Una guía de 10 puntos para el balance

El festival convocó a unas 10.000 personas en las salas, pero su impacto excede a la cantidad de público y se debe evaluar desde lo artístico y lo político.

07 Jun 2016

La Fiesta Nacional del Teatro engalanó durante sus 10 días de duración a las salas más importantes del circuito estatal y privado de la capital tucumana. Según el balance numérico que hizo el titular del Instituto Nacional de Teatro (INT), Marcelo Allasino, en su discurso de cierre en la noche del domingo, hubo 58 funciones de un total de 40 espectáculos, que fueron vistas por 10.000 personas.

Pero las cifras poco aportan a la hora de hablar de un hecho cultural que llegó a la provincia apenas por segunda vez en su larga historia de 31 realizaciones (la anterior vez fue en el lejano 1994). De casi nada sirven las estadísticas cuando lo trascendente es lo que queda como aporte a la formación o registro de los hechos espectaculares. En ese sentido, el balance debe hacerse acerca de lo que se vio y de lo que queda sembrado para el futuro. El siguiente punteo avanza sobre esa línea.

1- En lo estrictamente artístico, el resultado de la Fiesta fue altamente satisfactorio, con un nivel general de las puestas superior en promedio al registrado en la edición realizada el año pasado, en Salta. Lógicamente, los desequilibrios existentes en el desarrollo teatral entre las distintas regiones del país no se corrigen de un festival al siguiente, pero el relevamiento confirmado en esta edición permite reordenar inversiones, orientar capacitaciones y disponer planes de fomento especiales de parte del INT a las zonas donde se evidencian más problemas.

2- Hay una enorme gama de estéticas consolidadas en el universo teatral argentino, que se potencia como uno de los más ricos del continente en este sentido. El abanico de posibilidades escénicas contiene a las diferentes posibilidades expresivas, desde el realismo hasta la danza teatro. La presencia de obras de este último género en Tucumán y surgidas de distintas provincias demuestran un alto grado de fusión entre las formas dramáticas. Eso podría debilitar la pretensión de amplios sectores de tener una Ley Federal de Danza, con la creación de un instituto propio (como lo hay del teatro, la música y el cine) y presupuesto por aparte.

3- El discurso político estuvo presente en numerosas propuestas, sea en forma explícita o implícita, y las frases más festejadas por el público se identifican directamente con un mensaje en contra del perfil del Gobierno nacional. Cuatro hechos y datos a cuenta: en el acto de inauguración, el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, fue silbado y abucheado, expresiones que se repitieron (mucho más suavemente) el domingo cuando su imagen apareció en el video de clausura; los improvisados comentarios sarcásticos en “Bufón”, a cargo de la brillante actriz Julieta Daga, se centraron contra el color amarillo (signo identitario del PRO) mientras que los besos que le envió a las fotos de Juan Domingo Perón y de Eva Duarte (dominan la sala Miguel Ángel Estrella del PJ, donde dio su función) dejaron al descubierto su identidad partidaria, sin reproche alguno de los presentes; en “Orégano”, las mayores risas surgieron cuando el personaje del padre evalúa los pro y los contra de la partida de su esposa y dice “en esta casa no hay nada PRO”; y hubo aplausos cuando en la obra “Todo piola” se mencionó la idea de asesinar al Presidente (luego se aclara que es el de los Estados Unidos). Y son sólo muestras ínfimas de un clima general. También se vieron obras nacidas expresamente de la crisis de 2001 (por ejemplo, “Orégano” y “Las hijas idiotas”), con especial resignificación por el paso del tiempo.

4- Un tema recurrente y siempre crítico fue el horario de comienzo de los espectáculos. La demora en el inicio es un fastidio para el público puntual, pero cuando hay muchas funciones programadas en el mismo día, cada tardanza se acumula con la anterior. Hubo obras que empezaron una hora más tarde de lo previsto. Un caso fue defendido y justificado por el elenco mendocino que puso “Algo de ruido hace”: se esperó hasta el final de la marcha Ni una menos, el viernes, para el inicio.

5- La mujer tuvo un espacio significativo en el festival, tanto como protagonista de la mayoría de las obras (en roles de dramaturgas, directoras o actrices) como eje de la temática teatral, principalmente como víctima de ataques machistas. Incluso, la propuesta que generó el debate más acalorado fue “Blanco”, escrita y protagonizada por Laura Oro. La actriz se hizo cargo también de uno de los desnudos integrales que hubo en la Fiesta, junto al de Carla Di Grazia (“Todo piola”).

6- Las reuniones cerradas de representantes provinciales con Allasino y de los miembros del Consejo de Dirección del INT sirvieron más para el conocimiento interpersonal que para tomar decisiones de fondo. La nueva conducción del ente todavía está tomando el pulso de la situación e implementó cambios que generaron fastidio entre los delegados. También se plantearon críticas desde algunos elencos, sobre todo por los espacios de devoluciones que tenían los periodistas y críticos teatrales al día siguiente de cada función, cuando hubiesen preferido que estén a cargo de especialistas académicos en desmontaje teatral, como sucedió en otras Fiestas.

7- La entrega de reconocimientos a la trayectoria de distintos referentes regionales y nacionales fue el punto más emotivo del encuentro. El mimo tucumano Mauricio Semelman se conmovió visiblemente en el acto, que contó con una alocución conmovedora de Griselda Gambaro, la principal premiada, sobre el sentido íntimo del teatro y su rol como catalizador de posiciones ideológicas.

8- El malestar de los teatristas tucumanos no decrece, aunque se haya bajado el telón. Varias voces en las redes sociales y muchas más en privado manifiestan su decepción por la falta de participación de los artistas locales en distintos aspectos de la organización. La presencia de una treintena de empleados nacionales fue sentida como el desplazamiento de una mano de obra local en momentos de carestía económica. Entre otros argumentos, se alega que los costos de traslado y alojamiento hubiesen bajado sensiblemente con contrataciones locales. También hay molestia por el denunciado centralismo porteño a la hora de programar el festival, con horario central para las provincias con mayor poderío teatral. Al revisar la grilla no se confirma ese planteo en la mayoría de las jornadas. Otro punto de queja es la falta de cupo en los cursos y talleres que se dictaron, con inscripciones que se agotaron a poco de ser abiertas y sin posibilidad de recibir oyentes. Como no todos los anotados concurrieron, hubo plazas vacías y sin cubrir, lo cual fue un desperdicio. Y por último, no hubo funciones en el interior, salvo la “Cantata Calchaquí” en Amaicha.

9- La Fiesta fue tomando calor al tiempo en que fueron pasando las fechas, hasta concluir a sala llena. Sin embargo, en muchas funciones fue más fuerte el aporte de público de los elencos visitantes, con entradas gratis, que del local. El costo de las entradas de $50, si bien es menos de la mitad que lo habitual, hizo que muchos espectadores elijan qué ir a ver. Estar en todas las funciones hubiese implicado una inversión individual de $ 1.350 sólo para los espectáculos oficiales.

10- Hubo quejas reiteradas por problemas de equipamiento en distintas salas que intervinieron en la Fiesta. Los aportes nacionales para sostener los espacios en este aspecto no alcanzaron a cubrir las expectativas, pese a los esfuerzos de los técnicos en encontrar soluciones de último momento.


 
“Orégano”
la disolución social, hija dilecta de 2001
En escena, una familia tipo en un contexto humilde del Gran Buenos Aires, lugar de origen de la obra “Orégano”. Sólo que no tiene nada de normal: la hija le reclama a sus progenitores que son dos monstruos que le arruinaron la vida; su madre la amenaza con una pistola 9 milímetros; el padre (desempleado como carnicero) está postrado en una silla de ruedas, y el hijo temeroso vive debajo de una mesa. Presentada como una comedia de humor grotesco y absurdo, el texto, la puesta y las actuaciones apuntan a derrumbar las instituciones, sea el Estado, la familia, la religión o los medios. La pretendida emancipación del hijo varón, con una identidad sexual en conflicto, nunca se concreta; los que se van son los padres, con la carga simbólica que encierra el ser huérfano en todo sentido. Los que se quedan (el que vivía escondido y la que enfrentaba cara a cara a sus progenitores) tienen la misión de reconstruir el entramado comunitario y afectivo. La obra escrita por Sergio Lobo, consecuencia directa de la crisis política y social de 2001, se ambienta en un logrado clima amargado y triste, con violencia latente (a veces explícita) en el que “lo que importa es el fracaso”, como dijo uno de sus personajes en la fría noche del domingo de la despedida de la Fiesta Nacional del Teatro. Las parejas actuaciones de Juan Garrido, Marianela Bucafusco, José Ponce y Selva Jiménez responden a lo pautado por el director Esteban Bresolin, en su propuesta de teatro político.
 
“ADN-algo de nosotros”
un cierre espectacular
El origen del teatro argentino estuvo vinculado con el circo criollo, donde luego de números clásicos de acrobacia se pasaba a una representación escénica de algún texto gauchesco. Pasó tiempo hasta que la academia reconoció el tránsito de la pista al escenario, que ahora se fusiona en las obras del llamado nuevo circo, donde los cuerpos y las asombrosas destrezas físicas de los artistas toman por asalto el lugar deslumbrante que antes ocupaban los actos con animales. Un ejemplo acabado de esta estética es “ADN-Algo De Nosotros”, acertadamente elegida para el cierre de la Fiesta Nacional del Teatro, en el último turno del domingo, que cautivó al público que colmó el teatro San Martín y la despidió con una ovación. Gerardo Hochman (no vino a Tucumán) acumuló todas las funciones centrales de la puesta: director, dramaturgo e iluminador de una historia con pinceladas de humor, que describe casi sin palabras la naturaleza misma del hombre con imágenes trabajadas con los cuerpos sobre los cromosomas; la evolución de la especie desde los primates originales; la estructuración de las relaciones interpersonales; la necesidad del amor correspondido; la búsqueda de respuestas a las preguntas básicas (hiladas por intervenciones vocales de los protagonistas, que evidenciaron con ellas que son mucho mejores bailarines que oradores) y la necesidad de confiar en el otro para construir un espacio colectivo. Algún desnivel dramático entre los cuadros no desmerece el conjunto de la idea.

 “Orégano”
la disolución social, hija dilecta de 2001


En escena, una familia tipo en un contexto humilde del Gran Buenos Aires, lugar de origen de la obra “Orégano”. Sólo que no tiene nada de normal: la hija le reclama a sus progenitores que son dos monstruos que le arruinaron la vida; su madre la amenaza con una pistola 9 milímetros; el padre (desempleado como carnicero) está postrado en una silla de ruedas, y el hijo temeroso vive debajo de una mesa. Presentada como una comedia de humor grotesco y absurdo, el texto, la puesta y las actuaciones apuntan a derrumbar las instituciones, sea el Estado, la familia, la religión o los medios. La pretendida emancipación del hijo varón, con una identidad sexual en conflicto, nunca se concreta; los que se van son los padres, con la carga simbólica que encierra el ser huérfano en todo sentido. Los que se quedan (el que vivía escondido y la que enfrentaba cara a cara a sus progenitores) tienen la misión de reconstruir el entramado comunitario y afectivo. La obra escrita por Sergio Lobo, consecuencia directa de la crisis política y social de 2001, se ambienta en un logrado clima amargado y triste, con violencia latente (a veces explícita) en el que “lo que importa es el fracaso”, como dijo uno de sus personajes en la fría noche del domingo de la despedida de la Fiesta Nacional del Teatro. Las parejas actuaciones de Juan Garrido, Marianela Bucafusco, José Ponce y Selva Jiménez responden a lo pautado por el director Esteban Bresolin, en su propuesta de teatro político. 

“ADN-algo de nosotros”
Un cierre espectacular


El origen del teatro argentino estuvo vinculado con el circo criollo, donde luego de números clásicos de acrobacia se pasaba a una representación escénica de algún texto gauchesco. Pasó tiempo hasta que la academia reconoció el tránsito de la pista al escenario, que ahora se fusiona en las obras del llamado nuevo circo, donde los cuerpos y las asombrosas destrezas físicas de los artistas toman por asalto el lugar deslumbrante que antes ocupaban los actos con animales. Un ejemplo acabado de esta estética es “ADN-Algo De Nosotros”, acertadamente elegida para el cierre de la Fiesta Nacional del Teatro, en el último turno del domingo, que cautivó al público que colmó el teatro San Martín y la despidió con una ovación. Gerardo Hochman (no vino a Tucumán) acumuló todas las funciones centrales de la puesta: director, dramaturgo e iluminador de una historia con pinceladas de humor, que describe casi sin palabras la naturaleza misma del hombre con imágenes trabajadas con los cuerpos sobre los cromosomas; la evolución de la especie desde los primates originales; la estructuración de las relaciones interpersonales; la necesidad del amor correspondido; la búsqueda de respuestas a las preguntas básicas (hiladas por intervenciones vocales de los protagonistas, que evidenciaron con ellas que son mucho mejores bailarines que oradores) y la necesidad de confiar en el otro para construir un espacio colectivo. Algún desnivel dramático entre los cuadros no desmerece el conjunto de la idea.

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