La Orquesta Estable tiene una concertino de 30 años

El cargo, vacante desde hace tiempo, se cubrió por concurso en el teatro San Martín.

21 Mar 2017
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AL FRENTE. “Este es el comienzo de otra forma de trabajar, tratando de hacer crecer la orquesta”. Gentileza Penélope Albornoz.-

Sueña con conocerlos en vivo. A Itzhak Perlman, a Joshua Bell y a Hilary Hahn. La violinista Penélope Albornoz los admira como referentes mundiales. Pero antes, le da todo el crédito a Gustavo Guersman: “es mi maestro de toda la vida; me recibió a los cuatro años”. Hoy, a los 30, Albornoz ha llegado al podio de los violinistas sinfónicos: ganó por concurso el cargo de concertino de la Orquesta Estable de la Provincia, que estaba vacante desde hace más de un año.

La competencia tuvo lugar en el teatro San Martín, con un jurado integrado por los maestros Eduardo Alonso Crespo, Pablo Grossman (San Juan) y Miguel Buchhalter (Salta).

Bach y Mendelssohn

Como primera instancia había que publicar un video, y Albornoz tocó el Adagio de la Sonata en Sol menor de Bach. Cinco violinistas llegaron a la segunda etapa: Carlos Alberto Solórzano y Rocío Rojas, de Salta, Florencia Argañaraz, de Catamarca y los tucumanos Genaro Sánchez y Albornoz. Fue, tal vez, la prueba más dura, el solo de un concierto completo.

“Toqué el Concierto de Mendelssohn en Mi menor, acompañada por Celina Lis. Fue un ayudón porque es una excelente pianista y maestra. Además venía una interpretación a primera vista, al azar. Me tocó Danza de Anitra (Grieg). Entonces pasamos a la fase tres y ensayamos con la orquesta los solos, para no ir fríos al día siguiente. La prueba final fue en el horario de la orquesta, y en el orden sorteado. Nos sentamos en el lugar del concertino, no parados al frente como solistas sino en la fila, ya como guías de la orquesta. Aproveché para dar un par de indicaciones de arcos a los músicos”, dice, como quien muestra su condición de líder. Después siguió un examen escrito sobre detalles técnicos y una entrevista a Albornoz, Rojas y Sánchez, los tres finalistas. “Ha sido muy exigente, muy completo y, lo más importante, muy transparente, con un jurado de afuera y de profesionales muy calificados”, resalta.

Albornoz adoptó el violín como compañero de vida desde la infancia, a través del Instituto de Música de la UNT, con los maestros Guersman, Palazzo, Del Lungo, y con Fernando Hasaj en Buenos Aires. Integró la fila de la Juvenil, de la Sinfónica de la UNT y de la Estable, así como del cuarteto de cuerdas Aquelarre y del trío de cámara Layqay.

Resalta la buena onda y el profesionalismo de la orquesta; la intimida un poco trabajar con compañeros de la edad de sus padres, pero está exultante.

“Sinceramente no lo puedo creer todavía -confiesa-. Es una de esas metas que uno sueña alcanzar; un hito en la carrera. Me siento completa, si bien este no es el final sino el comienzo de otra forma de trabajar, tratando de hacer crecer la orquesta, no desde la fila sino desde la cabecera”. Así será: en el concierto del 7 de abril Penélope Albornoz dará el La de afinación para toda la orquesta.

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