La violenta agresión a un médico en un sanatorio

20 Abr 2017

Es una de las protagonistas de nuestra sociedad. La acción de utilizar la fuerza y la intimidación para conseguir algo se ha vuelto frecuente en todos los ámbitos. “El buen juicio no necesita de la violencia”, sostenía el escritor ruso León Tolstoi. La realidad tucumana muestra que el buen juicio se encuentra en peligro. Los docentes suelen ser las principales víctimas de los violentos. A ellos han comenzado a sumarse los médicos que con cierta frecuencia son blancos de agresiones verbales o físicas.

En la madrugada del domingo pasado, un médico terapista fue atacado en un sanatorio privado por familiares de un hombre que acababa de fallecer. El profesional contó que les comunicó a los parientes el deceso del hombre de 54 años, que era diabético y que durante mucho tiempo estuvo con asistencia respiratoria mecánica. “Cuando se agotaba, había que intubarlo de nuevo. Estaba con atrofia muscular y tenía poco resto para respirar por sí solo”, dijo. El médico fue agredido violentamente por cinco personas que le provocaron lesiones en la nariz, hematomas en la espalda y la rotura de dos dientes. Los iracundos lo persiguieron hasta la terapia intensiva, donde hicieron destrozos y durante más de una hora los pacientes quedaron sin atención. El profesional logró escapar a la calle, donde fue socorrido por un agente. Los deudos, a su vez, efectuaron la denuncia en la Policía, en la que responsabilizaron al médico de la muerte del paciente. El profesional agredido solicitó que la Justicia tomara conciencia de este episodio, porque se trata de tres hechos delictivos: “uno es el destrozo de la terapia, otro es el copamiento de la terapia y el tercero es la agresión física hacia mi persona; son tres hechos delictivos muy serios los que ocurrieron”.

Una referente de Sitas, que agrupa a médicos, dijo que duerme en una comisión de la Legislatura el proyecto para proteger a los médicos y los docentes. “Nosotros somos una suerte de puching ball que siempre tenemos que comprender esas situaciones, pero necesitamos que nos cuiden. Si uno les informa a los familiares que desmejoraron los pacientes, muchas veces se enojan. Hay un gran deterioro en las relaciones en general, y por supuesto, esto repercute entre los médicos y familiares. Además, hay que entender que si alguien está en terapia, está grave”, afirmó.

En agosto pasado, el coordinador del área de Seguridad del Ministerio de Salud sostuvo que en el Hospital Padilla, ingresaban diariamente entre 1.500 y 1.800 personas. El 58% de los incidentes ocurría en los consultorios externos y el 33% en el shockroom. El resto, menos de 10%, son robos, hurtos y daño a la propiedad. “Por lo tanto, la violencia verbal y física son los delitos que más nos preocupan”, señaló. En los últimos tiempos, se registraron agresiones contra profesionales en el Hospital de Niños y en el CAPS Bienestar de San Cayetano.

Por más que la agresión del domingo haya sucedido en una clínica privada sigue siendo violencia, por lo tanto, es de suma importancia que las autoridades y los legisladores se ocupen activamente del asunto y “despierten” el proyecto para erradicarla cuanto antes de los centros de atención médica. Es condenable todo tipo de violencia. El dolor por la muerte de un ser querido no justifica la agresión a un médico. Si se está disconforme con su labor, hay caminos a seguir en el ámbito judicial. Estos episodios están reflejando una preocupante crisis de valores que profundizan el deterioro social.

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