El ritual de la coctelería va ganando su lugar en la noche tucumana

De a poco se suman nuevas propuestas que hacen pie en la barra, con los bartenders como protagonistas. “El cóctel es una experiencia”, dice uno de ellos

21 Abr 2017 600

Desde aquella edad de oro de los bartenders en Argentina, -las décadas del 50 y el 60 principalmente-, hasta el actual renacimiento que vive ese oficio, han pasado generaciones de -literal- malos tragos. “¿Se acuerdan de las décadas del 80 y del 90, los pantera rosa, piña colada, o esperma de pitufo?”, pregunta el barman Sergio Benítez y desarma a carcajas a los asistentes que concurrieron el miércoles a su charla en el bar Elvira. “Bueno -continúa-, esos tragos fueron matando la profesión y devaluando la cultura de la coctelería, porque comenzó a asociarse con bebidas de mala calidad que al otro día te destruían. Ahora, desde hace unos años, las cosas han cambiado y los bartenders tenemos la misma categoría que un chef”.

La primavera de la cultura del cóctel llega con atraso a Tucumán, pero llega. Muy de a poco los que ponen sus fichas en emprendimientos gastronómicos se animan a darle un lugar privilegiado a la barra, a otorgarle el estatus de estrella al barman y a pensar el menú de cócteles con la misma dedicación con la que se diseña el de comidas. Total, siempre habrá lugar para la cerveza y para el fernet.

“Lo que buscamos con un cóctel es que la persona viva una experiencia diferente. No se trata solamente de tomar algo rico, sino también de oler, de descubrir sabores ocultos, aromas, recuerdos... Lo que buscamos es que el cóctel sea parte del momento que estás viviendo, que sientas felicidad y, por supuesto, que al día siguiente te levantés en buenas condiciones...”, dice Benítez.

Hay unas 20 personas reunidas alrededor de la barra de Elvira, el último bar que se sumó a esta movida que todavía es incipiente en Tucumán, porque sobran los dedos de las manos para contar las propuestas que ofrecen tragos de alto vuelo.

Precisamente estas charlas abiertas de los miércoles son para abrir cabezas y ampliar el repertorio de bebidas que se consumen en el cervecero jardín de la república. El resto de los días, el trabajo de Benítez es todavía más fino: va mesa por mesa conversando con los clientes, sondeando sus estados de ánimo para maridar sus cócteles. A veces funciona. “Se trata de generar la demanda y la cultura. Y hay un cambio atroz respecto de lo que se veía hace cuatro años. La gente de entre 25 y 35 años está buscando y se está animando a probar nuevas cosas, tanto en bebidas como en comidas”, destaca el barman.

Entre los asistentes a las charlas-degustación están los curiosos y los que quieren ajustar las tuercas de sus emprendimientos de barras móviles para eventos, otro de los carros que impulsan el resurgimiento de la coctelería. Están aquellos a los que se les da bien preparar tragos para sus amigos en las reuniones y están también los que simplemente son buenos viajando por el mundo de aromas, sabores y experiencias que proponen los alcoholes. Y también están Andrea Contino y su novio, Matías Morán, de 29 años, que confiesa que está ahí para aprender a usar el Campari, más allá de mezclarlo con jugo de naranja. Y es que el mundo de los aperitivos ha sido una de las grandes puertas para que la coctelería vuelva a ver la luz.


Una apuesta a largo plazo
“Por supuesto que es mucho más fácil vender cerveza, fernet y vodka, y está perfecto que se lo haga. Pero creemos que también está bueno ampliar las opciones y generar interés en cosas nuevas”, afirma el emprendedor Guido Coccioli. “Creo que el interés de la gente se está desarrollando y que los que vienen, vienen a buscar eso; acá una botella de fernet nos dura una semana, porque casi nadie pide. Sí, es un esfuerzo mayor la coctelería, pero es una apuesta a largo plazo”, indicó.
> Una apuesta a largo plazo

“Por supuesto que es mucho más fácil vender cerveza, fernet y vodka, y está perfecto que se lo haga. Pero creemos que también está bueno ampliar las opciones y generar interés en cosas nuevas”, afirma el emprendedor Guido Coccioli. “Creo que el interés de la gente se está desarrollando y que los que vienen, vienen a buscar eso; acá una botella de fernet nos dura una semana, porque casi nadie pide. Sí, es un esfuerzo mayor la coctelería, pero es una apuesta a largo plazo”, indicó.

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