Perdonar tanta grieta producida

17 Sep 2017

LA MISA DE HOY

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

“Entonces, acercándose Pedro, le preguntó: ‘Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, cuando peque contra mí? ¿Hasta siete?’ Jesús le respondió: ‘no te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’”.

En una cultura donde dominaba la ley del Talión -ojo por ojo y diente por diente- perdonar dos veces era ya demasiado. Cuando Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar, se responde -como llegando al límite-: “¿hasta siete?” “No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, respondió Jesús, que es como decir: hay que perdonar siempre.

Pedro intentaba ser generoso, pero desde lo humano. Jesús elevó el nivel: hay que imitar a Dios, que es infinitamente misericordioso. Y para que le quede claro, le explica la parábola del siervo despiadado: su señor le ha perdonado 10.000 talentos -unos 70 millones de denarios- y él no es capaz de perdonar 100 denarios a su compañero.

Jesús, a veces pienso que lo que alguien me ha hecho es imperdonable, y no me doy cuenta de que eso -que me parece enorme- es como 100 denarios comparado con los 70 millones que Tú me has perdonado muriendo en la cruz.

“Dios a nadie aborrece y rechaza tanto como al hombre que se acuerda de la injuria, al corazón endurecido, al ánimo que conserva el enojo” (San Juan Crisóstomo).

Si quiero ser tu discípulo, si quiero imitarte, he de aprender a “perdonar a lo divino”. Y para ello necesito primero “amar a lo divino”. Enséñame a amar a los demás como Tú los amas.

“Conforme: aquella persona ha sido mala contigo. Pero, ¿no has sido tú peor con Dios?” (Camino.-686).

Jesús, ¿cuántas veces debo recurrir a este pensamiento tan simple, para no dejarme llevar de mis pasiones perdiendo la objetividad? Conforme: aquella persona ha sido mala contigo; no debía haberse comportado así. Pero calma. ¿No he sido yo peor con Dios? Y Tú me perdonas una vez y otra. ¿No voy a intentar hacer lo mismo con mi prójimo?

Aquello que me parece tan grave, a veces es fruto de una confusión, o de un fallo sin mala intención; de modo que la otra persona no tiene la culpa o, al menos, toda la culpa. Mi enfado puede ser injusto y, por supuesto, no arregla nada. Mientras que si se aclaran las cosas con serenidad, muchas veces el problema se desvanece.

Jesús, si me enfado, no es por mi carácter. Es por mi falta de carácter y de visión sobrenatural. Ayúdame a saberme contener cuando me enfade. Ayúdame a saber disculpar, a ver el lado positivo, sin caer en la ingenuidad. Ayúdame a mirar a todos con aquella mirada tuya siempre amorosa, incluso con aquellos que te clavaron en la cruz.

Meditación tomada de: “Una cita con Dios”, de Pablo Cardona.

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