Autopista Sur: no pudo votar porque los "transas" le retuvieron el documento

Empeñar el DNI es una metodología con la que los dealer se aprovechan de sus clientes en las barriadas humildes.

13 Ago 2017
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LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

M. no puede votar. A pesar de que la joven de 29 años afirma que tiene definido por qué opción elegiría, no puede. Es adicta al paco y a la cocaína, tuvo una recaída hace dos semanas y entregó su documento al transa. El vendedor de drogas tiene el DNI de M. (se preserva su identidad) y su tarjeta del banco. Ella tiene cuatro hijos, pero es el dealer quien cobra cada mes las Asignaciones Universales por Hijo (AUH). "Está atrapada y necesita ayuda, varias veces la internaron pero vuelve al barrio, no hay trabajo, se deprime y vuelve a caer", lamenta G., su mamá, que vive en el barrio Autopista Sur.

Empeñar el DNI es una metodología con la que los transas se aprovechan de sus clientes en las barriadas humildes, explicó el psicólogo social Emilio Mustafá, que se desempeña en un equipo de la Secretaría de Adicciones de la provincia. "Es una de las metodologías más perversas con las que los transas ejercen su poder sobre los jóvenes que se encuentran en una situación de consumo de sustancias. El adicto termina entrampado y le cuesta mucho más recuperarse", afirmó.

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Muchos vecinos dieron cuenta de la situación a LA GACETA, que recorrió los barrios La Costanera, Autopista Sur, Los Vázquez y Alejandro Heredia el día de las PASO. Algunos entregan su documentos y las tarjetas del banco, y es el dealer quien cobra los beneficios sociales. Otros entregan el DNI a cambio de una determinada cantidad de dosis, y lo conservan hasta que el joven adicto salde la deuda. Si cambió su documento por 10 dosis de paco, debe $100 más intereses (cada dosis cuesta $ 10 en la zona sur de la ciudad).

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La madre de M. está angustiada y teme que su hija mayor muera en manos de los transas. Ella le comentó brevemente a este diario que quiere recuperarse, conseguir trabajo y liberarse de la red de transas, pero que es difícil. "Estoy como atrapada. Me duele, porque mis hijos me miran por la ventan cuando me ven en la esquina drogándome. Me retan cuando estoy mejor, me dicen: '¿cuándo va a ser nuestra mamá?'", comentó M.

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