19 Abr 2017 1

De la pasión a la basura

Una vez le escuché a alguien decir: “ser de Boca es una pasión”. Por supuesto que se podría aplicar a cualquier institución deportiva; por ejemplo Belgrano de Córdoba. Preguntémonos qué es lo que defiende un hincha que se dice “apasionado”. ¿La camiseta? La casaca que distingue a Vélez no es la misma que tenía originalmente, y además sería ridículo pensar que un hincha considere que un determinado diseño o una combinación de colores sea más sublime, estética o moralmente, que otras. Si no son los colores, podríamos pensar en la gente; pero tanto la dirigencia como los jugadores cambian, y muchos jugadores son mercenarios que se venden al mejor postor. Consideremos entonces la barriada, la localidad: sabemos que San Lorenzo cambió de sede, y muchos hinchas de River jamás visitaron el barrio de Núñez. La pregunta de qué es lo que defiende un hincha fanático tiene una respuesta que decepciona: nada, absolutamente nada. Y por esa nada, un grupo de imbéciles arrojó desde lo alto de una tribuna a un ser humano, bajo la presunción de que era hincha de otro equipo. No temamos cuestionar nuestra cultura: hay mucha basura en ella.

Ricardo Roberto Manai
Belgrano 63
Tafí Viejo


SARMIENTO

Para opinar de una persona de otro tiempo, a la que no se conoció, es necesario examinar cuidadosamente lo que hizo y lo que dijo en el transcurso de su vida, más aún si esa persona, hombre o mujer, ocupó la función pública. Y, esencialmente, reconocer la intencionalidad que tuvo en sus actos y en sus dichos. Por ejemplo, de Domingo Faustino Sarmiento, el gran maestro argentino, del cual se habla mucho sin haberlo conocido. En el sagaz e infame adoctrinamiento que le hizo el kirchnerismo a mucha gente, desde ancianos hasta niños de jardín de infantes, los más perjudicados en cuanto a la biografía de Sarmiento, fueron los adolescentes y los jóvenes, ya que fueron sumergidos en una atroz confusión, por lo que hoy navegan en los mares de la ignorancia y la desnudez de los conocimientos históricos, repitiendo como loros lo que los pillos que los adoctrinaron les enseñaron. Así, nos encontramos con graves calumnias hacia su persona, expresadas en distintos medios. ¡Es admirable la liviandad y la ligereza con la que esta gente se refiere a Sarmiento! Y esto se considera una ganancia de 12 años de gobierno. Para aclararles a los jóvenes y adolescentes que no saben nada de su vida, voy a decirles algo respecto a él. Fueron palabras suyas, las siguientes: “Juzgarme sin oírme, no es propio de hombres cultos”. Para hablar del maestro, es necesario, por lo menos, haber leído los dos libros de su autoría más fáciles de conseguir: “Facundo” y “Recuerdos de provincia”. En ellos, se puede advertir la intencionalidad que tuvo el hombre para con nuestra patria y nuestro pueblo, en su tiempo y para la posteridad. A todos los jóvenes, especialmente a los estudiantes universitarios, les aconsejo que los lean para que tengan una mayor sensatez en los juicios que emiten acerca suyo. Y para que dejen de ser considerados ganado por los bandidos que los confunden y los empecinan en el fanatismo por sus falsos ídolos. Es una vergüenza, una pena y un desatino enorme de los argentinos, pasar por la vida sin leer a Sarmiento. Y es más grave esto si se es educador, ya que, en su justa valoración, está en juego para el futuro nuestra dignidad de seres racionales, que nos diferencia de los animales, y la justicia de hacernos respetar y de hacer respetar la memoria de quienes dieron su vida por la libertad y la patria que hoy disfrutamos, ya sean ellos nuestros padres, héroes, próceres, mártires o santos, cuya entrega y generosidad contrasta gravemente con la de los actuales necios llenos de fanatismo, ambición personal desmedida, intolerancia e hipocresía.

Daniel E. Chavez
Pasaje Benjamín Paz 308
San Miguel de Tucumán


Todo hace crisis

Aunque pocos intenten ver su raíz, la violencia, personal y social, nacional e internacional lo está exigiendo. Critican lo que aflora a la vista, pero no observan la raíz que ahora la crisis destapa. Tampoco reconocen la violenta injusticia y falsedad en que se vive. Les parece normal que unos tengan mucho y otros no tengan ni para comer. Parecieran despreciar la vida de los demás valorando solamente la suya, aunque si uno atiende valores tangibles, no existe otro valor mayor que la vida humana a la que tanto se desprecia y para ella no hay verdadera justicia. Y así se vive, entre deseos, sufrimientos, frustraciones, odios y temores, pero perdiendo la paz en los propios corazones. ¿Por qué será, si no, que se mata, se droga o se violenta? Todos queremos vivir bien pero vivir bien no es solamente algo externo ni material. Vivir con sufrimientos y temores no es vivir bien. Se debería reflexionar sobre lo que implica el tratar a los demás como se quiere ser tratado y comenzar a practicarlo. Única manera de superar lo negativo de esta crisis y ayudar así a construir un mundo mejor, en el que muchos han soñado.

Javier Astigarraga
javastiga1@arnet.com.ar


Maldita corrupción

“La democracia tiene responsabilidades profundas con aquellos que habitan en ella. Y su mayor responsabilidad es, por supuesto, la educación, la distribución del ingreso, que nadie pase hambre, que nadie sea un analfabeto, y posibilidades de trabajo para todos. Si la democracia no puede dar esto... y bueno, está fallando algo” (Jean Paul Sartre). De la atinada frase del filósofo y escritor francés se puede inferir que el principal motivo, no el único pero sí el más grave, que permite que la democracia vernácula falle, es la maldita corrupción. Una maldita corrupción que permite que niños que apenas saben leer y escribir sean promovidos de grado, en pos de estadísticas mentirosas, impidiendo que cuenten con una indispensable base educativa que les facilite desenvolverse y discernir adecuadamente en su juventud y adultez. Una maldita corrupción que permite una irritante y deleznable inequidad en la distribución de los ingresos, por la que un reducido grupo se apropia de lo que a la mayoría pertenece, muchas veces, si no casi todas, ilícitamente, agrandando aún más la brecha económica y social existente. Una maldita corrupción que permite que muchos grandes y chicos pasen hambre y deban mendigar alimentos y limosna, cuando al mismo tiempo no se rinden debidamente millonarios gastos efectuados a costa del erario, alardeando algunos impunemente, además, con vehículos, viajes, mansiones y otros bienes malhabidos. Una maldita corrupción que permite que Tucumán figure a nivel nacional en los últimos lugares de la prueba Aprender, lo que nos confiere el triste nivel de provincia sin una necesaria e indispensable instrucción formativa a futuro. Una maldita corrupción que permite que los mejores trabajos y oportunidades sean para los hijos, parientes o amigos “de”, en perjuicio de los demás ciudadanos, cuando hay muchos jóvenes que no cuentan con posibilidad alguna de acceder a un empleo acorde a su capacidad y preparación, rompiéndose así el precepto constitucional de “igualdad ante la ley”. Así y todo contamos con una opción poderosísima, que bien utilizada impedirá que oscuros, siniestros y vergonzosos personajes sigan pisoteando, desde ostentosas poltronas o de altos cargos bien remunerados y repudiables privilegios, la dignidad de muchos, en especial la honra de personas con insuficientes recursos materiales, educativos y culturales. Esa opción, que la bendita democracia permite que utilicemos, es el voto. A usarlo en su momento, por lo tanto, con responsabilidad y conciencia. Alguien alguna vez manifestó: “Me molestan muchísimo tanto los políticos como los funcionarios corruptos. Pero me molestan muchísimo más aquellos ciudadanos que los defienden”.

Ramón Alfredo Maldones
ra_maldones@hotmail.com


Seguridad en el trabajo

El 21 de abril se celebra en nuestro país el Día de la Higiene y Seguridad en el Trabajo. Fue establecido mediante Decreto 4159/73, en conmemoración de la sanción de la Ley 19.587 (de Higiene y Seguridad). El celebrar este día tiene como objeto recrear y reforzar la cultura de la prevención de los riesgos del trabajo entre la población, las asociaciones gremiales, de empleadores y otras agrupaciones y organizaciones vinculadas directa o indirectamente con la salud, la higiene y la seguridad laboral. En los tiempos actuales, se puede afirmar, sin duda alguna, que la seguridad en el trabajo es una obligación legal, una necesidad social y una conveniencia empresaria. Sin embargo, aún una gran cantidad de empresas y organizaciones -tanto públicas como privadas- no tienen definida una política interna de seguridad. No se tiene en cuenta que si no hay una política, tampoco existen objetivos, ni acciones programadas, ni controles, ni resultados. La seguridad, para que sea posible, debe estar integrada como parte activa de los procesos productivos, junto con la cantidad, la calidad y el medio ambiente, como una sola prioridad unificada. En otras palabras, los objetivos en seguridad deben ser tan importantes como los de la producción, la comercialización, el mantenimiento, etcétera; y el no hacerlo explica que todavía ocurran accidentes en situación de trabajo. Un tema que no recibe la importancia que merece es la educación en la prevención de riesgos, la que correctamente desarrollada debe brindar una sólida base para que los trabajadores identifiquen los peligros y que además puedan actuar adecuadamente frente a ellos de modo proactivo. Esto requiere que todo trabajador, mediante el proceso educativo que se le brinde, incorpore y asuma la seguridad como un valor personal. Una vez adquirido este valor, indispensable en los tiempos modernos, podrá ser una persona activa y comprometida en desarrollar y acrecentar la cultura preventiva de la que carecemos. Aprovecho esta carta para saludar a los profesionales, a los técnicos prevencionistas y a aquellas personas de buena voluntad que todos los días ponen lo mejor de sí para evitar la ocurrencia de accidentes.

Juan Francisco Segura
Pasaje Baaclini 675
San Miguel de Tucumán


1 Comentarios

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Juan Pablo Galvan #1 21 Abr 2017 00:51 Hs

Daniel Chávez, recién leo tu carta que es igual a las anteriores; siempre defendiendo y admirando porquerías. No sé que diría Teo de vos.