“El tango y el psicoanálisis tienen efecto terapéutico”

El pianista y médico presenta su nuevo disco en el Virla, “Tango que me hiciste bien”

27 Ago 2017
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SEGUNDA PRODUCCIÓN. Eduardo Braier les dedica su flamante CD a Horacio Salgán y a Pascual Mamone.

ACTÚA HOY

• A las 20 en el Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265).

A los cinco años, a fines de la década del 40, Eduardo Braier escuchó un tango que lo marcó para toda la vida. Era “Si se salva el pibe”, lamento trágico sobre una pareja que planificaba un gran festejo si su hijo sobrevivía a un duro accidente. “Con esa letra descubrí la muerte a cualquier edad y me impresionó mucho, me quedó fuertemente grabado. Me lo hizo conocer Domingo Francisco Rubio, la mejor flauta traversa del género, que estuvo en Tucumán varios años y se transformó en una suerte de tío de afecto. Fue a partir de ese momento que me capturó la estética del tango”, le dice a LA GACETA.

Esta noche, en el Centro Cultural Virla, el pianista tucumano radicado en Barcelona hace décadas presentará su segundo disco, “Tango que me hiciste bien” (título que parafrasea a la frase “Tango que me hiciste mal”, de Enrique Maroni), un homenaje a dos de sus maestros y amigos, Horacio Salgán y Pascual Mamone. En el escenario estarán, junto a Braier, Víctor Juárez (en bandoneón), Horacio Mejail (canto), Carlos Podazza (guitarra) y la pareja de baile de Mayi y Ramiro.

Al músico de 73 años lo sedujo el mundo tanguero de la época de oro, cuando dominaban las grandes orquestas con cantantes de referencia conducidas por Aníbal Troilo, Juan D’Arienzo, Alfredo De Ángelis, Héctor Varela u Osvaldo Pugliese; los bailes multitudinarios y los grandes letristas y compositores. “Esa movida tuvo su proyección en Tucumán, en coincidencia con el pleno auge del folclore. Me encantaban las zambas y las chacareras como a todos mis amigos, pero el tango me capturó. Al principio imitaba un poco a Alberto Castillo, que estaba de moda por su forma arrabalera de cantar, pero mi referente de siempre es Carlos Gardel”, afirma.

Braier es un estudioso del 2x4 y es Miembro Correspondiente en Barcelona de la Academia Nacional del Tango de Buenos Aires. Al mencionar las tres composiciones que más lo sacudieron en sus comienzos, habla de “Sur, “El último organito” y “Cafetín de Buenos Aires”, con Edmundo Rivero como vocalista de Troilo. “Me produjeron una enorme sensación, una conmoción que dura hasta el día de hoy. Volcarme a esta música tuvo tanto de elección activa como de haber sido capturado. Y no lo abandoné nunca más, y soy un tanguero loco y entusiasta”, se describe.

El intérprete comenzó a estudiar piano a los siete años y se siente identificado con “el buen tango”. “La definición es polémica, pero a mi criterio es el que evoluciona musicalmente y en su poesía, más allá de que respeto todos los gustos personales”, sostiene. Entre las referencias de vanguardia que no abandonaron el género menciona a Ástor Piazzolla.

Su devoción por Mamone y Salgán, a quienes identifica como sus grandes maestros, se consolidó cuando estudió con ellos durante años. “El CD que voy a presentar tiene temas de sus autorías y dos grabaciones que son testimonios históricos de conciertos que dimos con Mamone hace 25 años. También hay composiciones de Pedro Laurenz y de Juan Carlos Cobián, otras grandes figuras”, sostiene.

El pianista desarrolló ciclos dedicados al tango en Barcelona, con la idea de difundir la historia y la vida de sus principales referencias artísticas. En los últimos años está más dedicado a su profesión de médico psiquiatra y psicoanalista. En la música, antes que recitales y presentaciones en vivo, se volcó a grabar dos discos: “De tango somos” y el flamante “Tango que me hiciste bien”. “El impulsor de estas producciones fue Esteban Rabito Vélez, quien me acompaña en la guitarra, mientras que en el bandoneón está otro argentino, Darío Polo Nara”, destaca.

Según Braier, el tango y el psicoanálisis no se vinculan en su vida cotidiana. “Cuando me siento al piano me transporto a otra dimensión y descanso de mi trabajo en el consultorio -apunta-; pero, al mismo tiempo, ambos tienen un carácter reflexivo e introspectivo que lleva a la persona a pensar sobre sí misma, ayudan a elaborar ciertas situaciones y tienen efecto terapéutico”.


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