Era una plácida aldea

Aquel Tucumán cotidiano de “Fruto vedado”

20 Mar 2017 38
1

LA CALLE 25 DE MAYO. Así se veía la segunda cuadra, en los tiempos de Paul Groussac y su “Fruto vedado”.

Es conocido que Paul Groussac ambientó su novela “Fruto vedado” (1884), en la ciudad de Tucumán, donde residió desde 1871 hasta 1883. En su libro la denominaba “la provincia azucarera de San José”. Cuenta que los grandes sucesos de la vida aldeana eran, por ejemplo, “las luchas electorales, o la temporada teatral de algunos pobres comediantes náufragos que caían extenuados de Bolivia o del litoral, y hacían relumbrar, en algún patio y a la mezquina luz de cuatro quinqués, su romántica ferretería de Toledo”.

Por lo demás, “una atmósfera aletargadora envolvía a la población: un aburrimiento robusto y plácido sin agudas crisis ni estallidos de pasión. Todas las fiebres conocidas eran las que se curan con píldoras de quinina. La juventud aristocrática estaba en las estancias, los ingenios o las tiendas de géneros. Medir zaraza era oficio noble y la vara maciza un atributo de criolla hidalguía”.

“Cada mocetón se enamoraba en cierto día de alguna guapa muchacha en misa o en la retreta; tanteaba el agua algunas semanas, la visitaba algunos meses, después del toque de oraciones, comulgando con la familia bajo las especies del mate común; y al fin se casaba sin ruido ni despilfarro. Al cabo de tres o cuatro años la fina muchacha, poseedora de otros tantos hijos, estaba hecha un amplía matrona que no salía sino para oír misa, y deslizaba su vida feliz como chorro de espesa miel; hasta que la nueva generación venía a seguir en el llano sendero una existencia exactamente igual”.

Esta situación, decía, “hubiera degenerado fácilmente en empastamiento y beociana coagulación, a faltar un elemento vivaz que mantenía alborotadas las diminutas olas del lago provincial, y renovada incesantemente la atmósfera pesada. Esta sal de la azucarada tierra era la chismografía”.

Comentarios

Comentarios

Para poder comentar debes Ingresar / Registrarte