Un viaje por el tiempo con forma de homenaje

25 May 2016 15

BUENO

GÉNERO: clásico - pop barroco. DURACIÓN: 54 minutos. SELLO: Universal Music Canadá.


Para quienes habían perdido el rastro de Rufus Wainwright desde sus grandes participaciones en bandas sonoras de películas (”The makers make” en “Secreto en la montaña”, “Allelujah” en “Sherk” y “Across the universe” en “I am Sam”, por nombrar las más conocidas), es una gran sorpresa encontrarse con que el artista neoyorkino se alejó del pop para sumergirse en nada menos que la ópera. “Take all my loves: 9 Shakespeare sonnets”, el homenaje del cantautor para el escritor de “Romeo y Julieta” en el aniversario 400 de su muerte, muestra un crecimiento y un cambio en el músico que, más allá de los gustos, se merece un aplauso.

Como anticipa el título del disco, Wainwright escogió nueve obras de Shakespeare para musicalizar, algunas de las cuales ya había grabado con anterioridad, pero en versiones distintas. La mayoría de los sonetos se dividen en dos temas: una versión recitada, con música de fondo y después una canción, que en gran parte de los casos es una aria (la BBC Symphony Orchesta acompaña a Wainwright en estos temas). Otros géneros que aparecen en el disco son el pop, el rock y la electrónica, pero en momentos fugaces. Tampoco es protagonista la voz de Wainwright, que sólo aparece en tres de los 16 temas como principal. La voz que sí se destaca en el disco es la de la soprano de 32 años Anna Prohaska, quien entona las arias más hermosas de esta producción. Entre los varios invitados a participar, también aparecen la actriz Helena Bonham Carter y la hermana de Rufus, Martha Wainwrigth, en el tema más “rockero” del disco: “Unperfect actor”. Florence Welch (la cantante de Florence and The Machine) hace su aporte en “When in disgrace with fortune and men´s eyes”. El pop, y el Rufus Wainwright que conocíamos, se dejan escuchar sobre todo en “Take all my loves” y en “A woman´s face - reprise”, dos hermosos temas que dan un respiro a un trabajo que suena por momentos demasiado barroco.

Aunque este cambio de rumbo pueda sorprender a los desprevenidos, no es la primera vez que el artista neoyorquino compone ópera. El año pasado estrenó “Prima Donna”, la primera ópera del cantautor, que ya presentó en el teatro Colón. Y por si todavía dudábamos si su paso por el complejo género era momentáneo, Wainwright ya está pensando en la siguiente, “Adriano”.

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