El amor de Ailin y de Mauricio supera cualquier barrera

El amor de Ailin y de Mauricio supera cualquier barrera

La joven, de 17 años, está internada en la Terapia Intensiva del Padilla desde hace dos meses y los novios decidieron no postergar ni un día más la boda. Ella está embarazada y padece de mielitis, una enfermedad que le impide moverse.

28 Ene 2017

Un pasillo pegado a la Terapia Intensiva del hospital Padilla ayer se vistió de gala y de emoción. Las telas blancas marcaban la separación con el resto de las instalaciones y los globos blancos y verdes en las columnas anunciaban que era un día de festejos, que al menos por una horas el dolor quedaría de lado.
Médicos, enfermeros, familiares y amigos se reunieron para celebrar con una joven pareja que, con un inmenso amor y coraje, decidió celebrar su matrimonio. Con ayuda de los enfermeros, primero entraron las dos damas de honor: eran dos pacientes, compañeras de la sonriente novia, quienes tuvieron que cargar sus catéteres y respiradores para formar parte de la ceremonia. En su cama, fuera de la sala que la tiene prisionera, con su flamante vestido blanco y zapatos plateados Ailin Rugiero hizo su ingreso. Allí ya la esperaba su amor, Mauricio Singh, listo para posicionarse al lado de su frágil mano. 
Era una boda que estaba programada desde hacía un año. La pareja postergó a unión porque querían juntar plata para hacer una fiesta diferente. Y vaya que si tuvieron una fiesta diferente. El destino los empujó a sellar ese amor en el hospital, donde Ailin transita su internación debido a que padece mielitis, una enfermedad que afecta su motricidad. Pero eso no le impidió sonreír y decir “sí, quiero”.
Camino sinuoso
Desde sus inicios la pareja atraviesa obstáculos. “Los dos tuvimos una vida golpeada, con muchas dificultades”, afirma Mauricio. La primera trampa pero la más fácil de sortear fue la edad. Los novios se llevan siete años: ella tiene 17 y él 24.
El segundo era la situación sentimental de Mauricio. Cuando conoció a Ailin, él tenía otra pareja. Por lo que sus primeros encuentros debieron ser a escondidas. “Dejé a mi otra pareja para estar con ella. Porque vi en ella lo que no tenía otra mujer”, afirmó el novio.
Pero el impedimento más fuerte fue su cercanía, ya que desde hace dos años sus padres son pareja. El padre de Ailin, luego de la muerte de su esposa, comenzó una relación con la madre de Mauricio. “Al conocerse en la casa donde yo estoy viviendo, se enamoraron. Estuve en total desacuerdo desde el comienzo”, comenta Alejandro Rugiero, papá de la novia. Pero su romance logró superar toda discusión y problema.
La relación fue rápido y a paso firme. Con apenas tres meses de enamoramiento, los chicos formalizaron su relación. Desde el comienzo -cuenta Alejandro- sabían que querían juntarse. Su casamiento estaba planificado desde enero del 2016. Seis meses después del compromiso, la pareja se multiplicó: Ailin quedó embarazada. Meses más tarde se enterarían de que sería un niño, al que llamarán Oseías Josué.
Un duro golpe
Promediaba el mes de noviembre cuando Ailin comenzó a presentar fuertes dolores. Los problemas llegaron a tal punto que fue llevada al hospital Padilla de urgencia, en el mismo “templo” donde ayer se casó. En el hospital le diagnosticaron mielitis. Es un problema neurológico que produce una inflamación en la medula espinal. “El pronóstico, con la gravedad del cuadro, es incierto en relación a la evolución”, explica Alejandro Lembo, subdirector del hospital.
A pesar de haber padecido graves dolores y perder gran parte de su motricidad, para Ailin la principal preocupación era su hijo. El médico se mostró confiado: “creemos que va a poder dar a luz”.
La ceremonia duró alrededor de una hora. El clima de todo el hospital era otro, de celebración, emoción y principalmente de esperanza. Nunca antes la frase “que vivan los novios” se había gritado con tanta fuerza.

Un pasillo pegado a la Terapia Intensiva del hospital Padilla ayer se vistió de gala y de emoción. Las telas blancas marcaban la separación con el resto de las instalaciones y los globos blancos y verdes en las columnas anunciaban que era un día de festejos, que al menos por una horas el dolor quedaría de lado.

Médicos, enfermeros, familiares y amigos se reunieron para celebrar con una joven pareja que, con un inmenso amor y coraje, decidió celebrar su matrimonio. Con ayuda de los enfermeros, primero entraron las dos damas de honor: eran dos pacientes, compañeras de la sonriente novia, quienes tuvieron que cargar sus catéteres y respiradores para formar parte de la ceremonia. En su cama, fuera de la sala que la tiene prisionera, con su flamante vestido blanco y zapatos plateados Ailin Rugiero hizo su ingreso. Allí ya la esperaba su amor, Mauricio Singh, listo para posicionarse al lado de su frágil mano. 

Era una boda que estaba programada desde hacía un año. La pareja postergó a unión porque querían juntar plata para hacer una fiesta diferente. Y vaya que si tuvieron una fiesta diferente. El destino los empujó a sellar ese amor en el hospital, donde Ailin transita su internación debido a que padece mielitis, una enfermedad que afecta su motricidad. Pero eso no le impidió sonreír y decir “sí, quiero”.



Camino sinuoso

Desde sus inicios la pareja atraviesa obstáculos. “Los dos tuvimos una vida golpeada, con muchas dificultades”, afirma Mauricio. La primera trampa pero la más fácil de sortear fue la edad. Los novios se llevan siete años: ella tiene 17 y él 24.

El segundo era la situación sentimental de Mauricio. Cuando conoció a Ailin, él tenía otra pareja. Por lo que sus primeros encuentros debieron ser a escondidas. “Dejé a mi otra pareja para estar con ella. Porque vi en ella lo que no tenía otra mujer”, afirmó el novio.

Pero el impedimento más fuerte fue su cercanía, ya que desde hace dos años sus padres son pareja. El padre de Ailin, luego de la muerte de su esposa, comenzó una relación con la madre de Mauricio. “Al conocerse en la casa donde yo estoy viviendo, se enamoraron. Estuve en total desacuerdo desde el comienzo”, comenta Alejandro Rugiero, papá de la novia. Pero su romance logró superar toda discusión y problema.

La relación fue rápido y a paso firme. Con apenas tres meses de enamoramiento, los chicos formalizaron su relación. Desde el comienzo -cuenta Alejandro- sabían que querían juntarse. Su casamiento estaba planificado desde enero del 2016. Seis meses después del compromiso, la pareja se multiplicó: Ailin quedó embarazada. Meses más tarde se enterarían de que sería un niño, al que llamarán Oseías Josué.

Un duro golpe

Promediaba el mes de noviembre cuando Ailin comenzó a presentar fuertes dolores. Los problemas llegaron a tal punto que fue llevada al hospital Padilla de urgencia, en el mismo “templo” donde ayer se casó. En el hospital le diagnosticaron mielitis. Es un problema neurológico que produce una inflamación en la medula espinal. “El pronóstico, con la gravedad del cuadro, es incierto en relación a la evolución”, explica Alejandro Lembo, subdirector del hospital.

A pesar de haber padecido graves dolores y perder gran parte de su motricidad, para Ailin la principal preocupación era su hijo. El médico se mostró confiado: “creemos que va a poder dar a luz”.

La ceremonia duró alrededor de una hora. El clima de todo el hospital era otro, de celebración, emoción y principalmente de esperanza. Nunca antes la frase “que vivan los novios” se había gritado con tanta fuerza.

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Hospital Padilla
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