Adiós a Graciela Colombres Garmendia, apasionada del periodismo y enamorada de la vida

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"GATTA" COLOMBRES GARMENDIA. Foto de Valentina Becker.-

Fue licenciada en Comunicación, se especializó en Suecia e integró la Redacción de LA GACETA.

20 May 2017

GRACIELA COLOMBRES GARMENDIA 1985-2017


Nunca le preguntamos por qué escribía Gatta en lugar de Gata. Tal vez para reforzar lo felino de su andar, ágil y silencioso, y la expresividad de la mirada. La Gatta, como los gatos, hablaba con los ojos. Entraba a la Redacción tan despacito que parecía un susurro. El ruido lo hacían las teclas, a las que martillaba con dedos flacos, largos y enérgicos. La Gatta -Graciela Colombres Garmendia-, tan libre, tan decidida, tan comprometida, era una periodista chapada a la antigua.

El teléfono sonaba a cualquier hora, porque a la Gatta se le ocurrían ideas y no podía esperar para conversarlas. Quería escribir sobre todo. Aprender. La capacidad de asombrarse, de maravillarse, suele ser víctima del cinismo. La Gatta, que no tenía un pelo de ingenua, contagiaba ese entusiasmo. Es el bien más preciado en la profesión. El periodista que no inquiere no es periodista y la Gatta era una máquina de preguntar.

Ya licenciada en Comunicación Social -se recibió en la UNT- viajó a Suecia para sumar estudios. Desde allí enviaba larguísimos mails en los que mezclaba emociones, inquietudes, experiencias, algún relato. Quería saberlo todo, de aquí y de allá. Y confesaba lo mucho que extrañaba Tucumán, porque este fue su lugar en el mundo. Por eso, a la profesión eligió abrazarla en LA GACETA.

Era la más chica -y la única mujer- entre cinco hermanos. Nadie podría culpar a su papá, Ignacio, y a su mamá, Graciela Japaze, por haberla mimado tanto. Fanática de la actividad física -en especial de la bicicleta y de las artes marciales- no tenía mejor idea que salir a trotar a la siesta en pleno verano. Con esa misma pasión aprovechaba las noches de bohemia, de brindis, de buena música y de muchos, pero muchos amigos. Y también del pleno disfrute del amor. Se despidió acompañada por su queridísima y admirable Pili.

La Gatta decidió colocar bien alta la vara, en la vida y en el trabajo. Supo que hay causas por las que vale la pena luchar -como los derechos de las minorías y las cuestiones de género- y le puso el cuerpo a la tarea. Supo que el periodismo es un ejercicio que exige rigor y se exigió al máximo. Le costaba perdonarse los errores, se enojaba cuando alguna noticia se le escurría en plena guardia y practicaba la solidaridad a tiempo completo. Buscaba consejos y los ponía en práctica. Ingresó a LA GACETA haciendo palotes y poco a poco fue encontrando una musicalidad para su prosa. Hasta que entendió lo mucho que vale enorgullecerse de un buen texto.

Peleó contra el cáncer durante más de dos años (sí, como gata panza arriba) y regaló sonrisas hasta el último instante, cuando ese cuerpo -que no llegó a cumplir 32 años- sencillamente no pudo más.


> Confesiones y deseos

Estos son fragmentos del artículo que Graciela Colombres Garmendia escribió en febrero de este año. Decidió abrirse y hablar de su enfermedad en primera persona.

Tengo cáncer y es horrible. No sé en qué puesto de las tragedias humanas se ubica, pero te aseguro que es una enfermedad que duele en todos los planos de la vida y eso es mucho dolor. Mi caso es único, como el tuyo o el de tu ser querido que intentás entender. Los invito a ponerse en mi lugar y pensar en tres cosas que les guste hacer, por ejemplo, andar en bici, tomar mate y trabajar. Bueno ya no las pueden hacer. Mañana sumen a esas tres, otras tres y así. Hasta que te quedan sólo unas cuantas. Entonces no sólo peleás con dolencias físicas; es toda una lucha por encontrar sentido a tu vida, reinventarla casi todos los días, porque ningún día es igual al otro. Es un trabajo mental extenuante.

Sí, algo así se siente tener cáncer.

¿Qué le puedo decir a alguien con esta enfermedad? Date tus gustos cuando puedas, descansá cuando lo necesites y cuando tengas las energías, levantá los brazos y luchá con todas, porque esta es tu oportunidad de vivir, ahora o nunca. La vida es maravillosa y una enfermedad que atenta contra ella en todos sus planos, todos los días, lamentablemente, es un gran recordatorio de eso.

¿Qué le puedo decir a alguien que acompaña a un enfermo? Hacé eso, acompañalo, no lo empujés para adelante o para atrás.

¿Qué le puedo decir a alguien que goza, sí, goza, de buena salud? Disfrutá de todo lo que podés disfrutar, cuidate, no seas tonto y andá al médico cuando sientas algo extraño; la espera es el aliado del enemigo. Y, sobre todo, vos también honrá tu vida, porque sos un afortunado de tenerla.

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