EN TAFÍ DEL VALLE

La recompensa es natural por llegar a la cumbre del “Negrito”

“Fue uno de los desafíos más complejos que tuve en mi vida”, dijo Mariana Torres, una joven abogada y fanática del trekking que se sumó a la expedición.
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“SE HACE CAMINO AL ANDAR”. Un grupo de expedicionarios avanza en el trayecto por senderos de la montaña. FOTO GENTILEZA DE JOSÉ JIMÉNEZ

El oxígeno es escaso. A mayor altura, se aflojan las piernas. Es difícil, pero no imposible. Por supuesto, hay que tener buen estado físico y, sobre todo, seguir las indicaciones del guía. A la montaña se puede subestimarla. Al contrario, hay que respetarla. El secreto está en adaptarse al terreno para llegar a la cumbre en el cerro El Negrito, de Tafí del Valle.

Un grupo de ocho expedicionarios emprendió el trayecto que se considera el más difícil de toda la geografía tucumana. Se trata de un cerro ubicado a 4.611 metros de altura sobre el nivel del mar. El Infiernillo, desde la casa de la familia Díaz, ubicada a la altura del kilómetro 85 sobre la ruta 307, fue el punto de partida del grupo. Luego siguieron el camino por una huella que dejan las camionetas cuatro por cuatro y de las motos enduro.

Por momentos el cansancio parece ganarle al cuerpo, pero la unión del grupo, la motivación, las ansias de llegar hacen juntar fuerzas para alcanzar la cumbre. Mariana Torres es abogada y fanática del trekking y las escaladas. Ella no dudó en sumarse al grupo para la expedición en los Valles Calchaquíes. La recompensa en la cumbre es mayor al esfuerzo del trayecto. “Sin lugar a dudas, uno de los desafíos más complejos que tuve, pero la satisfacción fue enorme -describió Maru-, con emociones encontradas, ganas de llorar, de reír, de volverme, de dejar de ascender... en fin, miles de pensamientos pasaron por mi mente, pero continuar fue la mejor decisión... lo que me ha marcado es inexplicable”, agregó.

El ascenso se hizo por el interior de la quebrada hasta llegar a una mesada conocida como La Vega. En ese lugar, ubicado a unos 4.100 metros, los aventureros se maravillaron con el paisaje. Pero llegar a la cumbre implica un gran esfuerzo. José Jiménez, formó parte del grupo y debió enfrentar las dificultades del ascenso por la falta de oxígeno. “Podía ver el cerro; estaba a menos de un kilómetro de hacer cumbre, y me costó hacer esos últimos metros que, si avanzaba un poco más, el cuerpo me iba a hacer sentir el cansancio y estaría obligado a hacer noche para descansar; en ese momento comenzó a cambiar el clima, las nubes estaban cada vez más baja y hubo un descenso de temperatura muy brusco”, recordó.

Según cuentan los aventureros la etapa más difícil del recorrido está en el sector conocido como “Pampa del Sol”. Es una planicie que está rodeada por cuatro cerros de más de 4.500 metros de altura: el Minas Norte, el Minas Sur, el Santa Isabel y El Negrito, que está a uno tres kilómetros. En la parte central se encuentran las lagunas de Huanca Huasi, que tiene agua en algunos meses del año.

Con solidaridad

El espíritu de grupo es fundamental para este tipo de expediciones. José Daniel Fassola dijo que fue una linda experiencia, compartida con gente sencilla, solidaria y bien dispuesta. El otoño y la primavera, estaciones secas, son las mejores para realizar esta expedición. Sin embargo, en verano también se puede hacer, pero las tormentas y la aparición de neblina pueden transformar la caminata en una pesadilla. El mayor inconveniente que deben enfrentar los expedicionarios es el mal agudo de montaña, conocido popularmente como apunamiento, que se produce en lugares donde no hay mucho oxígeno. Los síntomas de este problema son vómitos, dolor de cabeza, mareo y taquicardia, entre otros. Estos efectos se ven disminuidos con una buena hidratación. La expedición al cerro El Negrito no se recomienda para fumadores ni para quienes no cuenten con entrenamiento mínimo. Tampoco para aquellas personas que no se hayan realizado un chequeo médico reciente.

El grupo fue encabezado por Jorge Kristal, experimentado guía de turismo. “Es una experiencia maravillosa para los que se van sumando al grupo -dijo Kristal-; llevó más de 30 subidas a la cumbre: conozco el cerro y le tengo mucho respeto”, resaltó.

La caminata empieza en El Infiernillo y hay que recorrer una distancia aproximada de 12 kilómetros. Llegar a la cumbre implica entre cinco y seis horas, siempre que se mantenga un buen ritmo de subida. En el regreso, el esfuerzo se calcula en un 70% menor del tiempo que se utilizó para ascender. “Todo esfuerzo tiene su recompensa -resaltó Mariana Torres-, motívate, esfuérzate al máximo por lo que quieres y verás que todo llega”, insistió.

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