El dinero enfermó al fútbol

13 Ago 2017
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VA POR MÁS. PSG ofrece 150 millones de euros por Kylian Mbappé.

“Creo que tarde o temprano acabará. Todo esto es insostenible”. Lo dijo Pep Guardiola horas antes del triunfo ayer 2-0 ante Brighton en el debut de Manchester City en la Premier League, la liga más rica del mundo, que cumple 25 años de vida. El DT español no habla de fútbol, sino de dinero. Su club gastó 240 millones de euros en fichajes y le quedan casi 20 días para seguir comprando. Ya no sólo se pagan casi 100 millones de euros por un goleador (Manchester United abonó 88 por Romelu Lukaku y Chelsea 80 por Alvaro Morata). Ahora se pagan también casi 60 millones por un lateral (como hizo el City con Benjamin Mendy y Kyle Walker, además de 30 por Danilo). O 40 millones por un arquero (también Manchester City con el brasileño Ederson). Es el cuarto año seguido que la Premier gasta más de 1.000 millones de euros en fichajes, algo que ninguna otra Liga del mundo ha realizado jamás.

“Es insustentable”, advirtió días atrás Daniel Levy, presidente del subcampeón Tottenham que dirige Mauricio Pocchettino, uno de los pocos clubes que se mantuvo fuera de la locura porque apuesta al semillero y especialmente porque está construyendo un nuevo estadio de 800 millones de euros. La nueva inflación de la pelota alarma a todos. Karl-Heinz Rummenigge, presidente de Bayern Munich, aseguró que el fichaje de Neymar demandará a PSG una inversión total de 1.000 millones de euros. “Es más dinero -dijo Rummenigge- de lo que nos costó la construcción del Allianz Arena”, uno de los mejores estadios del mundo. Lejos de asustarse ante las acusaciones de violar el Fair Play Financiero, PSG ofrece ahora más de 150 millones por Kylian Mbappé. Pero el dinero qatarí del PSG no es el primero. La Premier League empezó mucho antes.

El comienzo del cambio

En casi ninguno de los artículos que hablan en estos días del 25º aniversario de la Premier League, se recuerda por qué, cuándo y cómo comenzó todo. Hay que decir una palabra clave: Hillsborough, el estadio donde el 15 de abril de 1989 murieron asfixiados 96 hinchas de Liverpool. Fue la tragedia provocada por una tremenda negligencia policial y que aprovechó la entonces premier Margareth Thatcher para “matar un monstruo (los hooligans) y crear otro (la Premier League)”, como lo afirmó uno de los tantos documentos de hinchas que se sintieron desplazados en ese cambio.

Horrorizada por la violencia de los hooligans, Thatcher impuso por un lado su célebre mano dura para prohibir a los clubes que compitieran en copas europeas. Una decisión siempre alabada en nuestro fútbol de barras bravas. Pero poco se habló que el cambio buscó gestar en rigor un nuevo negocio.

El gobierno neoliberal de Thatcher concedió créditos públicos a los clubes para modernizar estadios e impulsó luego las desregulaciones financieras de la City que permitieron el desembarco de capitales globales (magnates estadounidenses y rusos, petrodólares y millonarios asiáticos). Su dinero, aún el de origen dudoso, permitió comprar clubes que tenían un siglo de historia, recotizados gracias a Thatcher, pero cuya reventa benefició a los viejos propietarios, no precisamente a los hinchas.

El relato se completa con el desembarco también de la TV de pago. La televisión pasó de los 200 millones de libras de 1992 a los 7.000 millones de libras de hoy. La TV era, 25 años atrás, el 10 por ciento del presupuesto de un club. Ahora es la razón principal de su riqueza. Paga y exige estrellas. En 1992 el fútbol inglés tenía apenas a 11 extranjeros. Hoy tiene más de 300. El precio de los boletos subió más de 2.000 por ciento. Debían costar 15 libras. Cuestan más de 40.

La edad media del hincha subió a 48 años. La asistencia media también subió a 36.000 espectadores y el espectáculo rinde, como lo demostró el partido apertura del viernes, el espectacular 4-3 de Arsenal a Leicester. Pero es un público nuevo. Porque no sólo los hooligans quedaron afuera del espectáculo.

La brecha se agranda

Más dinero termina agrandando inevitablemente la brecha entre los grandes (que además ganan premios de copas europeas) y los clubes chicos, muchos de ellos desaparecidos o concursados. Aún así, en la Premier que comenzó este fin de semana podría decirse que hay seis equipos que aspiran al título. Y recordarse que la última edición tuvo como inesperados primero y segundo a Chelsea y Tottenham. Y que la anterior fue ganada por Leicester. Algo imposible en España, que ingresa menos dinero y, encima, lo reparte de modo aún más desigual a favor de Real Madrid y Barcelona.

Los tres equipos ascendidos de la Premier ficharon por 108 millones de euros. Los tres de España por 18 millones. Entre Manchester City y el United llevan gastados 404 millones, bastante más que los 341 millones que gastaron todos los clubes españoles juntos una temporada atrás.

En España, eso sí, seguramente extrañarán a Neymar. Pero seguirán jugando Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Algo así como tener a Roger Federer y Usain Bolt. Ellos son los actores centrales de esta nueva pelota cada vez más inflada.

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