Polarización, sin lugar para medias tintas

17 Sep 2017
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Walter Schmidt - agencia DyN

Con el caso por la desaparición de Santiago Maldonado “encapsulado” pero no resuelto, oficialismo y oposición inician la campaña electoral con la mirada puesta en la noche del domingo 22 de octubre.

Hay muy pocos registros de un periodo proselitista de sólo 32 días, como es el que transcurrirá entre este 17 de septiembre y el 19 de octubre (el 20 empieza la veda), sin ninguna “trampa” por parte del gobierno, como la recurrente “picardía” de disfrazar actos de gestión con actos de campaña.

Sin embargo, no se trató de un “cambio” en la forma de hacer política. Previo a las PASO, los gobiernos nacional y bonaerense redundaron en actividades de gestión, con presencia de los precandidatos. Y la oposición hacía su parte, tomando de rehén cualquier tema mediático para cuestionar al gobierno. ¿Qué pasó ahora?

La desaparición de Maldonado, sin quererlo, desalojó cualquier expresión proselitista por parte del presidente Mauricio Macri y de sus ministros, así como de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, por citar a los referentes claves de Cambiemos. Pero la oposición, o parte de ella, sí pudo “hacer campaña” con el Caso Maldonado.

Sin pretenderlo, la desaparición del joven artesano ahondó la “polarización” que macristas y kirchneristas alimentaron en la previa a las PASO.

El oficialismo (desde el Presidente hasta el último dirigente de Cambiemos) se ocupó de defender, primero, a sus fuerzas de seguridad de cualquier responsabilidad en la desaparición de Maldonado en el piquete mapuche del 1 de agosto en Chubut. Luego, de manera tardía, puso en el banquillo a algunos gendarmes, de modo de dejar en claro que no se trató de una “desaparición forzada” sino que, tal vez, pudo ser una acción individual o de algunos uniformados.

Sin prueba alguna que vincula a la Gendarmería como fuerza con el hecho, por ejemplo mediante la complicidad de jefes y subalternos, el gobierno respiró aliviado y salió a despegar de las acusaciones de “desaparición forzada”, entregando a la Justicia escuchas y pruebas recolectadas en la investigación interna de los gendarmes que actuaron el 1 de agosto.

En tanto, el kirchnerismo -en tándem con la izquierda, pero también con la familia de Maldonado- vinculó más que nunca al gobierno de Cambiemos con una “dictadura”, lo culpó de la “desaparición forzada” y utilizó el hecho, a través de su líder y principal candidata a senadora nacional, Cristina Fernández, para hacer campaña. Como cuando posó con la foto del artesano de 28 años en una misa, sin saber que la madre de una de las víctimas de la tragedia de Once la enfrentaría para reclamarle por aquellas muertes en la estación ferroviaria.

La complejidad de la trama provocó que sólo pudieran subirse a ese “ring” quienes defendían al gobierno ciegamente y quienes lo atacaban sin piedad. Es decir, macristas y kirchneristas. No hubo lugar para medias tintas.

La “grieta” o “polarización” se profundizó y los Sergio Massa, Margarita Stolbizer o Martín Lousteau quedaron presos de una telaraña que los desperfilaba. Por eso optaron por el silencio.

Cómoda, aunque consciente de una muy probable derrota electoral en octubre debido a las mayores probabilidades de crecimiento que tienen los candidatos de Cambiemos -Esteban Bullrich y Graciela Ocaña- respecto de su persona, Cristina Fernández apeló a una extravagancia: convocar al voto opositor de Florencio Randazzo, Massa y la izquierda, a quienes siempre rechazó.

Y por si fuera poco, otra extravagancia como brindar entrevistas -que siempre despreció cuando estaba en la cima del poder-, y además con periodistas a los que no hubiera concedido ni un segundo cuando detentaba la Presidencia de la Nación.

¿Por qué ahora? Porque los primeros sondeos reflejan su eventual derrota ante Estaban Bullrich en la provincia de Buenos Aires en octubre. Lo cual encerraría un doble traspié: perdería ante el candidato macrista y también ante los gobernadores peronistas que, automáticamente, la marginarían del peronismo que viene.

“Si la señora se armó un partido, una fuerza nueva en la política argentina, es esperable que eso tenga un correlato en la vida parlamentaria, en un bloque que se denomine Unidad Ciudadana”, lanzó días atrás Miguel Ángel Pichetto, mandamás peronista en el Senado y representante de los gobernadores, para anticiparle a la ex mandataria que si llega a la Cámara Alta, deberá buscarse un bloque que no sea el del PJ.

Sin descender ni un momento al llano, Cristina ensayó durante su primera entrevista reflexiones tales como “mi gobierno no fue corrupto”, “quisiera saber quién le entregó ese dinero a José López”, “en Venezuela no hay Estado de derecho, en Argentina tampoco”, “la evolución de mi patrimonio ya fue evaluada y ya fue juzgada” o “hubo periodismo de guerra durante mi presidencia”.

Si esa era la estrategia para sumar votos, las consecuencias pueden llegar a ser tan negativas como haberle negado una interna a Randazzo y luego pretender cooptar sus votos o los de la izquierda.

Con la imagen de Cristina Fernández de fondo, el oficialismo salió a enarbolar la proyección económica a través del Presupuesto, que es alentadora, siempre y cuando se cumpla.

Así, el Ejecutivo lanzó para el 2018 una inflación del 15,7%, un crecimiento del 3,5% (3 para este año), un dólar a 19,3 pesos (apenas el 12% de suba respecto al tipo de cambio actual) y un aumento del 10% de las inversiones, con un crecimiento del consumo privado del orden del 3,5%.

Sin embargo, esas metas no serán de fácil acceso. De acuerdo con el proyecto de Presupuesto enviado al Congreso Nacional, la principal reducción del gasto público se producirá a través de la baja en los subsidios energéticos, lo que implica una aceleración en el ajuste de las tarifas de gas y electricidad para el próximo año. El gobierno pronostica una baja de $28.630 millones de pesos en la asignación de recursos al área de Energía.

Imposibilitado de mostrar logros económicos en la víspera de las elecciones legislativas, la Casa Rosada se limita a prometer y apelar al “monstruo Cristina”. Una fórmula efectiva… Siempre y cuando el caso Maldonado no tome un giro inesperado.

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