¿Y si tengo una obra robada por los nazis?

Los coleccionistas alemanes se empezaron a plantear este dilema.

21 Mar 2017 2
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- "El retrato de Adriaen Moens".

Catherine Hickley / The New York Times

Las colecciones privadas quedaron fuera del alcance de quienes rastrearon las obras de arte robadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, pinturas han estado colgadas por décadas en casas de familia y en pasillos de oficinas, a menudo con historias vagas o incongruentes. Nadie habló de cómo se habían adquirido.

“No quiero cosas robadas colgando en la pared; es bastante simple”, dijo Jan Philipp Reemtsma, quien contrató a un investigador hace 15 años para que examinara la colección heredada de su padre, el industrial del tabaco Philipp F. Reemtsma.
  
Para persuadir a más coleccionistas a fin de que lleven a cabo tales investigaciones, el Gobierno alemán empezará a subsidiar esos esfuerzos con dinero de un fondo de 3,6 millones de dólares.

Hasta ahora, el dinero público ha ayudado a buscar artículos saqueados sólo en los museos y las bibliotecas. La decisión de ampliar el alcance se tomó en febrero, debido a la revelación sobre el tesoro artístico que Cornelius Gurlitt tenía en su departamento en Múnich.

Gurlitt había heredado las obras de arte de su padre, un comerciante de los nazis que compraba las que se habían confiscado en hogares judíos o que, bajo presión, las vendían judíos desesperados por huir. El caso puso de relieve el tema del arte mancillado en las colecciones privadas y planteó el espectro de que miles de obras de arte saqueadas pudieran estar ocultas en áticos y sótanos.

El equipo del Gobierno alemán que está estudiando las obras de Gurlitt ha identificado a cinco que fueron saqueadas o vendidas bajo coerción, así como otras 153 que serían producto del saqueo.

En 2006, unos cuantos años después de que Reemtsma contratara al investigador Silke Reuther para que estudiara su colección, lo mismo hizo Bettina Horn. Ella administra la fundación que maneja la colección de su esposo, Rolf Horn, fallecido en 1995. Reuther no encontró obras saqueadas en ninguna de las colecciones, aunque sí notó grandes lagunas en la procedencia de muchas de las obras.

Distinto es el caso de la compañía Dr. Oetker, un negocio familiar que hace productos para hornear y otros alimenticios. Ellos identificaron cuatro pinturas saqueadas en su posesión, de unas 200 que se han investigado hasta ahora.

Una de las obras, “El retrato de Adriaen Moens” (foto), pintado por Anton van Dyck, estuvo colgado muchos años en un tranquilo pasillo que conducía a la suite ejecutiva de la firma. Está Moens, un teólogo de Amberes, de perfil, con un bigote muy bien arreglado, barba de candado y una voluminosa túnica negra, descansando suavemente los dedos sobre las páginas amarillentas de un libro encuadernado en piel.

La compañía anunció este año que le devolverá la pintura a Marei von Saher, el único heredero de Jacques Goudstikker, un comerciante holandés que huyó de los nazis en 1940. El retrato se vendió bajó presión y pasó por las manos del comandante en jefe de la Luftwaffe, Hermann Goering, antes de que Rudolf August, a la sazón el director ejecutivo de Dr. Oetker, lo adquiriera en 1956.

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