LA AVENTURA ESPACIAL

Unidos con la esperanza de hallar indicios de vida

Para hoy está previsto el aterrizaje en Marte del módulo Schiaparelli. Una ambiciosa apuesta conjunta entre Rusia y la Agencia Espacial Europea.
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NAVEGANDO EL ESPACIO. El Satélite de Investigación TGO y el módulo espacial Schiaparelli, que debería ingresar hoy a la atmósfera marciana. esa.int  |  Ampliar  (1 de 2 fotos)

Moscú.- La tensión aumenta con cada kilómetro que la sonda de la ESA y Roscosmos se acerca a Marte. La Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos tienen previsto aterrizar por primera vez de forma conjunta en el Planeta Rojo con el módulo de pruebas “Schiaparelli”, que se posará hoy en la superficie marciana.

“Schiaparelli” es parte de la multimillonaria misión ExoMars, con la que se quieren buscar restos de vida en Marte, y llega al planeta vecino después de haber recorrido 500 millones de kilómetros durante siete meses.

“Todo debe funcionar con una precisión de milisegundos”, explica el ingeniero argentino Jorge Vago, uno de los responsables del ambicioso proyecto. “Y nuestras posibilidades de influir son cero”, añade. Los datos de la sonda necesitan diez minutos para llegar de Marte a la Tierra y la maniobra de aterrizaje la controla una computadora. Así que para cuando el centro de control recibiera información sobre hipotéticos problemas, “Schiaparelli” ya sería basura espacial sobre la superficie de Marte.

La ESA ha puesto 1.300 millones de euros (1.440 millones de dólares) en el proyecto y Roscosmos otros 1.000 millones, pero el futuro de ExoMars no está garantizado. La segunda fase del proyecto, que incluirá el aterrizaje de un “rover”, estaba planeada para 2018, pero fue retrasada hasta 2020. Así que la ESA deberá conseguir que sus estados miembros cubran los costes generados por ese retraso, unos 300 millones, explicó Vago a dpa.

También la financiación es un tema delicado para Roscosmos. Ante la fuerte recesión que vive Rusia, el Gobierno recortó en un 30 % del presupuesto para la navegación espacial, aunque Moscú sigue considerando que ExoMars es un importante programa, así como un importante puente entre Rusia y Occidente.

Para el experto ruso Maxim Mokroussov, ExoMars es un prototipo para futuras cooperaciones internacionales. “Los conocimientos y la técnica pueden utilizarse por ejemplo para una misión a la Luna”, apunta. Y es que Roscosmos quiere enviar en los próximos años satélites al satélite de la Tierra y para 2030 incluso astronautas.

Con ExoMars la ESA y Roscosmos están poniendo a prueba su cooperación técnica en muchas áreas. En marzo despegó de la base rusa de Baikonur (Kazajistán) el satélite de investigación TGO (Trace Gas Orbiter) con instrumentos de ambas agencias y el módulo “Schiaparelli”. Este se separará del TGO el próximo domingo, tres días antes de su aterrizaje en Marte.

Entre los objetivos del TGO está buscar en la atmósfera de Marte restos de metano que podrían tener un origen biológico, lo que sería un indicio de la posible existencia de vida en Marte. Pero antes el satélite tendrá por delante una larga maniobra de frenado. Según los planes de la ESA y Roscosmos, hasta finales de 2017 el TGO no alcanzará la órbita deseada para poder emprender su investigación a unos 400 kilómetros sobre Marte.

La parte central de la misión es el “rover” que debería empezar a recorrer el Planeta Rojo en 2020. Su objetivo es buscar restos de vida pasada y para ello podrá perforar hasta dos metros en la superficie, mucho más que los pocos centímetros que taladraron hasta ahora los vehículos enviados en misiones estadounidenses.

¿Por qué es importante ExoMars, el proyecto conjunto de la Agencia Espacial Europea y la rusa Roscosmos?

Además de la esperanza de encontrar indicios de vida en Marte, los investigadores ven un gran potencial de desarrollo técnico en esta misión, siempre que consigan completar con éxito el primer aterrizaje conjunto en Marte de la ESA y Roscosmos. Si los análisis en la superficie tienen éxito, sería “un inmenso salto hacia adelante para una agencia que hasta ahora sobre todo había construido satélites”, dijo el ingeniero argentino Jorge Vago, uno de los responsables del proyecto. Por otro lado, ExoMars es un ejemplo de que la cooperación entre el Este y el Occidente es posible a pesar de las crisis políticas.



¿Cómo se producirá el aterrizaje del módulo “Schiaparelli”?

La secuencia de aterrizaje, controlada por ordenador, comienza a 121 kilómetros del suelo de Marte. Primero se debe reducir rápidamente la velocidad desde los 21.000 kilómetros por hora “mediante la fricción con la atmósfera”, explica Vago.

Tres minutos después, cuando el módulo descienda a 1.700 kilómetros por hora y se encuentra a 11 kilómetros del suelo, se abrirá un gran paracaídas. A un kilómetro de altura el módulo se soltará de él y pondrá en funcionamiento sus motores de frenado y finalmente, a dos metros del suelo, una especie de airbag protegerá al módulo del impacto. Está previsto que el aterrizaje se produzca en la llanura Meridiani Planum, cerca del ecuador. Al contrario que otras sondas, ExoMars no lleva a bordo ninguna cámara científica, así que esta vez no habrá imágenes panorámicas desde el espacio. Pero una especie de webcam que se encuentra en la parte baja del módulo tomará 15 fotos en blanco y negro de la superficie marciana. Hará la primera de ellas a tres kilómetros de altura y las demás en intervalos de 1,5 segundos.

Además, un equipo de investigación estadounidense dirigirá al cielo la cámara del “rover” “Opportunity”, que se encuentra actualmente en Marte, para grabar el descenso de “Schiaparelli”.

¿Cuáles son las probabilidades de encontrar vida en Marte?

No hay garantía de éxito, afirmó el miembro del Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú, Oleg Orlov. “Pero hace un par de millones de años, las condiciones en Marte eran mejores. Puede que ahora no encontremos vida, pero si descubriéramos que hubo vida allí, sería sensacional”, explicó el investigador.

Ya se ha demostrado que existe agua salada en Marte. “El hombre moriría 14 días después de llegar a Marte, pero algunos experimentos demuestran que hay organismos que sobrevivirían 60.000 años”, apuntó Orlov.