El suelo común de la santa y la prostituta

Elisa Cohen habla de su nuevo libro, “Un contrapunto discursivo entre dos mujeres judías”

08 Ago 2016
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CASI FICCIÓN. Elisa Cohen investigó la historia de “las dos Malkas”. la gaceta / foto de analia jaramillo (archivo)

Una, una “santa judía”; la otra, prostituta. Ambas se llamaban “Malka” (reina, en hebreo), y sus tumbas están ubicadas en el Cementerio Israelita de Tucumán, aunque en lugares opuestos. Es ese juego de sintonías y diferencias entre dos mujeres “de la primera mitad del siglo XX” lo que inspiró a Elisa Cohen de Chervonagura para encarar su libro “Eshet Jail” (Un contrapunto discursivo entre dos mujeres judías), que editaron la UNT y el Conicet .

Aunque el libro es una investigación casi arqueológica para la que se sumergió en numerosos archivos (entre ellos el de LA GACETA y los de la A.M.I.A y en testamentos y en testimonios epistolares y de narración oral) las historias de las “dos Malkas” ofrecen la potencia de la mejor ficción; la Malka “santa” lo es aunque en la religión judía no hay santos. Y la trágica historia de la Malka “prostituta” remite al “Zwi Migdal”, esa red de prostitución con proxenetas de origen judío a la que la autora le dedica un capítulo de lectura imperdible, porque sumerge al lector en las tensiones que ya en el temprano siglo XX generó la llamada “trata de blancas” aún al interior de la colectividad judía.

El prólogo es del doctor Raanán Rein, investigador y docente, vicepresidente de la Universidad Hebrea de Tel Aviv, a cargo de Historia Española y Latinoamericana en esa Universidad.

Con 40 años de trayectoria universitaria, profesora de Lengua Española II en la UNT, doctora en Letras, investigadora del Conicet, autora de “La comunidad judía de Tucumán” (entre una docena de títulos) la doctora Cohen centró su principal interés en el estudio de los grupos migratorios judíos desde la perspectica sociocultural y discursiva. Y esa es su “excusa teórica” para presentar las historias de estas dos mujeres que, explica, fueron un desafío para los modelos entonces dominantes.

“Malka Saltz está ubicada a la derecha del lugar (lo diestro como lugar de prestigio). Se la considera una santa, y si bien la religión judía no acepta estas designaciones, no se pudo ir contra el culto popular y la gente se acerca a hacerle pedidos y llevarle exvotos”, explicó Cohen. El “oficio”de Saltz era la preparación de los cadáveres antes de su inhumación, en el Cementerio. Cuando murió, en Santiago del Estero, su cuerpo fue trasladado a Tucumán, y se descubrió que estaba intacto. “Este “milagro” fue el que generó el culto de santidad, que perdura en su tumba llena de ofrendas”, afirmó Cohen.

En cuanto a Abraham, está enterrada a la izquierda del predio (la izquierda como lo siniestro”). “En este caso se trata de una prostituta traída con engaños por los traficantes de mujeres a comienzos del siglo XX que pidió ser enterrada allí a cambio de donar su fortuna a la escuela judía local que estaba en formación. Así, tenemos las dos caras de la moneda, la Jerusalem celestial y la Babilonia pecadora. Dos historias aparentemente alejadas que se conectan en Tucumán”, expresó.

-¿ Cómo tomó en su momento la colectividad judía el caso de Malka Abraham?

- El tema de Malka Abraham, asesinada en 1957, generó una verdadera revolución al interior de la comunidad judía ya que los directivos no sabían si debían aceptarla en el cementerio o no. El rabino de entonces intervino señalando que todos tienen derecho al perdón, pero el presidente de la institución madre, la Sociedad Unión Israelita Tucumána (Kehilá) renunció: no quería que los chicos supieran alguna vez que el dinero tenía un origen repudiable. Así la persona más marginal, que era rechazada por su actividad, logró destituir a otra que tenía uno de los mayores lugares de prestigio y respeto comunitario. Mi trabajo apunta a revalorizar el acto de esta mujer. Me conmovió que, movida por un fuerte espíritu identitario, escribiera su testamento donde señalaba que quería volver a sus orígenes judíos, ya que la comunidad la marginaba por su actividad.

-¿ Y la otra Malka?

- El culto es más misterioso: no hay fotografías ni documentos escritos sobre ella. Solo en la lápida se lee que fue erigida por la Kehilá en 1949. En el caso de Malka Saltz, hay una hibridación de corrientes de religiosidad popular. Y el ritual judío no queda aislado; imita los rituales de Bazán Frías, Pedrito Hallao y otros santos populares.

- ¿Con qué documentación trabajó ?

- En el caso de Malka Abraham, tuve que sumergirme en archivos polvorientos hasta que, casi por casualidad, encontré el expediente penal (a ella la asesinaron) Allí estaban las declaraciones de testigos que la conocieron, fotos de la habitación donde la encontraron, cartas que no había llegado a mandar (escritas en alemán, lo cual indica su cultura) y el nombre del asesino, liberado a los seis meses.

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