarlo, porque si se le da mucho volumen de leche tendrá vómito espontáneo. La medida adecuada es 20 milímetros por kilo del bebé. También las medidas posturales ayudarán a que no regurgite: después de amamantarlo debe estar semisentado y no hay que moverlo demasiado”, detalló la especialista.

Casos resueltos

De visita por Argentina para participar en reuniones científicas, Jaime Alfonso Ramírez Mayans, jefe del Departamento de Gastroenterología y Nutrición del Instituto Nacional de Pediatría de México, explicó que se habla de regurgitación como trastorno funcional cuando esta situación se presenta de manera crónica, no ante un episodio aislado. “Debemos diferenciar bien la regurgitación -o reflujo- del vómito, ya que en la primera el bebé lo hace sin darse cuenta y sin esfuerzo, mientras que el vómito requiere de esfuerzo y ocasiona dolor”.

Según el especialista, estos casos se resuelven en aproximadamente el 85% de los niños para los 12 meses y en el 95%, en 18 meses. Los especialistas nacionales destacan la importancia de hablar con los padres sobre cómo y cuándo se dan los síntomas y qué tipo de reacciones tiene el niño, además de realizarle un examen físico, a fin de establecer un diagnóstico certero sobre este trastorno funcional. Si este es el caso, se tomará como parte del proceso evolutivo natural de desarrollo del sistema digestivo y, en paralelo, se descartará la presencia de cualquier enfermedad de base.

Para aquellos niños que por diversos motivos no reciben lactancia materna, y si el profesional de la salud lo considera necesario, existen leches medicamentosas ‘antirreflujo’, es decir, que están específicamente diseñadas para este trastorno digestivo. Estas pueden ser útiles para favorecer la disminución de las regurgitaciones, al tiempo que garantizan una adecuada nutrición del niño.

Cobertura

En Argentina, la cobertura de estas fórmulas está garantizada por la ley nacional 27.305, que establece que la leche medicamentosa “debe ser garantizada a todas aquellas personas que las necesiten y cuyo cuadro patológico esté justificado por el pediatra o especialista”.

“No está demostrado que los medicamentos como antiácidos y otros produzcan algún beneficio a estos niños y afortunadamente la mayoría de los trastornos digestivos funcionales irán desapareciendo con el tiempo, muy difícilmente se extenderán más allá del año de vida”, agregó Ramírez Mayans.

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