El levantamiento del Ghetto de Varsovia

Víctor J. Chocobar, abogado / [email protected]

18 Abr 2017
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foto de archivo

Entre los hechos heroicos de la segunda guerra mundial aparece, sin dudas, el mayor de todos ellos: el levantamiento del Ghetto de Varsovia, que comenzó el 19 de abril de 1943. La persecución nazi a los judíos ya había comenzado mucho antes, al llegar Hitler al poder en 1933. Con la invasión de Polonia en 1939, las muertes alevosas e indiscriminadas eran comunes. El decreto del 7 de diciembre de 1941 ordenó, con la “solución final”, el hacinamiento de los judíos en las ciudades europeas ocupadas. “Sombras y niebla” se llamó la orden: judíos, opositores y cualquiera calificado de “indeseable” desaparecería en las sombras de lo desconocido y de su existencia sólo quedaría el tenue y persistente humo de los crematorios. Así, en el Ghetto de Varsovia los alemanes encerraron a casi medio millón de personas, a las que luego los fusilamientos arbitrarios, las enfermedades, y el hambre fueron diezmando. En el verano de 1943 se llevaron unos 300.000 a los campos de la muerte para ser eliminados. Era tan terrible la situación que muchos adultos subían mansos a los trenes, creyendo ingenuamente salvar así su vida, porque así su familia recibiría cien gramos más de pan negro y diez de mermelada. Quedaban unos 60.000, útiles a los ocupantes como mano de obra esclava. Pero he aquí que quienes no fueron deportados se decidieron a resistir a su suerte. Sería el primer levantamiento civil en la Europa ocupada por la barbarie nazi, y la primera lucha armada hebrea desde los tiempos de Roma. Con un pequeño grupo organizado por Morecai Anielewicz, unos 700 judíos jóvenes apenas armados con revólveres, bombas caseras y algunos rifles repelieron el asalto final al Ghetto ordenado por el Alto Mando y confiada su ejecución al general Stroop, un SS fanático. Mucho tiempo y recursos costó a la maquinaria nazi reducir a los casi 70.000 judíos que allí quedaban, perdiendo los represores 17 hombres, sufriendo casi 90 heridos en una lucha desigual. Stroop se congració con el criminal Himmler, jefe de las SS, al anunciarle su infame “triunfo”: “el Ghetto de Varsovia ya no existe”, le dijo el 16 de mayo. Se incendió todo lo edificado y se capturó con lanzallamas a los últimos escondidos. 150 judíos son atrapados el 3 de junio en un búnker. En septiembre se mandó derrumbar ladrillo sobre ladrillo del Ghetto. Una chica de 15 años logró sobrevivir en un escondite hasta mediados de diciembre. ¿Qué llevó a los judíos a resistir y enfrentar a sus verdugos? Siendo como enseñó aquí Alberdi, el referirse a quienes lucharon contra la tiranía: “el ideal se hace sublime cuando se lucha contra toda posibilidad”. Rodeados como estaban de la más poderosa máquina de guerra y el impadioso fanatismo racista. No iba a ser mejor la situación si eran luego “liberados” por el comunismo soviético. La respuesta que cabe es el valor que esos seres humanos dieron a la libertad. Los judíos del Ghetto y luego los civiles de Varsovia en 1944 dejaron testimonio a las generaciones por venir que la vida sin libertad no merece ser vivida. Que es necesario enfrentar la barbarie porque ella es la que les quita sentido a sus vidas, a menos que se luche por revalorizarlas, recuperando su libertad y así, su dignidad. Que más de 70 años después y ojalá por siempre se recuerde a esos mártires, que entregaron su vida en la lucha. Transformaríamos su tragedia en triunfo si a la lección que dieron a la humanidad la hacemos indeleble.

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