EN EL OTRO LADO DEL MUNDO

Cómo cantar en japonés sin conocer el idioma y triunfar

Rodrigo Inchausti, miembro de Fra Tenori, venció en el reality más visto de la TV nipona
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EN PANTALLA. Rodrigo Inchausti compitió con otros 11 cantantes en el programa televisivo “Nodojiman”.

Rodrigo Inchausti soñaba desde chico en conocer Japón, pero jamás imaginó que lo concretaría del modo en que lo hizo. Casi 17.500 kilómetros distancian Catamarca (donde vive el integrante de Fra Tenori) con Tokio, pero la música logró que se redujera a cero. El cantante ganó el reality “Nodojiman”, uno de los más vistos en el país nipón, con dos temas cantados por fonética y sin saber con certeza el sentido de las letras.

Lo que comenzó como un sueño se transformó en una realidad que tendrá continuidad el próximo año, cuando vuelva a suelo japonés para defender su trofeo. En esa oportunidad, confía en que aprovechará la popularidad alcanzada con el programa en el que participó (con decenas de millones de seguidores) para mostrar su arte por el país en distintas presentaciones.

“El concurso comenzaba cuando uno en mandaba por video un tema en japonés, y yo elegí ‘Caruso’. Me seleccionaron y me enviaron los pasajes para participar en vivo, en el que canté dos canciones, ‘Mata au hi made’ y ‘Ozora to daichi no naka dee’. Sólo sé que son temas románticos, pero les gustó lo que hice y gané”, sintetiza Inchausti a LA GACETA.

- ¿Cuándo comenzaste con el canto?

- Desde chico quería cantar, pero una vez lo hice frente a mi mamá y puso una cara terrible, por lo que desistí; habré tenido ocho años. En la adolescencia me grababa y me escuchaba, tenía sentido común y sabía que estaba mal. Lloré de la frustración y de la impotencia. Probaba con distintos géneros y no había caso, y entonces me dediqué a la informática. Pero nunca aflojé y un día, viendo un video de los Tres Tenores (Luciano Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo), probé y descubrí que tenía ese registro, aunque no acertaba la nota hasta que insistí y lo logré. Mi formación es autodidacta en lo popular, no escucho ópera, no me moviliza. Sí Michael Bolton, Diego Torres, Cacho Castaña, Abel Pintos...

- ¿Para lograrlo fue clave la constancia y la disciplina?

- Sí, son fundamentales. En mi caso se dio por mi amor a la posibilidad de cantar. Era mi sueño y había encontrado la veta cuando largué la voz y me encontré como tenor. Mi mente estaba en eso desde que me levantaba hasta que me dormía. La nota nace en el cerebro: se la piensa antes de emitir.

- ¿Qué significa Fra Tenori?

- Miro y aprendo muchísimo de cada uno con sus diferentes estilos y puntos fuertes. Por ejemplo, Blas García es un carismático y tiene una voz que llega al corazón y Monchi Poliche es la técnica absoluta. Sigo en Fra Tenori y quiero tener una carrera solista en paralelo.

- ¿Qué le aportás vos al grupo?

- Soy yo al 100%, un tenor dramático que toma decisiones propias. En la lírica está prohibido el falsete, pero si me encanta cantarlo en un momento, lo voy a hacer porque me gusta como queda y soy fiel a eso. Mi parámetro es si me lastima o no lo que estoy haciendo. Y éso fue lo que hice en Japón: tomé una canción totalmente popular y la canté a mi manera, les sorprendió y pasó lo que pasó. Siempre amé Japón, y soñé con conocerlo a través de las artes marciales porque hacía karate. Hace un par de meses, un amigo mío que vive en Tokio me avisó del programa, en el que se postulaban participantes de todo el mundo para cantar canciones japonesas y en ese idioma. Me anoté y meses después me contactaron para que mande un video, fui pasando etapas y viajé al programa. Debía preparar dos canciones para hacerlas en vivo y la traductora me explicó un poco qué decían; eran de amor y de reencuentro. El desafío es que el público y el jurado cierre los ojos y sientan que es un japonés cantando. Lo hice a mi modo y gané.

- ¿Que implicó ganar?

- No hay un premio económico, porque el costo del concurso es muy alto. Volveré el año próximo, y tengo meses para prepararme. Pero mi sueño es que la gente me conozca en la Argentina, porque es triste que el reconocimiento llegue de afuera.

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