Un testimonio reavivó una vieja controversia en el TOF

Declaró uno de los condenados por el crimen de Viola y de su hijita. Allegados de imputados de la causa desplegaron una bandera. Ángel Núñez habló de su detención y del secuestro de sus familiares.

17 Mar 2017
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EN LA SALA. Carteles se exhibieron durante la declaración de Fermín Núñez. la gaceta / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

“Todos los hechos no aclarados me fueron endilgados. Era amenazado con que me iban a matar o volver al campo de concentración si cambiaba algo de las declaraciones. No quería volver, quería seguir viviendo”. Ángel Fermín Núñez declaró ayer en el Tribunal Oral Federal (TOF) por la megacausa “Operativo Independencia” y relató los hechos desde su secuestro, en 1975, hasta su liberación en 1987 y posterior indulto en 1989. Detalló su paso por centros clandestinos y por cárceles.

Al igual que sucedió cuando declaró como testigo por los secuestros de su padre y de uno de sus hermanos en la megacausa “Arsenales II-Jefatura II”, su figura generó controversia en la sala. Sucede que fue uno de los condenados por el homicidio del capitán Humberto Viola y de su hijita María Cristina, de tres años, perpetrado en 1974.

Cuando Núñez se presentó, lo apoyaron familiares de desaparecidos y organismos de derechos humanos. A la vez, allegados de imputados desplegaron una bandera argentina y otra que rezaba “Basta de impunidad”, con fotos de la familia Viola. También exhibieron imágenes de José María Paz (en la sala estaba su hija Eugenia Paz), asesinado por Montoneros en 1974 en un intento de secuestro.

Núñez explicó que se dedicaba a la distribución de lácteos y que era “simpatizante” del PRT-ERP y que, como miembro, realizaba “tareas barriales”. Dijo que su detención ilegal se produjo el 18 de enero de 1975. Y manifestó que su padre y sus tres hermanos fueron secuestrados. Fue llevado a la Jefatura, a la Escuelita y a las cárceles de Villa Urquiza, Rawson y Devoto. Mencionó a policías que vio en la Jefatura y, luego, que lo sacaron de la cárcel local. Entre ellos a Roberto Albornoz y a “Figueroa”, apellido de otro de los 19 imputados. Aseguró que sus declaraciones en las causas por las que estuvo preso fueron obtenidas bajo tortura (en una fue condenado por tenencia de material “subversivo” y él afirmó que “fue armada”). “En La Escuelita conocí la tortura más descarnada: el submarino y la parrilla. Los que estábamos para ser desaparecidos teníamos una cinta roja. Mi identidad era el número cuatro, lo tenía en la campera”, lamentó.

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