La pequeña Rosario

11 Abr 2017

Hace dos años, funcionarios provinciales y nacionales, operadores judiciales y miembros de las fuerzas de seguridad negaban que Tucumán fuera el Rosario del NOA, pero advertían que podría serlo si es que no se tomaban medidas para evitarlo. Hoy, su perspectiva es diferente. En todos estos meses se hizo poco y la provincia indefectiblemente va camino a transformarse en una pequeña ciudad que se desangra por los narcos y las drogas.

El Abasto se despertó el sábado con el sonido de disparos. “Los Toro” se enfrentaron a tiros con “Los Acevedo”, líderes de la barrabrava de Atlético. Una semana antes, estos últimos balearon la casa de Ángel “El Mono” Ale (detenido en el penal de Villa Urquiza) porque su hijo, Eduardo “El Monito” Ale, había herido de un balazo a uno de los cabecillas del grupo. Los investigadores vinculan esta escalada de violencia con una pelea por el poder de las tribunas de 25 de Mayo y Chile que estaría relacionada al negocio del narcomenudeo.

“Los Monos”, la banda considerada como modelo de estructura narco generadora de terror por su capacidad para matar, se hizo mucho más poderosa cuando se quedó con el poder de la barra de Newell’s. A base de balazo limpio consiguió adueñarse de la tribuna que le permitió establecer vínculos políticos que le garantizaron impunidad en los tres poderes del Estado. También tejieron numerosos lazos para extender su dominio en esa ciudad.

Los especialistas aseguran que “Los Monos” crecieron porque el Estado hizo poco para detenerlos. Una Justicia Federal casi colapsada y fuerzas de seguridad sin recursos humanos y tecnológicos para perseguirlos y cierta complicidad del poder político fueron sus mejores aliados. Recién cuando llenaron las calles de drogas y sangre, la Nación reaccionó. A los juzgados les dio más herramientas y envió más policías federales y gendarmes para tratar de poner fin a su dominio.

Tucumán no está muy alejado de esa realidad. Hoy el juez Fernando Poviña atiende tres juzgados federales (el suyo; subroga el otro de Tucumán porque su par Daniel Bejas está de licencia y además tiene uno de Jujuy cuyo titular sigue sin nombrarse) picantes porque son de fronteras. Y al combo se le agrega que apenas dos fiscales deben dirigir las investigaciones mientras analizan otras causas que van desde delitos tributarios, pasando por cuestiones de lesa humanidad y terminando con contrabando. Aún así, la Digedrop y la División Drogas Peligrosas de la Policía Federal, desde febrero, desbaratan en promedio tres quioscos dedicados a la venta de drogas por semana. Gendarmería Nacional, sólo en la última semana, incautó en la región unos 100 kilos de cocaína. Se cree que al menos el 50% de la “merca” salió de esta provincia. Saben que eso es poco. Que falta mucho más y que todavía están lejos de atrapar a los líderes de las organizaciones, como hicieron el año pasado con las bandas lideradas por Luis “Gordo Vaca” Vega y Rogelio “El Gordo” Villalba.

Lujos y algo más

El país se sorprendió cuando descubrió la vida que llevaban “Los Monos”. Sus líderes habían dejado los asentamientos de la periferia para ubicarse en barrios exclusivos de las afueras de Rosario. En una de ellas, por ejemplo, descubrieron una pileta de niños que tenía la forma de Mickey Mouse. En estas tierras, los narcos se habrían inclinado por Yerba Buena. Carla Sánchez, la concepcionense acusada de liderar un grupo, fue detenida en un country. Al “Gordo Vaca” lo arrestaron en el barrio Las Acacias.

En Rosario, con el crecimiento de los grupos dedicados al narcomenudeo, se dispararon hacia arriba todos los índices de homicidios. En otras palabras, llenaron de sangre las calles de esa ciudad por las peleas que tuvieron con otras bandas y por las personas que mandaron a matar. Tucumán tampoco está muy lejano a esa realidad. En lo que va del año se produjeron alrededor de 40 homicidios y más de la mitad tuvieron a la droga como denominador común. Las peleas entre bandas, los “transas” que mataron a clientes y adictos que se asesinan entre ellos por una dosis fueron los móviles más comunes de esos crímenes. Otro dato: casi el 90% de las víctimas fueron ultimadas con armas de fuego. Cada vez hay más pistolas en la calle y los investigadores sospechan que serían adquiridas en un mercado negro que se abastece canjeándolas por droga.

El panorama se torna más grave si se tiene en cuenta los efectos colaterales. Los narcos sólo han sembrado muerte en la provincia. Ya hay más de una generación que se muere por consumir y que mata para poder consumir. En Tucumán no hay un centro para recuperación de adictos, pero más del 85% de los delitos -se incrementó un 5% con respecto a los últimos meses- son cometidos por personas que tienen problemas de adicción. Los fiscales, que diariamente se topan con esta dura realidad, no paran de sorprenderse. Muchos de los aprehendidos son jóvenes que tienen trabajo y que necesitan más dinero -especialmente los fines de semana- para poder seguir bebiendo o drogándose. Al mismo tiempo, espantados, cada vez son más los padres que recurren a la Justicia para que detengan a sus hijos que se han vuelto incontrolables. Ya no sólo les quitan las pocas cosas de valor que tienen en sus casas, sino que también los agreden y los lastiman.

La provincia se ha convertido en un enorme tablero de ajedrez. Hay casilleros blancos y negros, no grises. El jaque se viene escuchando desde hace mucho tiempo. Será responsabilidad de los dirigentes saber qué movimientos darán. Está claro que no sólo se necesitan uniformes, sino decisiones para entender que se requiere profundizar el plan integral para salir de esa situación. Si no hay cambios, no faltará mucho para que retumbe el jaque mate.

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