Charla con empresarios

20 May 2017

Proceso de apertura.- El ensayista y filósofo Santiago Kovadloff abrió el ciclo de charlas que habitualmente organiza la Fundación del Tucumán. En el marco de sus 32 años de existencia, la entidad organizó un desayuno junto a empresarios del medio. En la oportunidad tanto el presidente de la Fundación, Jorge Malmierca, como el director ejecutivo, Juan Luis Pérez Albert, destacaron el proceso de apertura de esa entidad para nuevos socios.

La referencia histórica.- Al iniciar su exposición, Kovadloff evocó el nombre de la fundación y las características históricas de su designación. Puntualmente, recordando intercambios epistolares entre próceres argentinos, remarcó el sentido “del Tucumán” como un proceso de integración, de convergencia e interdependencia entre los pueblos que, luego, constituirían la Argentina

Diagnóstico de país.- “En 2015 se abre una oportunidad nueva para salir de la monotonía. Consistía en saber si podemos construir el proceso de transición desde el autoritarismo hacia una república democrática”, reflexionó el pensador. Y apuntó contra la fragmentación del país, empantanado en un proceso de duración y no de desarrollo. “Se trata de saber si estamos dispuestos a canalizar las demandas a un gobierno. Poco lograremos si emprendemos esta tarea de una manera fragmentado. El desafío es generar un cuerpo colectivo para que la voz de las instituciones representativas de las empresas puedan más que la fragmentación de los intereses”, les dijo a los empresarios presentes.

EL DEVENIR.- “El desafío primordial es construir futuro. El futuro no está adelante; es lo que hagamos ahora para lo que venga. Tenemos que darle a la educación el papel que debe tener. Este es un país de facultados, no de universitarios, que son aquellos que tienen el sentido orquestado de lo que hacen ellos y lo que hacen los demás”, señaló.

Interacción entre poderes.- En otro momento de la charla, Kovadloff indicó que la república tiene tres poderes, “pero fundamentalmente, una democracia es un régimen de sospecha, porque está asentada en la idea de la división de poderes que responde a la convicción de que el hombre siempre quiere todo”. “Cada poder aspira a tener el monopolio del poder. Por eso la democracia republicana no es optimista, porque no dice que el hombre es bueno, sino que hay que controlarlo. Cada poder acota la sed de poder de los otros dos. Es la interdependencia en el marco de la ley”, señaló.

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