En Corpus Christi, la Iglesia tucumana se consagró a Fátima

La celebración de ayer fue distinta a todas: a la fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor se le sumó la alegre figura de Nuestra Señora de Fátima, bajo cuya protección se puso a Tucumán, en conmemoración del centenario de las apariciones a los tres pastorcitos en Portugal.

19 Jun 2017
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la gaceta / fotos de analía jaramillo

El día estaba helado. No había bufanda ni poncho que logre frenar el viento gélido. Además era el Día del Padre. Y aunque muchos hubieran preferido quedarse en la cama viendo una película, ayer estaban en la plaza Independencia celebrando el Corpus Christi, llamada también la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Jesús.

No fue una solemnidad más. Ayer se conmemoraba el primer aniversario del XI Congreso Eucarístico Nacional. Al comienzo de la celebración -que se realizó, como todos los años, en un altar levantado frente a la iglesia Catedral - se proyectó un video sobre los momentos más emotivos vividos el año pasado en el congreso. Muchos de los fieles se alegraban al reconocerse a sí mismos en las distintas escenas.

Lo distintivo de la Fiesta de Corpus fue la inédita presencia de la imagen de Nuestra Señora de Fátima. Con motivo del centenario de las apariciones de la Virgen en Portugal se decidió consagrar Tucumán a esa advocación. “Cada Corpus lo vivo de forma diferente, con mucha emoción. Y cada año con más intensidad, con más conciencia de que Jesús está vivo en la Eucaristía”, dice Rosa Leal, ministro de la Eucaristía de la parroquia de San Juan de la Cruz. “Cuando uno se hace más grande vive estos momentos con más profundidad”, agrega Elena Lozynko, mientras espera la salida de la Virgen de Fátima desde la iglesia San Francisco.

Concurrieron a la misa pocos funcionarios, pero en primera fila, muy cerca uno del otro, estaban el gobernador, Juan Manzur, y el intendente, Germán Alfaro. Antes de comenzar la ceremonia una familia que había recibido peregrinos en su casa durante el Congreso Eucarístico puso a los pies de la Virgen una Biblia, en gratitud por lo vivido. Un grupo de residentes de los Hogares de Cristo hicieron lo propio y colocaron una réplica de la llave de su casa.

Monseñor Alfredo Zecca presidió la misa concelebrada junto con el cardenal Luis Villalba y todo el clero. Durante su homilía el obispo se refirió al lema de la fiesta: “Con Jesús Eucaristía, vida digna para todos”. “No hay nada peor que una Iglesia no creíble. ¿Cómo predicar un Evangelio puramente abstracto sin nombrar las pobrezas que sufren muchos hermanos?”, se preguntó. Recordó que la Eucaristía es un sacramento de unidad para la Iglesia e instó a los fieles a vivir una Iglesia misionera. “Nadie puede decir que no tiene nada para hacer en la misión de la Iglesia”, alentó. Concluida la misa, la multitud llevó en procesión al Santísimo. Fue cuando el frío se convirtió en calor gracias al fervor de la fe.


Tucumán fue consagrado a Nuestra Señora de Fátima
“Desde ahora Tucumán va a tener dos mamás: la Virgen de La Merced y   Nuestra Señora de Fátima”, bromea  Silvia junto a su esposo Raúl, de la parroquia de Fátima. “Pero la Virgen es una sola, es María, la madre de Jesús que es también nuestra madre”, aclara con una sonrisa. 
La imagen de la parroquia de Fátima salió desde el templo de San Francisco, acompañada por un nutrido grupo de jóvenes de la Pastoral de Juventud. Con globos de colores y canciones hicieron el alegre traslado de la Virgen hacia la iglesia Catedral. 
“Nuestra idea es un Corpus lleno de jóvenes y pedir que María sea la que ilumine nuestra Iglesia”, dice Puli Sánchez, una de las jóvenes del movimiento Fasta que acompañaron la colorida procesión.
La arquidiócesis de Tucumán decidió consagrar Tucumán a la Virgen de Fátima, en homenaje al centenario de las apariciones en Portugal.
Este año el papa Francisco canonizó a Francisco y Jacinta Marto, dos de los tres pastorcitos que  en 1917 fueron testigos de las apariciones de la Virgen mientras pastoreaban sus rebaños. La tercera fue Lucía Santos, que vivió hasta los 97 años. Francisco y Jacinta murieron siendo niños.
Después del oficio de la misa se leyó la oración de consagración de Tucumán a Nuestra Señora de Fátima. Su imagen estuvo durante toda la ceremonia al lado de la patrona principal de la Arquidiócesis, Nuestra Señora de La Merced. 
“En el Día del Padre pedí perdón a mi hija por hacerla sufrir”
Ha decidido darse una segunda oportunidad. O, quizás, una tercera, o una cuarta. No importa cuántos intentos lleva tratando de aprender a vivir. Pablo Mario Gigena (foto, centro) aprovechó que ayer era el Día del Padre para escribirle a su única hija, desde el Hogar de Cristo “Nuestra Señora de la Merced”, donde vive hace cuatro meses, desde que salió de la Fazenda de la Esperanza. Estuvo ocho meses tratando de salir del infierno de la droga. “Le dije: hija, sé que no he sido un buen padre. Perdoname. Ahora me doy cuenta de todo... del daño que te hice a vos y a tu abuela, haciéndome daño a mí mismo. Me equivoqué mal. Perdoname por la vida que he llevado todo este tiempo y por lo que era”. Pablo no puede hablar más. Se le hace un nudo en la garganta. Mira a lo lejos, al altar, donde se está oficiando la misa de Corpus Christi. Tiene los ojos tan celestes como el manto de la Virgen. Reconoce que no supo vivir como se debe, que no valoró lo que tuvo hasta que lo perdió todo. A los 49 años mira hacia atrás y ve los años que ha perdido: “desde los 14 hasta los 21 años, y desde los 28 hasta los 48”. Los mejores años de su vida. Ahora Paola tiene 25 años y el único tesoro que espera recuperar. La última vez que la vio fue en diciembre, en Córdoba, donde él también vivía y adonde ya no quiere volver para poder olvidar en serio. Siente que en Tucumán ha vuelto a nacer, de la mano de la Virgen de La Merced.  Ella es quien le dio valor para decir eso que tanto le costaba: “hija, perdoname”.

Tucumán fue consagrado a Nuestra Señora de Fátima

“Desde ahora Tucumán va a tener dos mamás: la Virgen de La Merced y   Nuestra Señora de Fátima”, bromea  Silvia junto a su esposo Raúl, de la parroquia de Fátima. “Pero la Virgen es una sola, es María, la madre de Jesús que es también nuestra madre”, aclara con una sonrisa. 
La imagen de la parroquia de Fátima salió desde el templo de San Francisco, acompañada por un nutrido grupo de jóvenes de la Pastoral de Juventud. Con globos de colores y canciones hicieron el alegre traslado de la Virgen hacia la iglesia Catedral. 

“Nuestra idea es un Corpus lleno de jóvenes y pedir que María sea la que ilumine nuestra Iglesia”, dice Puli Sánchez, una de las jóvenes del movimiento Fasta que acompañaron la colorida procesión.
La arquidiócesis de Tucumán decidió consagrar Tucumán a la Virgen de Fátima, en homenaje al centenario de las apariciones en Portugal.

Este año el papa Francisco canonizó a Francisco y Jacinta Marto, dos de los tres pastorcitos que  en 1917 fueron testigos de las apariciones de la Virgen mientras pastoreaban sus rebaños. La tercera fue Lucía Santos, que vivió hasta los 97 años. Francisco y Jacinta murieron siendo niños.
Después del oficio de la misa se leyó la oración de consagración de Tucumán a Nuestra Señora de Fátima. Su imagen estuvo durante toda la ceremonia al lado de la patrona principal de la Arquidiócesis, Nuestra Señora de La Merced. 

“En el Día del Padre pedí perdón a mi hija por hacerla sufrir”

Ha decidido darse una segunda oportunidad. O, quizás, una tercera, o una cuarta. No importa cuántos intentos lleva tratando de aprender a vivir. Pablo Mario Gigena aprovechó que ayer era el Día del Padre para escribirle a su única hija, desde el Hogar de Cristo “Nuestra Señora de la Merced”, donde vive hace cuatro meses, desde que salió de la Fazenda de la Esperanza. Estuvo ocho meses tratando de salir del infierno de la droga. “Le dije: hija, sé que no he sido un buen padre. Perdoname. Ahora me doy cuenta de todo... del daño que te hice a vos y a tu abuela, haciéndome daño a mí mismo. Me equivoqué mal. Perdoname por la vida que he llevado todo este tiempo y por lo que era”. Pablo no puede hablar más. Se le hace un nudo en la garganta. Mira a lo lejos, al altar, donde se está oficiando la misa de Corpus Christi. Tiene los ojos tan celestes como el manto de la Virgen. Reconoce que no supo vivir como se debe, que no valoró lo que tuvo hasta que lo perdió todo. A los 49 años mira hacia atrás y ve los años que ha perdido: “desde los 14 hasta los 21 años, y desde los 28 hasta los 48”. Los mejores años de su vida. Ahora Paola tiene 25 años y el único tesoro que espera recuperar. La última vez que la vio fue en diciembre, en Córdoba, donde él también vivía y adonde ya no quiere volver para poder olvidar en serio. Siente que en Tucumán ha vuelto a nacer, de la mano de la Virgen de La Merced.  Ella es quien le dio valor para decir eso que tanto le costaba: “hija, perdoname”.

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