La fórmula de la felicidad es gratis: sólo se trata de correr

Germán Torres atesora 73 años y corre desde que tiene uso de razón. Puede pasarse horas enumerando los beneficios de la actividad física, así que decidió resumirlos en un libro. Y pensar que, siendo niño, estuvo a punto de perder los pies...

20 May 2017
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EL RITO DE TODOS LOS DÍAS. Torrens trota por el parque Guillermina. Nada lo detiene. LA GACETA / FOTOS DE JOSÉ NUNO.-

¡Corre, Germán, corre! Ese podría ser el título de su vida. A grosso modo, el cálculo indica que en sus 73 años ha trotado unos 50.000 kilómetros. Casi como haber ido desde Tucumán a Cánada, ida y vuelta, tres veces.

Adonde vaya, lo primero que pone en el bolso son las zapatillas. No imagina un día con las piernas quietas. Cuando corre -confiesa- empiezan a brotar recuerdos, ideas, proyectos y todo tipo de sensaciones. Una vez, mientras trotaba y hablaba solo, sintió que tenía que parar, gritar, reirse a carcajadas, tirarse al césped y patalear de la alegría (“menos mal que nadie me vio”, bromea). “Esa es la felicidad que yo conozco”, confiesa Germán Torrens, tucumano por adopción, médico pediatra, neonatólogo y deportólogo.

Repasando su historia de vida es casi un milagro que haya corrido tanto. Visiblemente emocionado, cuenta que antes de abrazar la pasión por el running, sus piernas sí que conocieron el infierno. Era 1952. Iba a segundo grado y se había vuelto fanático de la novela “El Rey de los monos”, que se emitía por radio. Se desesperaba por llegar a tiempo para escuchar la serie. Por eso, cuando salía de la escuela, para acortar el camino a casa se metía por los galpones del ferrocarril ubicado a pocos metros de la institución. “Y en esa época las locomotoras eran a carbón. Las cenizas y restos de brasas se arrojaban en pozos ubicados a la par de las vías”, detalla Torrens, antes de continuar relatando: “un jueves, que iba como bala, caí en uno de esos pozos y literalmente ardí. Sólo recuerdo el dolor y mis gritos. No se cómo salí; llegué a casa inconsciente”.

Estuvo internado dos meses en un sanatorio. Fue algo dramático... La recuperación y luego las curaciones, el volver a empezar.

Pero lo más sorprendente ocurrió muchos años después. Mientras Torrens hacía la residencia en el mismo sanatorio pidió si podía acceder a su vieja historia clínica, en la cual decía “quemaduras de tercer grado” y con letras rojas y grandes: “¡amputación de ambos pies!”. “Eso hubiera truncado mi vida. Por suerte, mis padres le rogaron al médico que esperara un poco. Y milagrosamente me recuperé. Tres años después representé a la provincia en mi primera carrera de velocidad”, relata este padre de seis hijos y abuelo de 11 nietos.

Más allá de sus genes privilegiados (nadie diría que tiene más de 70 y que no toma ni una pastilla), el secreto de Germán es su pasión por el entrenamiento. Orgulloso y hasta sorprendido, dice que el cuerpo le responde muy bien al ritmo de ejercicios que él mismo dosifica y sigue sin excusas todos los días. En sus palabras se nota el mismo nivel de intensidad y adrenalina que en los runners contemporáneos. Sin embargo, su fanatismo es anterior a cualquier moda, y su edad duplica a la de la mayoría de los deportistas del circuito.

“Corre, Germán, corre”. La misma vocecita interna que escuchó aquella tarde cuando cayó en el pozo de brasas lo acompaña permanentemente. Sólo se detiene cuando está en el consultorio, donde atiende mañana y tarde. Y cuando se dedica a otra de sus pasiones: escribir.

Hace 10 años publicó “Prepark, Juan Pablo II (Rehabilitación para enfermos de Parkinson)”. Y ahora cumplió el gran sueño de su vida: redactar su historia como runner, intercalándola con consejos médicos para quienes se quieren lanzar al mundo del trote. “Correr... la felicidad” trata de explicar en primera persona por qué este deporte atrapa cada vez más a la gente. Después de su presentación en la Feria del Libro porteña, esta es la entrevista con el autor.

- ¿Por qué un libro sobre la felicidad de correr?

- ¡Es tan lindo correr! Uno puede conocer mucho corriendo: personas, lugares y paisajes; se ven cosas que nadie ve. Tanto el entrenamiento como una maratón son hermosos. Llegar, cualquiera sea la meta, para un runner es triunfar. La sensación final siempre es de plenitud, de felicidad. Una vez invité a correr a una colega, psiquiatra, y después de vivir la experiencia me dijo: “es tal la terapia que genera esto que me quedaré sin pacientes”.

- Hace 40 años que corre, ¿que opina del estallido que tiene ahora el running? ¿A qué se debe que se haya convertido en un fenómeno masivo?

- Me impresiona comparar. Cuando empecé, en las maratones de Buenos Aires había unas 3.000 personas. Ahora son millones; parecen hormigueros gigantes de gente. Creo que tiene que ver con que hay más conciencia sobre la necesidad de tener una buena calidad de vida. Y después de correr la gente sí ve los resultados. Además, una vez que uno encuentra el ritmo ya no siente la diferencia entre correr una o cinco cuadras o tres kilómetros. Hay otra cosa muy linda que te brinda: es la posibilidad de correr conversando con un amigo o de ir haciendo alguna planificación. Yo siempre voy hablando, solo o acompañado.

- ¿Con qué se encuentra el lector en su libro?

- Se destacan los consejos de un médico que vivió en cuerpo y alma el running. Eso creo que será de utilidad para quien quiera correr. Hablo de los beneficios físicos, psicológicos y hormonales que tiene esta actividad. También cómo debe ser la preparación, cómo mantener una dieta equilibrada y la importancia de elongar, qué errores podemos cometer, etcétera. Al mismo tiempo, hay muchas anécdotas que permiten entender cómo es en primera persona todo lo que hablo desde el punto de vista médico. Las anécdotas son importantes porque es lo que más recuerda la gente.

- Hablando de los beneficios del running, ¿es cierto que amenaza con dejar sin trabajo a los cardiólogos?

- No, para nada (se ríe). El primer consejo que les doy a los runners es que se hagan estudios cardiológicos (ergometría y electrocardiograma) porque pueden sufrir alguna patología que desconocen y cuando se esfuercen será un problema.

- Entre los incontables beneficios que tiene el running, ¿cuáles son los más destacados?

- Libera la mente, purifica el corazón y los pulmones, protege las articulaciones y da mucho bienestar.

- ¿Correr es para cualquiera? ¿Qué le recomendaría a alguien que está por empezar para sentir realmente los beneficios?

- Sí es para todos. Recomiendo una vez a la semana, una hora, por cada década de vida. En mi caso, que tengo 70, debo correr todos los días una hora. El consejo esencial es: hay que dar el primer paso. Aunque no lo logres al comienzo, ese paso dará lugar a otros. Y no hay que hacer el mismo circuito todos los días. Hoy voy cinco cuadras para acá, mañana 10 para allá. Correr te va llevando y siempre tendrás que volver. Llega un momento en que no te das cuenta.

- ¿Qué le gustaría que genere su libro?

- Ojalá que la gente lo lea y le den ganas de salir a correr. Veo con preocupación cómo se extiende en la sociedad la epidemia de obesidad, sedentarismo y diabetes. El running es un arma muy poderosa contra eso.


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