La Misa de Gloria de Puccini reúne al Coro y la Orquesta Estable

La obra del italiano fue “redescubierta” en 1952. Con un aire operístico.

20 May 2017
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EL DIRECTOR. Ricardo Sbrocco indicó que la Misa de Gloria no se interpreta en Tucumán desde hace 17 años. LA GACETA / FOTO DE JOSÉ NUNO.-

HOY

• A las 22, en el teatro San Martín (av. Sarmiento 601). Promoción entradas 2 x 1 con Club LA GACETA.

Giacomo Puccini vuelve al teatro San Martín, esta vez con la Misa de Gloria. La interpretarán el Coro y la Orquesta Estable, tal como lo hicieron en 2000, dirigidos por Ricardo Sbrocco,

¿Por qué el director vuelve a elegir esta obra? “En primer lugar es una de las misas más lindas que se han compuesto. Además, hace 17 años que no se la hace y el coro disfruta mucho de cantarla”, explicó.

“Siempre que uno rehace una obra encuentra detalles nuevos. Es muy difícil que pueda repetir dos veces una versión idéntica. Uno también cambia, conoce más. Y también tiene que ver con los instrumentos de que se dispone”, apunta Sbrocco.

Sobre la obra, Sbrocco comenta que Puccini la compuso en dos partes, una en 1876, y luego la completó para el estreno, el 12 de julio de 1880. “Era muy joven, tenía 22 años cuando la estrena con mucho éxito, con elogios. No obstante, la obra no se vuelve a interpretar hasta 1952 -sorprende-. Un admirador que quería escribir la biografía empieza a buscar material y encuentra esta misa. Es una obra previa a toda su carrera de composición de ópera”.

El músico de Lucca

Puccini era el músico del pueblo, siguiendo la tradición desde su tatarabuelo. Desde chico cantó en los coros y fue organista en varias iglesias, por lo cual los motivos litúrgicos le resultaban un lenguaje natural. Queda huérfano a los cinco años y un tío le da las primeras nociones de música; después estudia con un maestro en Lucca. Un día, ya adolescente, se va a Pisa (algunos dicen que se va caminando; otros, que va en carreta) a ver una puesta de “Aída”, de Verdi, y queda completamente impresionado. Entonces decide que ese sería el género que él abordaría.

De ahí que gran parte de su producción es operística, pero escribe también canciones, poemas sinfónicos, caprichos sinfónicos.

“Sin embargo -resalta Sbrocco- ya desde la misa se advierte un Puccini rebosante de ideas musicales, de esa veta melódica característica. En casi todas las misas hay una parte contrapuntística, fugada. Aquí el Gloria, que es la parte más importante (casi la mitad de la obra) hace gala de un gran manejo de todos estos recursos contrapuntísticos. Y las arias de los solistas, que son sólo masculinos, ya tienen un aire operístico. Algunos le criticaban que era poco apegada a la ortodoxia de las misas bien religiosas. Esta misa es expansiva y es bellísima. Desde que se la redescubrió, a mediados del siglo XX, se la interpreta cada vez más, y ha sido cantada por solistas enormes como José Carreras y Thomas Hampson”.

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