El nuevo índice que mide la inflación

17 Jul 2017

El flamante Indice de Precios al Consumidor (IPC) nacional que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec) difundió hace unos días por primera vez y que reemplaza como principal referencia oficial del estado de la inflación al IPC de Capital y Gran Buenos Aires (GBA) -era el que relevaba hasta ahora el organismo estadístico- viene a resolver un largo reclamo de los factores sociales y de expertos que demandaban mayor credibilidad y certezas con una medición clave para el análisis y la proyección económica. La novedad de este primer informe, sin embargo, viene a ratificar el difícil cuadro de situación que sufren provincias como Tucumán para enfrentar este trance. Importante y valioso para mostrar la macroeconomía de forma más amplia y completa (el IPC de Capital y GBA relevaba 90.009 precios, el nacional incluye 320.000 distribuidos en 39 conglomerados urbanos) el nuevo IPC tendrá también un impacto clave en las finanzas, ya que se transformará en la referencia que utilizará el Banco Central para revisar si cumple o no sus propias metas de inflación y será el que se utilice para el Coeficiente de Estabilización de Referencia y claro, los créditos y depósitos.

El Indec ha dicho que en junio la inflación nacional arrojó una suba de 1,2 %, promedio del país, y aunque sus resultados no se desagregarán por provincia, sino a nivel nacional y de las seis regiones estadísticas ha informado que el costo de vida por regiones tuvo subas de, 0,9% en el NOA, 1,4 % en GBA y Noreste, 1 % en Cuyo y la región Pampeana, 1,1 % en la Patagonia. Con este resultado, el primer semestre cerró con una variación de precios de 11,8 % en el conjunto del país.

La Argentina, con una dramática historia inflacionaria (habría que recordar que las híper arrojaron un 4.536 % anual entre 1988 y 1989) que derivó en graves secuelas sociales (exponencial aumento de la indigencia y la pobreza), tiene ahora con este avance metodológico unas nuevas y mejores posibilidades de construir un diagnóstico más profundo y real del panorama económico y social y de avanzar en análisis que agreguen una mayor seriedad y certeza a la prospectiva.

Habría que recordar también que Tucumán, por decisión del anterior gobierno provincial, estuvo más de ocho años sin producir estadísticas locales sobre la evolución de los precios, y que, según un informe oficial enviado a la Legislatura se ha propuesto retomar esa tarea durante este año.

Toda vez que la construcción de indicadores estadísticos como los señalados incorporan importantes herramientas para manejar la toma de decisiones -transmiten información científica que favorecen la evaluar y predicción de tendencias de la situación de un país, región, provincia o ciudad- debería asumirse que esta decisión del Indec es de una importancia vital para la Argentina. Provincias como Tucumán, envuelta en recurrentes y largos debates respecto de su perfil y de su evolución económica y social -marcada por una economía regional que genera crisis recurrentes, una amplia demanda de productos alimenticios para el consumo, un ligero nivel de inversiones y una mínima industrialización en manufacturas- tendrán ahora mayores elementos técnicos para encarar iniciativas y proyectos que permitan ir resolviendo los dramáticamente y estructuralmente altos niveles de informalidad, pobreza, indigencia que padece.

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